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sábado, 14 de diciembre de 2013

"Aventuras en Silicom Valley" (2011)


 Título: "Aventuras en Silicom Valley"
Fecha: 2011 (revisión en 2013)
Autor: E.V.Pita

Texto original y actualizado en: 
 http://evpitabooks.blogspot.com/2013/12/aventuras-en-silicom-valley-2011.html

Sinopsis: Dos emprendedores expertos en Matemática emigran a Silicom Valley en busca de fortuna. Así descubren un método para predecir secuencias probabilísticas y el FBI los contrata para una misión especial: descubrir los trucos de los casinos de Las Vegas. Pero hackers que trabajan para un gran emporio de ocio los descubre y todo se complica. Tendrán de huir hacia una reserva de los navajos en el Gran Cañón perseguidos por un helicóptero.

Junio del 2014. Aeropuerto de San Francisco. Una pasajera de unos 25 años tira ágil de una maleta de ruedas hacia un vagón monorraíl que la transporta a la terminal de donde parte el Metro hacia la ciudad. Las vistas nocturnas de la bahía habían sido increíbles, todo lleno de luces y la pirámide América sobresaliendo. Sentada y con la cabeza apoyada en la ventanilla del vagón sin conductor, su vista se pierde mientras detiene su mirada en la arquitectura hiperbólica del aeropuerto. Rápidamente, calcula el grado de las rampas circulares que rodean la plaza central e instintivamente mira hacia el foco de la elipse, en unos pilares. Defecto de profesión. La voz rockera de Shakira que oye en sus cascos de color rosa la desconcentra y, súbitamente, siente un pitido en el bolsillo de su chaquela. Es un mensaje de WhatsApp: "Terminal 3. La siguiente parada". La joven consulta la hora de su teléfono móvil, un iPhone 5S, y el planillo de horarios pegado a la pared del vagón. Efectivamente, se encuentra en el sitio concertado en el momento concertado. Cuando se abren las puertas automáticas, le sonríe desde el andén otro joven. Podría tener 28 años y 3 meses, calcula. Iba vestido con traje de comercial que le sentaba realmente mal.
- ¿Sofía Henderbauer?- le lanzó la mano el hombre que la esperaba en el andén.
-Encantada, supongo que eres Rogelio Piñones. ¿Siempre impresionas a los visitantes con los horarios del monorraíl?
El joven sonrió, carraspeó y tomó la maleta de la forastera.
-Llámame Roger, suena más americano.Vamos un poco apurados porque el Metro cerrará dentro de unos minutos. Aún nos queda un largo camino hasta la estación central de San Francisco y allí tomaremos el último tren a Palo Alto.
La joven dudó.
-Oye, Royer, creí que nos venían a recoger en furgoneta o limusine.
-Una hora de viaje sale por más de 100 pavos, el billete de Metro y tren, no pasa de 17 dólares. Yo tengo bono y me sale gratis. Le sacaré un billete en la máquina canceladora. Ya sé que no es un recibimiento de glamour, es lo que hay. Nos espera mucho trabajo.
Rogelo introdujo un billete de 10 dólares, marcó 3 zonas y le entregó el pase a su compañera.
Oyó el ruido del frenazo de los vagones del metro y la apuró mientras corría por las escaleras mecánicas que conducian al andén.
-Ya está aquí. Vamos justos.
En el andén, varios pasajeros accedían a los vagones. En su mayoría eran ejecutivos que caminaban mientras consultaban su móvil, pero también trabajadores de los comercios del aeropuerto agotados de a dura jornada y algún indigente que deambulaba con cascos de música.
-Abriré el portátil y te explicaré un poco en qué consiste nuestro trabajo. ¿Es la primera vez que visitas Silicon Valley?
-Pues sí, me imagino que será un polígono industrial.
-Es algo más que eso. Tiene universidades, campus, edificios de grandes empresas como Oracle o Google, Yahoo o Facebook e incluso un hospital y una ciudad, San José. 
Las puertas se cerraron y el vagón arrancó.

(continuará)

Resumen de los próximos capítulos:

Dos contables especializados en matemáticas viajan a San Francisco para poner una empresa de garaje en Silicon Valley. Se apuntan a un curso en Stanford y Berkeley para usar la potencia de sus ordenadores para poner en práctica su proyecto de un nuevo logaritmo matemático de predicciones. Tras pasar un fin de semana en Yosemite Park tienen la idea de poner en práctica su logaritmo en Las Vegas. Pasan por varios casinos y vacían las tragaperras hasta que en uno ganan un montón de dinero. Unos mafiosos intentan quitarles las ganancias pero ellos huyen en el tren monorraíl hasta el aeropuerto de Las Vegas. Como se retrasa su vuelo, alquilan un coche y huyen hacia el Gran Cañón, donde los persigue un helicóptero y tienen que huir precipicio abajo hasta la noche, en medio de un espectacular atardecer. A la mañana siguiente, toman el coche y huyen hacia Winsloch perseguidos por camiones y motoristas. Se enteran de que un familiar que sabe mucho de matemáticas y el logaritmo está secuestrado en Los Ángeles y emprenden la búsqueda en la gran ciudad.

viernes, 20 de septiembre de 2013

"La fábula del árbol" (2011)

LA FÁBULA DEL ARBOL

Autor: E.V.Pita (enero de 2011)

Texto original en:
http://evpitabooks.blogspot.com/2013/09/la-fabula-del-arbol-2011.html

Un buen día, las raíces del árbol Quercus toparon con una sustancia que no era blanda como todo lo que le rodeaba. Esa sustancia parecía dura como una piedra y las raíces intentaron vadearla sin éxito. Parecía no tener fin hacia los lados pero las raíces pronto lograron abrazar el contorno de lo que parecía ser una extraña roca. Lo más curioso es que los pelillos de las raíces detectaban unas vibraciones, una especie de fluir. También pudieron crecer dentro de esa superficie que aunque parecía dura, sin embargo, estaba formada por polvillos compactados. Nadie sabe cuanto pasó hasta que las raíces lograron abrir una minúscula brecha en la Roca, lo suficiente para que los poros de las raíces detectasen gotas de un líquido que fue absorvido hacia el tronco y que generó un bienestar en toda la planta. Poco a poco, las raíces se acercaron al manantial de agua que fluía de aquella extraña roca que parecía no tener fin.

La sorpresa llegó cuando las raíces del Quercus se toparon con otras raíces que no eran las suyas y que obviamente habían sido atraídas por la humedad y por las vibraciones de aquella agua que fluía en el interior de la extraña roca-tronco. Puesto que el líquido parecía inagotable las raíces del Otro no molestaron.

Las hojas del árbol Quercus habían detectado moléculas en el aire que contenían mensajes. Si llegaban muchas de esas moléculas a la vez, las hojas se doblaban porque se avecinaba una corriente de aire. Cuantas más llegasen, más soplaría el viento. La cosa se ponía fea si esas moléculas venían acompañadas de vapores y microgotas de agua, ya que poco después, las ramas eran agitadas y zarandeadas y algunas llegaban a quebrar. A cambio, la sustancia blanda que cubría las raíces recibía un aporte extra de ese líquido que tanto buscaban las raíces. Las hojas también absorbían partículas de un gas cada vez más abundante y que el Quercus necesitaba para sintetizar energía. Era abundante, cada vez más, y lo expulsaba cuando desaparecía el calor y llegaba el frío.

El calor era bueno y las hojas lo buscaban. No siempre había calor, unas veces sí, hasta el punto de que brotaban de las ramas, las yemas y las flores. Pero otras veces, la humedad, el frío y el viento parecían no tener fin y las hojas caían porque llevaban mucho tiempo sin detectar calor y ya no transmitían energía al resto del árbol. Si pasaba mucho tiempo con frío, el tronco detectaba pesos extraños en su capa más orientada al frío. Sabía que esas "cosas" tenían raíces, lo que le inquietaba, pero, al menos, solo crecían en el lado frío. Por suerte, la mayor parte del tronco y las ramas recibía calor mucho tiempo seguido, más que frío. Hacía tiempo que el árbol se había adaptado a aquellos ciclos: un ciclo pequeño de frío-calor-mucho calor-calor-frío-mucho frío y otro ciclo mayor de muchos ciclos pequeños y extremadamente fríos - muchos ciclos pequeños calurosos y muy calurosos, cuando brotaban yemas y flores, y muchos ciclos templados y húmedos, en los que caían las hojas y las ramas pesaban más. Y así, muchas veces.

Las hojas y ramas del Quercus hacía tiempo que habían detectado la presencia de "Otros" y eso le estresaba porque no sabía si había suficientes nutrientes ni líquidos para todos. Sentía estrés cuando sus hojas se quedaban impregnadas de unas moléculas que flotaban en el aire justo antes que las ramas fueran zarandeadas por una extraña fuerza, se moviesen o quebrasen. Otras moléculas eran "veneno" contra los comedores de hojas. Sabía que había comedores de hojas porque hacía calor pero el peso de las ramas era menor. "Algo" estaba aliviando el peso de las hojas justo cuando eran más necesarias para recoger el calor. Poco después de detectar esa sustancia, los "comedores" desaparecían y las hojas volvían a enviar energía como siempre. Había otra prueba definitiva de que realmente no estaba solo. Cuando llegaba el ciclo grande de calor, liberaba una pelusilla.

Pero el viento traía más, mucha más, ingentes cantidades que daban sombra a las hojas, lo que siempre constituía un imprevisto. Esa inmensidad de pelusilla solo podía proceder de los "otros" que, por lo visto, eran muchos y todos, como él, situados en la misma dirección. Otra prueba era la sombra, en mitad de un ciclo de calor, que perturbaba a las hojas, que no recibían suficiente energía. Eso significaba que había "Otros" no solo en su mismo camino sino en frente. A veces, las ramas eran agitadas por el viento que llegaba del lado más caliente, que también arrastraba pelusillas o moléculas con mensajes de que el calor iba a dejar paso al frío.

La prueba final de que existían "otros" la obtuvo el árbol cuando sus raíces chocaron con las de otro árbol, también atraído por la humedad de la roca-manantial gigante. Por suerte, no tenían que pelear por los nutrientes porque estaban separados a la misma distancia, como comprobó. A través de las moléculas-mensaje, el Quercus pudo hacerse una idea de cómo era el mundo que le rodeaba. El "otro" árbol le confirmó que existían más como ellos y todos a suficiente distancia para tener nutrientes suficientes. Era una buena noticia.

El Quercus bajó sus niveles de estrés. Tenía pruebas de que vivía en el mejor de los mundos posibles. Tanto él como sus congéneres, posiblemente cientos, estaban separados a la misma distancia, lo que les permitía tener los nutrientes necesarios para absorber y sobrevivir al ciclo largo de mucho frío. Si estuviesen más cerca, sus raíces se enredarían unas con otras en busca de minerales y agua. Si estuviesen más alejados, no podrían hacer frente a los vendavales y sus troncos quebrarían.

También se sintió aliviado cuando se dio cuenta de que él y los "otros" estaban orientados de la forma que podían aprovechar más calor. Si hubiesen crecido con las ramas al mismo lado donde crece el musgo y las setas en el tronco, el más húmedo y frío, tendría menos calor y mucho más frío. Sus hojas no lo resistirían.

No solo eso, sino que ellos estaban orientados en el mismo sentido que la extraña roca-lombriz que llevaba agua dentro y que, conveniente agujereada, les brindaba todo el agua que necesitaban. Era increíble tanta suerte.

Además, estaban en una posición que era la mejor para recoger esos gases para inhalar cuando hace calor. Con tanta fortuna, que escaseaban cuando llegaba el frío, pero entonces, lo que necesitaba era otro gas para quemar energías.

El Quercus, entonces, se inquietó y se preguntó si tanta suerte era fruto de la casualidad. Podía haber ocurrido que aquellos árboles que creciesen mal orientados o demasiado juntos, se secarían por falta de nutrientes o por frío. Así, solo sobrevivían los más aptos para recoger el agua. Quizás, sus primeros congéneres, fueron quebradizos troncos que surgieron de la nada y crecieron en un caótico bosque y, tras miles de generaciones, el viejo bosque quedó reordenado en dos líneas rectas y orientadas siempre hacia el calor. Y no hacía falta un mecanismo especial, solo el azar y la necesidad. Aquello parecía más razonable que pensar que toda su existencia estuviese "diseñada" para crecer más y más, nutrirse exactamente lo necesario, orientado para recibir la mayor dosis posible de calor.

Y lo más sorprendente es que no solo ocurría con su fila de congéneres sino que, probablemente, con la que estaba en frente, separados por una extraña sustancia que desprendía partículas pegajosas, y cuya existencia presentía a través de las sombras que quitaban el sol a sus hojas. Todos, exactamente, colocados en otra fila y separados a la misma distancia.

Parecía todo tan perfecto, como si existiese un diseño previo, como si una Madre de los Árboles tuviese la capacidad de plantarlos en las mejores condiciones posibles, algo que deberían agradecer y loar. Pero si existiese tal "plan", ¿qué sentido tenía que todos sus congéneres estuviesen colocados en dos filas rectas, orientadas al calor y separados por, exactamente, la distancia necesaria para sobrevivir? Solo un árbol, con poderes extraordinarios, podría haber diseñado un mundo tan perfecto.

Un día, sus hojas detectaron unas emisiones muy altas del gas diurno carbónico. Luego, sus ramas se vieron azotadas por un viento o unas vibraciones y el suelo pareció arrancarse. Sintió flotar en el aire numerosas moléculas que advertían de "peligro" y sintió como las raíces de su árbol vecino eran arrastradas desde la roca-lombriz hacia fuera. Otras vibraciones lanzaron virutas de madera hacia las hojas, lo que hizo estresarse todavía más al árbol.

Pasados unos ciclos, el Quercus tuvo la certeza de que el "otro" había desaparecido porque el viento le azotaba con fuerza: ahora tenía el doble de nutrientes pero la grieta había sido taponada misteriosamente y ya no podía encontrar más agua. ¿Cómo podía la Madre de los Árboles explicar esa imperfección en un mundo tan perfecto? ¿O es que había algo más, algo que se le escapaba a sus sentidos?


Autor: E.V.Pita (enero de 2011)

Texto original en: http://evpitabooks.blogspot.com/2013/09/la-fabula-del-arbol-2011.html


jueves, 4 de noviembre de 2010

De mochilazo a Sevilla (E.V.Pita, 2006)

DE MOCHILAZO A SEVILLA

Ver el texto original y actualizado en:
http://evpitabooks.blogspot.com/2010/11/de-mochilazo-sevilla-evpita-2006.html

Autor: E.V.Pita (2006)

Me llamo María. Trabajo en una oficina en Uruguay, cerca del Mar de Plata, y siempre he soñado con ir de mochilazo, cruzar el charco y visitar Sevilla. Ir a Andalucía fue desde niña mi mayor ilusión. Siempre soñé con pasear en carromato por las calles cercanas a la torre de la Giralda o bailar flamenco en un "tablao" acompañada de guitarristas que daban taconazos en el suelo. Pero yo sola no me atrevía.

El problema no era el precio del viaje pues había ahorrado varios años para poder comprar el billete de avión. Tenía miedo de explorar un país extranjero, aunque me animó el hecho de que allí hablan el mismo idioma. En una agencia vi un cartel con una oferta y me di cuenta de que esa era mi oportunidad. Sabía que o lo hacía ahora o no lo haría nunca. Le comenté la idea a mi amiga Anastasia y se entusiasmó con el plan. Miramos por Internet y supimos que el billete de tren Eurail nos permitiría viajar por toda España. Así que hicimos nuevos proyectos: después de visitar Sevilla, tomaríamos un tren veloz AVE para ver la mezquita de Córdoba.


También queríamos visitar la Alhambra de Granada y luego descansar en las playas de Marbella. El miedo se me había pasado y estaba tan contenta que sólo pensaba en hacer las maletas y partir de inmediato. Ese año, mi jefe me cambió el mes de vacaciones...

El misterio de la pirámide maya (E.V.Pita, 2006)

EL MISTERIO DE LA PIRÁMIDE MAYA

El texto original y actualizado del relato corto está en:
http://evpitabooks.blogspot.com/2010/11/el-misterio-de-la-piramide-maya-evpita.html

Autor: E.V.Pita (2006)

Mi luna de miel a los volcanes y las selvas cercanas al mar Caribe tuvo muchas anécdotas. Todas están grabadas en vídeo e invito a mis amigos a verlas en el nuevo televisor de pantalla plana que me he comprado. Pero la aventura más cómica ocurrió en una misteriosa pirámide amerindia situada en el montículo de una montaña cubierta por la niebla. El guía caminaba hacia el templo con su mula cuando el animal tropezó. Los turistas ayudamos a levantar al equino, que no paraba de rebuznar y dar coces.

En medio de la confusión, una viajera que era arqueóloga y yo nos percatamos de que, sobre la tierra, asomaba una esquina metálica. Ambos sospechamos que podía tratarse de un tesoro repleto de figuras y joyas de oro de El Dorado. Así que la arqueóloga me propuso guardar silencio. Si volvíamos por la noche, sin que nadie se enterase, y excavábamos el arcón podríamos hacernos ricos. Pensé en la gran sorpresa que le daría a mi mujer. La cubriría de brazaletes y collares.

Esa noche, en el hotel, me excusé ante mi esposa porque estaba un poco mareado y necesitaba tomar el aire.
Una vez en la pirámide, la arqueóloga y yo desenterramos el baúl a toda prisa. Pero el botín resultó ser decepcionante: sólo contenía un puñado de monedas de oro... romanas. En el reverso aparecía el rostro de un emperador llamado Claudius. En otra pieza, se leía Julius Caesar. Era un fiasco, pues las tiendas de antigüedades de Italia vendían piezas similares por precios irrisorios. Pero la arqueóloga saltaba de alegría y gritaba "¡Eureka!". Ella tenía la prueba de que navegantes de la Antigua Roma habían llegado en sus galeras de remos hasta las costas de América quince siglos antes que Cristóbal Colón. ¡Era el mayor hallazgo de la arqueología! Nos abrazamos llenos de entusiasmo.

Justo en el momento de mayor éxito, apareció mi esposa, acompañada de la policía. Se había alarmado por mi tardanza y al oír gritos en la selva avisó a los guardias. Al verme con aquella turista, interpretó que nos veíamos a escondidas y se llevó un gran disgusto con aquel malentendido. Estaba tan enojada que tardó varios días en acudir a pagar la fianza y sacarme de la cárcel. La policía me había acusado del delito de expoliador del patrimonio histórico. La arqueóloga también perdió sus minutos de gloria: su revolucionaria teoría se vino abajo. Resulta que el abogado de un turista inglés, un tal John Silver, gran aficionado a la numismática, telefoneó a la comisaría para reclamar las monedas de su colección. Había extraviado su baúl unos años antes durante un fuerte huracán que movió ríos de barro en la zona. La niebla había dificultado la búsqueda y Silver había dado por perdidas para siempre sus monedas. Aparecieron casi todas.

Tuve que comprar rosas durante un mes a mi mujer. Para el que no me crea, le puedo mostrar una de las piezas de oro que, por casualidad, quedó olvidada en mi bolsillo.

Autobús hacia el Sur (E.V.Pita, 2006)

Relato corto

Título: Autobús hacia el Sur

Autor: E.V.Pita (2006)

Ver texto original y actualizado en:
http://evpitabooks.blogspot.com/2010/11/autobus-hacia-el-sur-evpita-2006.html

Volver a Valparaíso me emocionó. Fue una alegría volver a oír a las gaviotas o sentir el penetrante olor de guano. Lo primero que quise hacer fue subir de nuevo en el viejo ascensor Reina Victoria que comunica con el barrio de cerro Concepción. También busqué un mirador para divisar desde lo alto las viejas casas de colores del puerto. Incluso aspiré el suave olor del pescado fresco de los mercadillos.

La comida es mi debilidad y como estudiante en el extranjero he tenido que tragar cuanto me cupiese en el estómago por un puñado de monedas. Me acuerdo de una vez que un amigo llamado Antonio, un compañero de clase que vivía en Tijuana, me invitó a pasar un fin de semana en su casa. Así podríamos repasar unos ejercicios de ingeniería.

Tomamos un autobús de Greyhound en San Diego y recorrimos la desértica carretera de California hasta la frontera. El viaje me abrió el apetito y, sobre todo, me dio mucha sed. Me impresionó ver el río seco y una gran bandera mexicana ondeando sobre la ciudad de casas bajas blancas. Mi amigo vivía en la mejor zona, donde los turistas pasean de la mano, se fotografían subidos a un burro o comen en restaurantes. Eso me hizo la boca agua. Mi compañero puso el mantel en la mesa canturreando, y sacó unos "burritos" del congelador, que calentó en el microondas en dos minutos. "¡Típica comida mexicana!", alardeó mi amigo mientras sacaba unos nachos secos, salsa de tabasco y otros picantes. Poco convencido mordisqueé el "burrito" congelado.

No hace falta ser un chef de alta cocina como Adrián Ferrer o El Bulli para percatarse de que la masa de la tortita estaba cruda y los mini-trozos de carne parecían pedazos de plástico. Fuese lo que fuese aquella especialidad de Tex Mex, mi paladar rechazó aquel ladrillo que sabía a rayos. "¿No te gusta? Lo compré por el camino, en una tienda 24 horas. No sabía que el señorito fuese tan sibarita", se excusó mi amigo mientras se atusaba el bigote. "Detesto la comida basura", protesté. La cosa no hubiera ido a más sino ocurriese que la salsa resultó tan picante que sentí cómo me ardían las cejas. Al final, bajamos a la calle y compramos unas mazorcas asadas de maíz a un vendedor callejero. Y hubiese aceptado un buen plato de fríjoles refritos, tortillas y guacamoles.

Palabras mágicas en el desierto (E.V.Pita, 2006)

Microrrelato
PALABRAS MÁGICAS EN EL DESIERTO

Autor: E.V.Pita

El texto del relato original y actualizado está en el link:
http://evpitabooks.blogspot.com/2010/11/palabras-m.html

-Stazione Centrale di Milano. Attenzione, Il treno arrivara nil binario due.

En verdad que, cuando me siento solo, recreo en mi mente la megafonía de la estación de Milán. Es como la señal para volver a casa. El binario due es como esa habitación acomodada a tu gusto que sirve, según los psicólogos, para aislarte del mundo, para tranquilizarte o relajarte. Viene a ser algo así como un refugio mental, un colchón.

En Italia siempre te sentías bien, como en tu hogar. Después de pasar penurias en culturas extrañas, Italia era como la antesala de mi hogar. Cando quería hacer un chiste imitaba aquel altavoz y repetía la gracia para mí mismo. Il binario due...Es la misteriosa medicina mágica de las palabras. ¡Qué recuerdos! Ella y yo mirábamos de pie por la ventana del vagón mientras cruzábamos a gran velocidad el túnel de Génova. Nos sonreímos mientras ajustábamos las mochilas a los hombres. Milán... volvíamos a casa. Allí estaba la Stazione Centrale y el Binario Due, la plataforma 2. Y allí, en el andén, fue donde esperé de pie, camino de Roma.
Un salto en el tiempo y en la distancia me lleva a otro recuerdo agradable. Suenan en mi cabeza otras mágicas palabras.
-Ou la gare du train, s.v.p.?"-pregunté desesperado por la estación.

Lo hice en un francés macarrónico a unos muchachos que cargaban con la bici sobre su espalda. Yo recorría angustiado las laberínticas calles de Fez, dentro de las murallas de la Ciudad Imperial. Las agujas del reloj corrían y cada vez me entraba más prisa. Había salido de la haima cuando estaba oscureciendo, sólo iluminado por la luna llena. Me marché a pie con la mochila a cuestas y muerto de miedo, no fuera a ser que unos atracadores me diesen un palo. Me bañé en sudor al perderme en un cruce de tráfico que non iba a ningún lado. Y el plano estaba al revés o yo lo veía ya todo enrevesado. A gare du train, una frase que retornó a mí y que recordó la primera vez que me apeé en la Gare d'Austerlizt, la dinámica estación parisina del Sur. Era la misma sensación que Victoria Station. Miles de viajeros de corbata y maletín se metían a toda prisa en un hormiguero llamado Tube. Un espectáculo sólo comparable a la primera imagen del Metro de Madrid, con cientos de usuarios subiendo al unísono las escaleras de la plataforma de la línea azul, la 2, de Puerta de Sol.

-Tout droit! Tout droit!.

Todo recto, hasta llegar a la Nouvelle Ville. Tout droit era otra de esas frases mágicas que oyes por el mundo y que quedan grabadas para siempre. Tenía un sonido que evocaba la eficiencia, la inmediatez, de llegar al destino sin demora ni obstáculos. No había que pensar. Y allí fui, tan rápido como pude. Esta noche debía tomar el tren hacia Marrakest costase lo que costase. Ella estaba allí y, se suponía, me esperaba.

-Un juice d'orange, s.v.p.

Otra frase relajante que evoca los cafés de Marrakest. En las puertas del Sahara -los beréberes dicen Sara- no hay nada mejor que beber un zumo de naranja, sentado en una mesa de la haima después de recorrer un kilómetro de dunas para asistir, muy temprano, al amanecer en el desierto de arena, en la frontera con Argelia. El sol sólo es una tenue luz en el Oeste que asoma por las nubes que perpetuamente -los nómadas dicen que una vez en los últimos siete años- cubren el desierto. Las minúsculas gotas que flotan sobre la arena son lo más asombroso, más que las extrañas criaturas que lo pueblan. Escarabajos peloteros de tamaño gigante pasean indiferentes a tu lado por el medio de la haima mientras tomas un chá (un té) hirviendo -siempre el chá- o una botella de Coca-Cola de tamaño familiar. Los chubascos en el desierto o en las khasbas de barro cocido evocan otro paraíso que altera las leyes de la Física tal y como las conocemos. Es un mundo al revés en el que no hay respiro.

Veo como la lluvia moja la tierra árida y, de fondo, evoco unas casas de barro borrosas, ocultas por el vapor de mi aliento y la caída de la noche. Del frío. Pero ahora me hallaba pidiendo un juice d'orange en la cafetería próxima a la rotonda de la estación. Un aperitivo antes del viaje. Allí había otros mochileros que, seguramente, también aguardaban por la llegada del Expreso a Marrakest, con trasbordo en Casablanca. Los turistas estaban de tertulia alrededor de su mesa, con su Coca-Cola de botella de cristal de medio litro y su juice d'orange. El reloj que presidía la barra del bar marcaba las 23.00 horas, casi a medianoche.

Aunque que los mochileros se regían por la hora europea, por lo que para ellos ya era la una de la madrugada. Alguno de aquellos jóvenes cayó en redondo en la mesa, vencido por el sueño. El resto seguía de charla hablando de sus aventuras. Al poco, se acercaron a aquella mesa unos tipos altos, que resultaron ser viajeros de Polonia, acompañados de un joven español. Este último lucía un sombrero de ala que le daba un aire de explorador, mezcla de Indiana Jones y Lawrence de Arabia. Un paño protegía su cuello de las asperezas del desierto y, curiosamente, cargaba con una maleta de hotel como si aquello fuese una avenida parisina. Relató su visita a una vieja ciudad perdida.

-Volúbilis. Otra palabra que me hace recordar lo exótico. La ciudad romana de los mosaicos fue construida hace dos mil años a las puertas de la cordillera del Atlas y del desierto del Shara, como los beduinos lo pronuncian. El mochilero, con pinta de profesor de arqueología y aventurero, relató en aquel bar de Fez sobre la misteriosa ciudad latina enclavada en un fértil valle, que también atrapó a los colonizadores franceses. Dominada por el arco del triunfo de Trajano, aquella urbe perdida en el Norte de África evocaba un nostálgico pasado como suministrador oficial de animales salvajes al Circo de Roma.

Cuando caminabas sobre las baldosas de la vía más céntrica de Volúbilis no podías sino admirar la disposición de las tiendas de los comerciantes, el alcantarillado subterráneo o los trazados geométricos de los mosaicos. El reloj del bar marcaba lentamente el tiempo, la televisión emitía una serie de acción y los clientes marroquíes agotaban la noche del sábado charlando y bebiendo té. El tiempo transcurría en aquel bar pero no lo suficiente deprisa para terminar la espera del tren que me llevaría a Marrakest.

El reloj dio la hora y todos los mochileros salieron en dirección a la estación. En el andén había más gente que aguardaba el Expresso. Fui a la consigna y pedí al bedel que me diese la mochila, que previamente había guardado en un saco azul por cinco dirhams. Aquello era un precio abusivo, puesto que no se trataba de más que un saco de hilo de los que los agricultores emplean para guardar las patatas. Cargué sobre mi espalda el saco azul, como se fuese mi botín o un hombre de campo, y caminé por el andén. Descargué la mochila y busqué en un saco el teléfono móvil. No había ningún mensaje para mí en el buzón de voz. Ahora me preguntaba si ella estaría o no. Me percataba de que este viaje había sido una locura, fruto de un ataque de impulsividad y pasión. Aunque ella estuviese sentada en el café de la plaza roja de Marrakest, puede que aquello no cambiase nada. ¿Por qué iba a cambiar?


Sería una larga y calurosa noche de viaje. Pronto me vi peleando con otros mochileros por buscar un asiento no reservado en el vagón. De pie, iba a ser difícil dormir. El expreso nocturno arrancó y descargué mi mochila en el suelo. Binario due volvió a sonar en mi cabeza.

domingo, 10 de octubre de 2010

"La jaula de la fortuna" (primer capítulo) en PDF

Ya está disponible en PDF el primer capítulo de mi primera novela escrita exclusivamente para el formato en e-book.
Habrá versión en inglés, español y gallego.

Actualmente, está disponible la versión en español en:

http://evpitafreebooks.files.wordpress.com/2010/10/jaula-de-la-fortuna-1-evpita.pdf


Se puede descargar para leer en un e-book electrónico o en un iPad.

La versión en gallego e inglés saldrá en breve.