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domingo, 6 de enero de 2019

Reportaje en cómic: "La economía del siglo XXI resumida en diez libros" (E.V.Pita, 2019)

Reportaje en cómic: "La economía del siglo XXI resumida en diez libros" (E.V.Pita, 2019)
Reportaje en cómic
"La economía del siglo XXI resumida en diez libros"
(E.V.Pita, 2019)

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https://evpitawriting.files.wordpress.com/2019/01/webcomic-apaisadohhok.pdf


La Economía del siglo XXI (libre mercado, globalización y la Gran Crisis del 2008), resumida ahora en diez libros.

Incluye comentarios sobre los grandes temas del siglo XXI, los autores que más influyeron que y describieron los fenómenos económicos más importantes como las teorías de libre mercado, la globalización o la Gran Crisis del 2008.

La obra se divide en tres apartados. El primero está dedicado a Adam Smith y David Ricardo, los dos autores que sentaron las bases del libre mercado y la globalización, respectivamente, y que conforman el mundo actual.

En un segundo apartado, se analiza el fenómeno de la globalización desde 1989 hasta el 2019. Este año marca un retroceso, ya que se espera que se haga efectivo el Brexit (que separa al Reino Unido de la UE), o confirma el ascenso de los populismos que promueven el proteccionismo y la guerra comercial, y se prevé una ralentización del crecimiento económico mundial.

En un tercer capítulo, se examina la Gran Crisis del 2008, las políticas de austeridad y la creciente desigualdad, en las que destacan obras de los premios Nobel Stiglitz y Krugman.


ÍNDICE


PARTE I. LA ECONOMÍA CLÁSICA Y EL LIBERALISMO


Caricatura de David Ricardo por E.V.Pita (2019)

1. “LA RIQUEZA DE LAS NACIONES”
ADAM SMITH (1776)

2. ”PRINCIPIOS DE ECONOMÍA POLÍTICA Y TRIBUTACIÓN”
 DAVID RICARDO (1817)






PARTE II. LA GLOBALIZACIÓN


by E.V.Pita (2019)
3. ”LA MCDONALIZACIÓN DE LA SOCIEDAD”
GEORGE RITZER (1993)

4. “LA TIERRA ES PLANA”
THOMAS L. FRIEDMAN (2005)

5.“ARMAS, GÉRMENES Y ACERO"
JARED DIAMOND (1998)


6.  “¿POR QUÉ FRACASAN LOS PAÍSES?”
ACEMOGLU Y ROBINSON


PARTE III. LA GRAN CRISIS, LA AUSTERIDAD Y EL POPULISMO

7. “ALGO VA MAL” 
TONY JUDT (2010)

8. “CAÍDA LIBRE”
JOSEPH E. STIGLITZ (2010)

9. “ACABAD YA CON ESTA CRISIS”
PAUL KRUGMAN (2012)

10. ”EL  PRECIO DE LA DESIGUALDAD”
JOSEPH E. STIGLITZ (2012)

martes, 5 de agosto de 2014

Reportaje: globalización e industrialización mundial

Reportaje: globalización e industrialización mundial


Por E.V.Pita

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"Privatizaciones de los servicios públicos" (1991)


Ver texto original de este artículo en:

Publicada como opinión en la sección Cartas al Director de La Voz de Galicia

Autor: E.V.Pita (1991)

Fecha de publicación: verano de 1991

Título: Privatizaciones de los servicios públicos

La privatización de los servicios públicos está alcanzado su clímax tras la pólemica suscitada con el ayuntamiento de Xinzo de Limia que sustituirá al guardia civil y al policía municipal por guardias privados. Policía, correos, universidades y transporte municipal eran servicios públicos cotidianos que ahora son privatizados a toda velocidad. Este fenómeno es fruto del derrumbe del Estado asistencial o de Bienestar.

El Estado, desde 1930, trató de arreglar las injusticias sociales distribuyendo la riqueza a través de la declaracíón de la renta. Una política socialdemócrata y keynesiana que perduró hasta la crisis del petróleo en 1973. Durante la década de los 80, se evidenció la ruina económica del Estado que no rentabiliza unos servicios que el contribuyente disfrutaba gratis. Los ciudadanos protestaban por el mal funcionamiento de los hospitales, de los autobuses urbanos, de las carreteras, de las cárceles... Por eso, sonaron las trompetas liberales de la privatización.

El Gobierno conservador de Xinzo de Limia va con los tiempos. Los neoliberales Reagan y Thatcher fueron unos fanáticos de las privatizaciones aunque resultasen impopulares. La premier británica tenía como apodo demás de la Dama de Hierro el de "la Ladrona de leche" porque suprimió el tazón de leche de daban a los niños en las guarderías con la excusa de que "costaba 20 mil libras semanales". Reagan declaró insolventes los museos y los autobuses de su país. En Alemania, según denunciaba el periodista Günter Wallraf, las fábricas se están dotando de auténticos ejércitos privados para protegerse (y para "disciplinar" a los obreros inmigrantes).

Y en el estado español, el Ministerio de Sanidade quiere cobrar a los ancianos por sus medicinas y curaciones, e incluso aplaude la "eutanasia" como remedio para salir de números rojos. Y por encima, en Galicia salta el [entonces] presidente de la patronal con sus teorías [sobre flexibilidad laboral].

E.V.Pita , Santiago, 1991

Comentarios en 2013:

Pasados más de 20 años de esta carta al director, no parece que las cosas hayan cambiado mucho. Lo que eran propuestas de recortes en Sanidad son ahora cosas reales y el pan de cada día.
Los textos insertos en corchetes son aclaraciones del 2013 o sustituyen a las palabras originales, que he omitido.
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El texto original del siguiente artículo está en:

"Empresas occidentales en el Este" (1991)


Título original: "Empresas gallegas en el Este"
Autor: E.V.Pita
Fecha de publicación: 11 de octubre de 1991
Sección Cartas al Director de La Voz de Galicia

Émpresas gallegas en el Este

La "perestroika" triunfó y con ella las ideas de democracia y capitalismo. El Este europeo supone un suculento mercado de 320 millones de consumidores (siempre que tengan suficiente dinero para comprar manufacturas) que ahora se ve respaldado por la estabilidad política que representa el apoyo popular al tándem Boris Yeltsin-Gorbachov. Aún con riesgo de parece algo cinico, creo que las empresas gallegas, desde las conserveras a los vinos, se deberían informar para invertir en estos nuevos mercados antes de que se adelanten los americanos, alemanes y japoneses.
Una competición casi utópica, pero el dinero es el dinero y no se debe olvidar que estamos a vivir el clímax del neoliberalismo, de la ley de la demanda y la del máximo beneficio. El capitalismo sigue unas reglas de eficacia, información y fortaleza. Ya lo dijo Darwin en el siglo XIX en plena revolución industrial: "los fuertes ganan".
Algo en lo que, el hoy en día tan devaluado Karl Marx estaba de acuerdo. Aunque sea un consejo algo cínico y sospechoso de codicia sin escrúpulos, Galicia debe invertir y fomentar acuerdos comerciales en la perestroika. Como los demás países de Occidente.
E.V.Pita, 1991, Santiago de Compostela
Comentarios del 2013:
La realidad era más compleja porque Rusia tardó tiempo en convertirse en un libre mercado, la privatización fue lo que fue y era difícil hacer negocios seguros. Un año después visité Praga y me encontré comercios y tiendas con capital austríaco y alemán, fueron ellos quienes sacaron beneficio del Este, y americanos en Budapest.
Ni se me pasó por la mente que donde iban a estar los negocios era en China, como así se ha demostrado 20 años después.

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Viaje por USA en 21 días con 600 dólares (1) (2001)

La anécdota: en noviembre del 2000 y agosto del 2001 recorrí en bus Estados Unidos con 600 dólares en el bolsillo. Debido a que un mes después de mi retorno, ocurrieron los sucesos del 11-S, me di cuenta de que América no volvería a ser la misma que podría haber descrito al terminar el viaje. Sí mantuve una página web sobre el itinerario y contesté las consultas de algunos viajeros. El reportaje fue publicado en el 2008.


Enlace permanente:
http://reportajesdeevazquezpita.blogspot.com/2011/09/viaje-por-usa-en-21-dias-1-2008.html


Publicado en La Voz de Galicia, en la página 10 de LOS DOMINGOS DE LA VOZ |el 6 de enero del 2008

EN DIRECTO | UN PERIODISTA RECORRE EE. UU. EN LOS MÍTICOS GREYHOUND

E. VÁZQUEZ PITA | TEXTO Y FOTOS

América de costa a costa por 600 dólares

Estados Unidos es una ganga para los turistas europeos gracias al cambio del euro. Un periodista de La Voz se subió a un bus de Greyhound para visitar los mitos de América con 600 dólares en el bolsillo. Un viaje de este a oeste y de Tijuana a Canadá en 21 días.

En los últimos meses varios libros, como el premio Pulitzer La carretera, han revisado el mítico viaje de costa a costa. Otros autores reviven la ruta de Tocqueville, el jurista francés que escribió Democracia en América.

La idea de este reportaje era la siguiente: recorrer como un viajero independiente los Estados Unidos hasta sus fronteras con México y Canadá en busca de los mitos que han forjado el sueño americano. Entre las metas estaban la mansión de Elvis Presley, Hollywood, el
parque Yellowstone o rendir unhomenaje a J. F. K. en Dallas. Equipaje
ligero: una pequeña mochila con mudas y un neceser para aguantar 21 días de bus. Dinero escaso: 600 dólares (419 euros), lo justo para comer y pagar alguna noche contada en un albergue. Nada de lujos.

La línea Greyhound es reconocible por su logo del galgo, es la excusa perfecta para revivir las imágenes de películas de cine. El autocar presta servicio desde 1914 en 3.100 destinos a lo largo de
Norteamérica. Cada año viajan 22 millones de pasajeros, con una gran incremento de la población latina. El Discovery Pass de 30
días cuesta 522 dólares y permite moverse por todo el país y sus fronteras. Basta con esperar en la cola y mostrarle el pase al conductor. La estampa de los autobuses Greyhound surcando los parajes estadounidenses forma parte de la cultura «pop» del siglo XX, que todos hemos recibido a través del cine o la televisión.

Estados Unidos tiene algunas ventajas para los mochileros
independientes que quieren moverse de prisa y barato. Una de ellas es la red de lavanderías. El lavado del petate cuesta un dólar, más varios centavos extra por un sobre de jabón, y otro dólar por el secado
automático. Es posible comer un perrito caliente por un dólar, incluida la mostaza. La entrada en los museos y en algunos conciertos es teóricamente gratuita, pero lo «recomendable» es soltar diez pavos. Internet es gratis en las bibliotecas públicas.


El lugar de partida solo podía ser el kilómetro cero de Estados Unidos, la Casa Blanca de Washington. El viajero no ve a Bush, pero se topa con una protesta de los indios siux que han clavado sus tiendas en el campo del Obelisco. En el cercano museo de la NASA, hay oportunidad de ver el módulo Apolo que se posó en la Luna. Los mandos de la nave espacial se parecen a los de un Seat 600 y uno empieza a dudar de que realmente sea cierto que el astronauta Armstrong se atreviese a subir en aquel cacharro.

Llega la hora de mostrar al busero el billete Ameripass, que permite a los extranjeros viajar ilimitadamente con la compañía de autocares Greyhound por todo el país y sus ciudades fronterizas. Hay que esperar cola y competir con otros viajeros para conseguir un asiento. El turista paga la novatada, se queda en tierra y debe esperar al siguiente autocar.

Por el camino, parada en una gasolinera, donde una decena de camiones de largas chimeneas, auténticos dragones de acero, están aparcados con sus enormes trailers. Es el momento de tragar litros de café americano muy aguado y edulcorados con crema irlandesa. Funciona.

La siguiente escala es Nueva York. Lo primero de todo: entrar en el Starbucks de la Estación Central y pagar tres dólares por un café de verdad. La ciudad de los rascacielos es barata: se puede zampar uno una hamburguesa o un perrito por un dólar o leer gratis un libro en la
cafetería de Barnes and Noble.

Pero la factura sube con los caprichos: hay que desembolsar 45 dólares (9.000 pesetas al cambio del 2000) por una cerveza en la barra del Hotel Carlyle para oír al director de cine Woody Allen tocar su clarinete. A fuerza de palos, el turista ya ha aprendido a incluir en la cuenta un 10% de propina para el camarero. Un gesto que ayuda a los cazadores de autógrafos.

Otros 10 dólares van al tique para subir al Empire State Building, donde el gorila King Kong luchó contra los aviones, escena cinematográfica grabada en el imaginario colectivo.

Unas manzanas arriba, en la Up Town, está el centro del multimillonario Rockefeller y la torre Trump. Curiosamente, la asociación de mendigos ha colocado su puesto ambulante frente a la joyería Tiffany’s.

Un ferri lleva al viajero hasta la estatua de la Libertad, más pequeña que en las fotos. Tras subir las escaleras en espiral, decepciona la vista panorámica de un polígono industrial.

De vuelta, el buque hace escala en la isla de Ellie, la parte fea que nunca sale en los libros. Los inmigrantes que llegaban al país de
las oportunidades debían superar allí la cuarentena.

La siguiente escala es Boston. Es el momento de echarle jeta y
adosarse a un grupo de científicos de A Coruña, Valladolid y Argentina
que han alquilado un coche de marchas automáticas, lo más común en ese país. Por fin, algo de road movie.

En esta ciudad de estilo europeo, el objetivo es colarse en la Universidad de Harvard, donde se educa la élite mundial. Es fin de semana y no se ve ni un alumno por el campus.

Ya puestos, una escapada al MIT, uno de los más prestigiosos centros de tecnología. «Las fundaciones inyectan millones y los
proyectos salen adelante», cuenta un becario gallego.

Chicago, la ciudad del gánster Al Capone, es el siguiente destino.
El bus llega a una estación donde hace cola una familia amish, los
granjeros que viven como en el siglo XVII. Su férrea ética no les
impidió inaugurar en el centro de Manhattan una tienda de
productos artesanos.

En la misma estación de Chicago, un grupo de inmigrantes chicanos comentan que han cruzado el país y que ahora trabajan ilegalmente en una obra. «A unos amigos la policía les paró porque eran hispanos. Se creían que su coche alquilado era robado», dicen. Está
claro que el sueño americano solo es para unos pocos.

Curiosamente, en esta ciudad los mendigos no piden limosna sino que recogen las latas de aluminio tiradas en el suelo para revenderlas. ¿Tanto espíritu emprendedor será porque la [....]

Más adelante, se publicará la segunda parte del artículo.

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Singapur: el tigre que ruge más fuerte (2004)

Publicado en la sección de Economía de La Voz de Galicia, el 19 de septiembre del 2004

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Reportaje | Singapur, una economía en plena ebullición


El tigre asiático que ruge más fuerte
Singapur, con un crecimiento anual de su PIB del 12,5% no tiene nada que envidiar a otras economías asiáticas como China, que ponen de rodillas a los productores europeos.

E. Vázquez Pita
redacción

Podría ser una escena de la película Lost in Traslation. Imagine que usted mira por la ventana del piso 30 de su hotel, desde la que se divisan las siluetas de múltiples rascacielos rodeados de nubes
que anuncian una tormenta tropical. Insomne a causa del jet-lag, usted baja hasta el bar, donde canta una mujer oriental y un grupo de japoneses sigue las letras de un karaoke. Se acerca a la barra y se suma a otros hombres de negocios que hacen el stopover (escala con hotel) en Singapur. Allí oye uno de los chistes que resume la esencia de esta ciudad: «¿Sabías a qué edad se jubilan las azafatas de Singapur Airlines? A los 22 años».

Por algo, esta compañía aérea tiene fama de poseer una de las flotas más renovadas del mundo. La república del león dispone de 3.200 vuelos semanales que enlazan con 150 ciudades de 49 países y es base de 400consignatarias marítimas.

Su economía crece a un ritmo anual del 12,5%. Nada que envidiar a otros tigres asiáticos como China y Corea del Sur que ponen de rodillas a los productores europeos. Los negocios van viento en popa en esta isla-Estado que multa con 250 euros a quien ose arrojar un chicle masticado en sus impolutas calles.

Abierto las 24 horas
En esta ciudad de vigas de acero y hormigón prefabricado trabajan cuatro millones y medio de habitantes en horario de abierto las 24 horas y que disfrutan de una renta de 26.500 dólares per cápita.

Singapur, menos moderna que Honk Kong, puede presumir de que su PIB crece como la espuma: del 8% en 1995 ha pasado a un 12% este año. Los contenedores se amontonan en su puerto, mientras los rascacielos crecen como setas en la orilla del río. Su economía es tan dinámica como la de China o Corea. Sus astilleros están especializados en reparar buques y sus fábricas de automóviles figuran entre las diez más productivas del mundo. Además, la ciudad refina petróleo, produce equipos electrónicos, de perforación de pozos petrolíferos y de caucho. También realiza actividades de comercio, servicios financieros y biotecnología.

Le ayudan sus lazos internacionales en un país asiático donde el idioma oficial es el de la antigua metrópoli británica, lo mismo que el tamil, el malayo y el chino. Enclavado entre Malasia e Indonesia, Singapur es una puerta hacia Asia, donde un occidental se siente cómodo como en una burbuja.

Por algo será que Inditex ha instalado su segunda tienda de Zara en Orchand Road. Esta kilométrica avenida está flanqueada por centros comerciales de cuatro plantas de altura y calles cubiertas de cristal que compiten en grandiosidad. Las jóvenes clientas suben de tres en tres por las escaleras de este comercio gallego, cuyos sofisticados escaparates comparten acera con las grandes casas de la moda de lujo.

Al caminar por Orchand Road, entre cientos de peatones cargados de bolsas, uno se siente atrapado por la fiesta del consumo. Es fácil caer en la tentación de regatear en las innumerables tiendas de
cámaras fotográficas, regentadas por hindúes o chinos, en donde se pueden conseguir reducciones del 40% respecto a los precios europeos. El dólar de Singapur equivale a medio euro.

Los pequeños comerciantes incluso aceptan el precio que el cliente marque. El iluso vuelve a recoger su producto unosdías despuéspero el dependiente le intenta colocar nuevos accesorios. Esto suele irritar a los turistas occidentales, que se sienten burlados. Algunos prefieren a los vendedores árabes porque cumplen su palabra trascerrar el regateo.

El día grande es el sábado por la noche, donde no hay baldosa libre ni en la calle ni en las discotecas de moda. Brillan los tubos de neón y los anuncios de los taxis amarillos. Los restaurantes de sushi japoneses están repletosde alegres comensales que pican con los palillos los rollitos de pescado crudo que circulan por una cinta transportadora.

Igual de atestados están los McDonald’s o los cafés Starkburcks.
Uno tiene la sensación de que el capitalismo y el comercio han roto fronteras y unido a una población compuesta de chinos, malayos, hindúes, indonesios y occidentales.

El comercio ha sido mantenido por las prósperas familias chinas que se establecieron a principios de siglo al amparo del Imperio de su majestad británica. Unos edificaron templos budistas y otros iglesias adventistas. Es la excepción a la teoría del choque de civilizaciones de Samuel Hunttington, que explica las guerras actuales, desde Bosnia a Irak, por el enfrentamiento entre culturas tan dispares como la musulmana o la cristiana.

Los habitantes de Singapur se sienten especialmente orgullosos de su fiesta nacional. En Melbourne, un joven ejecutivo que volvía a esta ciudad asiática preguntaba con interés: «¿Han estado el día que celebramos la independencia?». La descolonización produjo el milagro económico de esta república que mide 600 kilómetros cuadrados.

Ni rastro de chabolas
Los malayos emigraron como mano de obra y los trabajadores fueron asentados en barrios con viviendas dignas. No se aprecia el chabolismo de otras grandes ciudades. Unos siguen conduciendo
las bicicletas de los turistas mientras otros prosperaron y dirigen emporios desde sus elevados despachos del puerto malayo.

Sólo en Little India y Chinatown se puede apreciar un resquicio de la vieja Asia: vendedoras de pescado seco o viejos jugando a las damas. Uno tiene la sensación de que en este diminuto país hay sitio para todo el que quiera ganar dinero. Las mujeres hindúes, vestidas con sus tradicionales sharis, salen y entran de las joyerías y las boutiques de moda, y los turistas europeos toman un daikiri en el mítico hotel colonial Raffest.

Pero esta república tiene sus reglas: el billete de avión advierte que traficar con drogas está penado con la ejecución inmediata.

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Australia, paraíso prohibido (2004)

Publicado en La Voz de Galicia, suplemento Los Domingos de La Voz, el 10 de octubre del 2004

Por: E.V.Pita

Enlace permanente: http://reportajesdeevazquezpita.blogspot.com/2011/09/australia-paraiso-prohibido-publicado.html

REPORTAJE | GALLEGOS EN LAS ANTÍPODAS

Australia, paraíso prohibido

Las antípodas hace tiempo que cerraron sus puertas a los inmigrantes. Los empresarios gallegos que hicieron fortuna en el Lucky Country se topan con que el Gobierno les impide contratar a sus paisanos. Temen que las elecciones de ayer no vayan a cambiar las duras leyes.

E. VÁZQUEZ PITA | TEXTO

Un empresario gallego del granito, afincado en Melbourne, quiso contratar hace unos meses a un especialista portugués. Las restricciones de inmigración son tales que el obrero no pudo obtener un permiso legal de trabajo. El constructor optó por la picaresca y ordenó al expertoque entrase en Australia con un visado de turista. Los tres meses de validez serían suficientes para terminar el tajo.

Pero, como en el película La Terminal, de Steven Spielberg, el peón disfrutó de sus vacaciones sin salir del aeropuerto. Los aduaneros pasaron por rayos X su maleta y descubrieron una herramienta entre la ropa. Al abrir el equipaje, los policías hallaron la evidencia final: un mono azul de faena. Al luso lo subieron en el siguiente avión de vuelta a casa.

Australia fue tierra de fortuna antaño y abrió las puertas a 800.000 emigrantes no británicos entre los años 60 y 80. Justo Bouzo fue uno ellos. Este delineante nació hace 44 años en la aldea de Presqueira, en Baños de Molgas (Ourense). Llegó a Sydney en 1982 y ahora dirige una empresa de reformas y proyectos nuevos de construcción. Su firma Euroset está en expansión en varios estados australianos e incluso ha abierto mercado en Nueva Zelanda.

Sus compatriotas ya no tienen esa oportunidad. Así lo demostró el incidente internacional del buque Tampa, cargado de refugiados  políticos, y al que Camberra prohibió recalar en su costa. El país austral sólo permite entrar a un cupo anual de 80.000 inmigrantes altamente cualificados.

Las restricciones afectan a todos. La empresa de Bouzo importa yeso proyectado y el gallego arregló los papeles para contratar a un paisano suyo. «El problema es que no hay gente especializada para aplicarlo. Quisimos traer jóvenes gallegos pero no conseguimos a nadie», recuerda. El Gobierno expulsó a su candidato porque carecía de la suficiente formación para enseñar su oficio a sus compañerosaustralianos. «En este país también hay paro», admite resignado Bouzo. Éste duda que un cambio de Gobierno, tras las elecciones celebradas ayer, abra las puertas a la inmigración. «Incluso con los laboristas, seguiría igual», dice.

Los últimos emigrantes gallegos que se han aventurado a trabajar en Australia han tenido suerte dispar. Una licenciada en Historia de Vigo y su marido lograron el permiso de residencia en apenas unos meses porque el Gobierno apreció sus conocimientos en Arqueología.

«Aquí te valoran por tu currículum y te dan más oportunidades de demostrar si eres bueno. Es posible conseguir más cosas que en Galicia. En Australia no funciona el enchufe ni el amiguismo. Una empresa examina tu presupuesto, lo que has hecho... Llegar a una determinada posición depende de la valía de la persona y eso me gusta», añade Bouzo.

La mayoría de los gallegos han tenido que retornar al caducar su visado de estudio y trabajo legal. Otros utilizan el viejo truco de viajar a Nueva Zelanda y volver a entrar como turista. Es el caso de dos viguesas desempleadas que fueron a estudiar inglés a Brisbane. Por sus calles circulan autobuses con la publicidad del aceite español Carbonell. Los papeles permitían a las dos gallegas trabajar como limpiadora s en un rascacielos 20 horas semanales y estudiar 25 más. Su salario ascendía a casi mil euros.

La tentación para venir a Australia es muy grande. El sueldo medio de un profesional de la construcción es de 200 dólares australianos (120 euros) al día. Otro aliciente es el clima benigno de Brisbane, soleado hasta en invierno.

Barbacoa
«Trabajamos cuatro horas diarias y vivimos como en Galicia, salvo que el piso es compartido», afirma una viguesa, mientras prepara una suculenta barbacoa (BBQ) en una playa fluvial con unos compañeros españoles de la academia. Uno de ellos es un ejecutivo madrileño que abandonó su despacho con vistas a la Castellana para aprender inglés. También está una diseñadora catalana que aspira a ingresar en la Universidad. Las dos gallegas dejaron la semana pasada su apartamento en un rascacielos de 40 plantas, dotado de moqueta, llave magnética, secadora, así como yacuzzi, gimnasio, piscina y sauna comunitarios. Al caducar su visado han tenido que retornar a España. «Si no te vas, los agentes de inmigración se presentan en tu casa y te acompañan al avión. No te puedes esconder porque estás muy controlado», relatan estas estudiantes.

UNA ARQUITECTA CORUÑESA EN BONDI BEACH. Vanessa D.C. es una arquitecta coruñesa, afincada en Barcelona, que a sus 28 años hizo un parón en su carrera para cumplir su sueño: trabajar en un despacho de diseño de rascacielos en Sydney. La aventurera aterrizó en agosto en Australia pero se topó de bruces con el departamento de Inmigración.

El Gobierno impone numerosas trabas a los empresarios para contratar extranjeros. Pasaban las semanas sin noticias de su empleo y Vanessa decidió tomárselo con filosofía. Así que se enfundó el traje de neopreno, agarró la tabla y se trasladó a vivir a Bondi Beach, la playa preferida de los surferos. «Let's go surffing!», dice.

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El milagro del modelo danés (2005)

La anécdota: Pasados seis años de la publicación de este reportaje cada vez es más evidente que, al escribirlo, pasé por alto la producción de molinillos de viento, algunos en el mar. Los molinos formaban parte del paisaje de Fiona y, creo recordar, haber visto alguno cuando el tren cruzó el puente que une las dos islas. En su momento, solo atisbé muy de pasada la importancia de esta nueva energía eólica para el desarrollo de Dinamarca, hoy una potencia en el sector.
En el reportaje, debí haber mencionado a las grandes compañías como Lego, etc...


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Reportaje publicado en la página 28 de la sección de Economía de La Voz de Galicia el 27 de marzo del 2005.

La Voz de Galicia

Reportaje | Los secretos de la agroindustria escandinava salen a la luz

El milagro del modelo danés


Dinamarca inventó las cooperativas y Castelao lo propuso como modelo para Galicia.

El pan negro o de centeno fue despreciado en Galicia por ser de pobres. En Dinamarca, aún desayunan con él. Una visita al museo folk de Odense, en la isla de Fionia, [y un paseo por sus campos, repletos de gigantescos molinillos de viento], basta para comprender la potencia agroindustrial del diminuto país nórdico.

La clave es un viejo molino de viento de 20 metros de altura construido a mediados del siglo XIX. Al entraren la instalación, sorprende la compleja maquinaria de engranajes, que ocupan tres pisos. Un mecanismo de relojería capaz de triturar toneladas de grano en harina en pocos minutos.

Al éxito de la alta tecnología se unió el fomento de las cooperativas
y de la educación. El diputado Daniel Castelao defendía ya en la década de 1930 que los agricultores gallegos imitasen el modelo danés, compuesto por propietarios minifundistas unidos en cooperativas.

El político elogiaba las 18 granjas experimentales de plantas que operaban ya en el país nórdico. Actualmente, las cooperativas escandinavas exportan cereal, leche y carne para alimentar a 15 millones de personas, el triple de su población.

Grandes complejos agroindustriales como Danish Crown o Tulip compiten por un hueco en los mercados emergentes de China.
La agricultura danesa es un negocio que factura 59.000 millones de coronas (8.500 millones de euros) en exportaciones. El 62% de su suelo está cultivado. Los mercados más exigentes, como Japón o
el Reino Unido, compran la mayor parte de su producción de carne.

Un portavoz del Sindicato Labrego, Xosé Ramón Cendán, cree que el modelo de Dinamarca está agotado. «Gastan moito en fertilizantes e sulfatos. Iso eleva os seus costos. Nova Zelanda é máis barato e Irlanda faino mellor».

La réplica la aporta Inge Merete, una ganadera de una de las 1.300 granjas porcinas de Dinamarca. El mayor exportador de carne de cerdo del mundo está sometido a bruscos ciclos. La empresaria trabaja en Allested, en la zona rural de Odense, cubierta por la nieve. Ella y su marido se hicieron cargo de la factoría Ravnelund, deficitaria en 1996. Hoy exportan 17.000 piezas porcinas al año. Toda su producción va destinada al mercado inglés, que impone altas exigencias sanitarias.

Inge Merete muestra su cadena de producción. Para ello, los visitantes deben situarse en un compartimento estanco, calzarse botas especiales y vestir un mono de faena. No preocupa tanto el olor como la higiene, como si fuese un laboratorio de la Nasa.

Rock en el establo
La propietaria de la granja enseña una estancia donde alimentan a cientos de cochinillos mayores de un mes. Las crías reciben el pienso cultivado por la propia granja en unos compartimentos metálicos y asépticos. «El pienso lo fabricamos nosotros mismos para ahorrar costes», indica la dueña. La factoría está altamente tecnificada. En una de las estancias se hallan las cerdas parturientas.

En el establo suena música rock. «Hemos descubierto que a los animales les relaja», afirma Inge Merete. Las 600 cerdas de la granja quedan preñadas dos veces al año y paren 24 cochinos. La granjera
calcula en el suelo, con una tiza, la producción anual.

En otro establo, los cerdas preñadas son cebadas por una máquina que les suministra alimento de forma automática e individualizada. Los animales gruñen por su ración. El granjero usa un sensor para
calcular si cada pieza tiene sobrepeso. Al cabo de un año, cuando pesan 100 kilos, son sacrificadas y la carne exportada. «Cada animal lo vendemos por 800 coronas. Nos cuesta 700 y ganamos cien», explica la ganadera.

La lenta emigración del campo a la ciudad

El país nórdico tenía 140.000 granjas en 1970. Ahora no pasan de las
50.000 que emplean a 61.000 personas. Suzette Ascott, una vecina de Odense, relata cómo la gente joven abandona las pequeñas granjas de la isla de Fionia para ir a trabajar a la ciudad por un salario fijo.

El proceso de concentración es visible en Ravnholt, cerca de Faaborg. El terreno es tan llano y arenoso que a la única colina de la isla la denominan Alps, como la cordillera suiza. Allí aún se pueden ver granjas familiares de vacas, las Hejmedprodukt, que no superan las 20 hectáreas. Otras tantas han sido abandonadas.

Estos negocios disponen de compartimentos estancos para almacenar el heno que dan de comer a la cabaña ganadera. La mayor granja de Fionia está ubicada en el castillo de Crown. Los cultivos de este holding de Ravnholt abarcan 3.000 hectáreas e incluyen cereal y abetos plantados para exportar en Navidad. Todo está mecanizado.


Johannes Ostergaard es mánager del Landbrugsraadet (Consejo Agrícola Danés), una entidad privada que coordina la producción de las cooperativas agroindustriales danesas.

Las exportaciones van dirigidas a 130 mercados internacionales.
¿Cuales son los secretos del milagro danés? Ostergaard los resumen en tres puntos. «La primera es que los jóvenes reciben una buena formación educativa de cinco años para ser agricultor. En ese período también hacen prácticas», indica.

La segunda clave es la unión de los agricultores en cooperativas. Éstas programan la producción y vigilan que nadie supere la cantidad de fertilizante asignado a cada suelo para cumplir las normas ambientales.

La tercera clave es la inversión en tecnología para reducir los costes. Competidores como Brasil o Nueva Zelanda son más baratos, pero los daneses acceden a mercados como el japonés que pagan más a cambio de calidad y garantía sanitaria. «El agricultor no mete el dinero en el banco porque el interés está bajo. Lo invierte en maquinaria», dice.

Torben Kudsk dirige la oficina de relaciones con la UE del Landbrugsraadet. Conoce la situación de las cooperativas gallegas tras ser invitado a visitar varias en Santiago de Compostela. «Me impresionó porque estaban muy bien organizada y sus propietarios son muy eficientes», explica Kudsk.

Los daneses se muestran muy interesados en cooperar con los granjeros gallegos en la producción de biogás. «Descubrimos grandes posibilidades», dice.

La recomendación que hace Kudsk a las cooperativas gallegas es que «no tengan miedo a crecer y crecer». Según este directivo del Consejo de Agricultura Danés, las cooperativas gallegas deben adaptarse a las peticiones de los supermercados y de sus cambios, pues cada vez son compañías mayores. «Es muy importante para los granjeros cooperar juntos, aumentar su tamaño y obtener el mejor precio», dice.

El ejemplo es Danish Crown, gigante de la alimentación que llega a los mayores mercados del mundo. «Pero para ello hay que desarrollarse y unirse hasta convertirse en una transnacional», aconseja.
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India, ¿nuevo gigante económico? (2006)


(La Voz de Galicia, E.V.Pita, 5 noviembre 2006)
Publicado en

http://www.lavozdegalicia.es/hemeroteca/2004/09/18/3035444.shtml

el 5 de noviembre del 2006, sección Economía

Crónica | Examen al futuro tigre asiático

India, ¿nuevo gigante económico?

La patria de Gandhi crece a un ritmo del 8% anual y los expertos vaticinan que será una superpotencia en pocas décadas. Pero la mayoría del país vive en la miseria.

E. Vázquez Pita
(Nueva Delhi)

Una turista entra un poco asustada en la lúgubre consulta de una astróloga del pueblo de Malawa, en las afueras de Nueva Delhi. La cliente se sorprende al oír la inconfundible musiquilla que abre el sistema operativo Windows.

La vidente examina la pantalla y teclea la fecha, hora y lugar de nacimiento de la mujer que desea conocer su futuro. Un sofisticado programa matemático calcula las posiciones de los planetas y
elabora en unos minutos la carta astral completa, que sale por la impresora.

Éste podría ser un símbolo de los grandes cambios económicos que acontecen en la India, el futuro tigre asiático, cuyo producto interior bruto crece a un ritmo del 8% anual desde hace tres años. Y eso a pesar de su pésimas infraestructuras viales.

Quizás el lugar donde mejor se aprecien estos avances es Bangalore, la ciudad preferida de los hindúes para vivir y la segunda para ganar dinero (después de Bombay). No es extraño. Bangalore es la meca de los más brillantes informáticos de la India, que trabajan
en pulcros campus que poco tienen que envidiar a Silicon Valley.

Por este motivo, las empresas de telefonía de Estados Unidos acuden aquí a subcontratar empleados para atender los servicios 902 al cliente. La gran ventaja es que los teleoperadores hindúes
hablan inglés, tienen una gran formación académica y cobran diez veces menos que un norteamericano.

El salario medio mensual en la India es de 15.000 rupias (270 euros), cantidad con la que «se puede vivir dignamente». Lo normal es cobrar tres veces menos.

La alianza con Estados Unidos parece casi natural. Por todo el país proliferan las academias y colegios privados que ofrecen másteres para preparar el examen de ingreso en las universidades del socio americano. Cada año, salen de las 292 universidades dos millones de licenciados, de los que 150.000 son ingenieros. Una de sus especialidades es el software, que exportan incluso a China. El negocio ya alcanza los 50.000 millones de dólares anuales. Las divisas son el triple.

La bonanza se percibe desde el 2003. El país tiene 1.100 millones de habitantes y, según las estimaciones, existen 98 millones de personas que ingresan entre 200.000 y un millón de rupias anuales (de 4.000 a 20.000 euros). Es decir, la clase media es superior a toda la población de Alemania. Otros ya hablan de 40 millones de personas que mejoran cada año su nivel de vida, tantos como españoles. Y el club de millonarios equivale a Suiza o Portugal.

Este poder adquisitivo hace que el mercado hindú sea suculento para las firmas de consumo, si se tiene en cuenta que cuatro de cada diez habitantes del planeta viven en China e India.

Anuncios
Las televisiones por cable muestran anuncios de champús, golosinas de chocolate o los últimos éxitos de rock y discotecas. Incluso las teleseries muestran una imagen de clase media, con familias adorablesque visten a la moda y residen en chalés adosados con una cuidada decoración más propia de un edulcorado filme de Bollywood. Si un visitante no saliese del hotel e hiciese zapping en el centenar de canales por satélite, pensaría que la patria de Gandhi es el colmo del glamur.

Sólo a veces se deslizan algunas imágenes salidas del guión como una concursante de la tele que hacía equilibrios con varias jarras sobre su cabeza mientras caminaba sobre cristales con sus pies desnudos. ¿Una aprendiz de faquir?

En la capital, Nueva Delhi, los modernos rascacielos acristalados crecen a las afueras como setas. La autopista sigue en obras de ampliación, y la primera línea de metro ya está operativa. Marcas como Adidas o Rolex copan los escaparates de las tiendas exclusivas de la plaza Cognaught. En el suburbio de Gurgaon crecen las fábricas de electrónica y automóviles.

Y en las avenidas de Jaipur, las mujeres circulan en potentes motos de marca japonesa sin mancharse su colorido sari.

Habría que desplazarse al rural para percibir el grado de penetración de Internet. En un remoto pueblo de Malawa, un pequeño colmado anuncia en la pared: Cibercafé. En la mesa, dos viejos monitores listos para navegar o hablar vía telefónica por el Skipe.

Los expertos vaticinan que India será el tercer gigante económico, tras China y Estados Unidos, pero ¿qué pasa con los otros mil millones de habitantes restantes que no usan la tarjeta de crédito?

El 65% de los hindúes vive de la agricultura, la mayoría tiene menos de 24 años, cuatro de cada diez no sabe leer y ganan entre 750 y 2.500 dólares al año.

No hay más que darse un paseo por las chabolas de lonas de plástico que proliferana escasos metros de los nuevos rascacielos de
Nueva Delhi. A su lado, en los vertederos, juegan los niños y pacen los puercos salvajes.

India logró fabricar la bomba atómica en 1997 pero, paradójicamente,
los apagones de luz son el símbolo de las dificultades estructurales del país. Se necesitaría una fuerte inversión para convencer al empresario extranjero quese ha quedado atrapado en el ascensor del hotel de Delhi por un apagón.

La red de ferrocarril es la más extensa del mundo pero no ha sido renovada. Los cambios de vía aún se hacen por el sistema manual. Las estaciones, como la Central de Agra, disponen de modernos marcadores digitales pero los niños abandonados cruzan las vías, y los perros callejeros se pelean en los andenes. La cruda realidad desluce la postal de los parques del Taj Mahal.

Quizás el talón de Aquiles sean las pésimas comunicaciones por carretera. Para cubrir 100 kilómetros se necesitan dos o tres horas, tantas como para salir de un atasco en Nueva Delhi, siempre que no cruce una vaca la mediana.

Otro obstáculo a la libre movilidad son las pésimas vías comarcales que unen grandes capitales del interior. Sólo tienen dos carriles pero cobran un peaje de 120 rupias (2 euros).
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Google sale del garaje y lidera la nueva economía en Silicon Valley (2011)

La «cibercity», que genera el 6 % del PIB de California, vive su mayor bum

Publicado en la sección de Economía de La Voz de Galicia
Autor:  E. VÁZQUEZ PITA
Localidad: MOUNTAIN VIEW / LA VOZ
Fecha de publicación:  11/9/2011
La UE ha puesto sus ojos en Silicon Valley -el parque tecnológico cuna del chip, Google y el iPad, en el sur de la bahía de San Francisco- que sobrevivió a la crisis de las punto.com del 2000 y vive un bum. Las casas allí valen casi un millón de dólares. El recorrido por este gigantesco polígono muestra cientos de empresas emprendedoras de la nueva economía de la información (26 ya están en la lista Fortune). La comisaria de la Agencia Digital Europea, Neelie Kroes, visitó la cibercity para exportar los secretos de la cultura del garaje a Europa. Justo en una época con despidos en la cúpula de Yahoo y cuando Facebook proyecta un megacampus para 10.000 empleados.

Ajetreado día en la calle Market Street de San Francisco. Una profesora de inglés sorbe café de su biberón-cantimplora y teclea «Santiago de Compostela». El proyector muestra una vista área de la capital gallega en el encerado electrónico del aula gracias a Google Maps. Un ingeniero coreano recién graduado la reconoce: «Yo he peregrinado allí y a Fisterra». Estos milagros son posibles gracias a las tecnologías que nacen en Silicon Valley. Esta tecnópolis, que da trabajo a casi 400.000 ingenieros, se extiende a lo largo del Camino Real, la ruta de los misioneros españoles del siglo XVIII. Hoy, en los márgenes de la Interestatal 101, que une San José con el puente del Golden Gate, se asientan gigantes de la era digital como Google, Twitter, Oracle, Apple, Adobe, eBay, HP, Yahoo!, Intel o la NASA.

¿Cuál es la clave del éxito del motor de la industria de la tecnología de la información? La pista nos lleva a Palo Alto. Desde la estación del Caltrain, un shuttle (bus gratuito) traslada a los visitantes a la Universidad de Stanford, rodeada de bosques, campos deportivos y aulas e iglesias de estilo colonial español. En un tablón de anuncios, un profesor recluta voluntarios para un experimento de reconocimiento de rostros. Este campus de élite cobra hasta 12.000 dólares por un curso veraniego. Estudiantes de doctorado que recalaron allí, como Sergey Brin y Larry Page, fundaron el buscador Google en un garaje tras necesitar toda la potencia de los ordenadores del campus.

Hoy, ambos son millonarios y su sede ocupa el complejo de edificios llamado Googleplex, que atrae como un imán a los turistas. Los visitantes se apean en Mountain View o Palo Alto y buscan un bus urbano que los acerque al campus tecnológico. Llueven peticiones para hacer tours por la empresa, pero Rachel, una portavoz, lamenta que «es imposible atenderlos».

Desde la Interestatal 101, es fácil divisar la sede de Oracle o la NASA. El campus de Google está señalizado con unas gigantes flechas rojas, un guiño al localizador del Google Maps. Los turistas miran a hurtadillas por las ventanas para comprobar si son ciertas las leyendas sobre su cultura informal del trabajo, con ejecutivos en sudadera, mesas de billar, comida y gimnasio gratis. Sí, es cierto que los empleados se mueven en bicicletas. Los edificios están decorados con coloridas sombrillas, estaturas gigantes de pasteles, galletas o el Android, pianos de cola en la entrada principal o una réplica a gran escala del extraterrestre Alien. Este valle genera el 6 % del PIB de California, 77.000 millones de euros.

Al regresar a la carretera, el conductor echa un vistazo a su GPS y observa el denso tráfico de coches, la mayoría de marcas japonesas, lo que explica la decadencia de Detroit. Si alguien duda del éxito de las tecnologías de la información puede asomarse a la tienda de Apple en la comercial tercera avenida de Santa Mónica Beach, en Los Ángeles. Dentro, cientos de clientes examinan las últimas novedades del iPad. Al lado, hay una tienda de Zara, cuyo fundador Amancio Ortega es citado en un libro de gramática inglesa como ejemplo de emprendedor.

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California y sus contradicciones (2011)

Pese a un PIB de un billón de euros, bordea la quiebra


Publicado en La Voz de Galicia, sección Economía el 4 de septiembre del 2011

(Aclaración posterior a la publicación del artículo: en un foro en inglés, un ciudadano dice exactamente que "si fuésemos un país, las agencias nos calificarían con la nota A--". Y es cierto, si California fuese un pais, pero no lo es. Como bien dice el alcalde de Los Angeles en una entrevista a El Pais publicada el mismo día, California no puede quebrar técnicamente porque es un estado dependiente de la reserva federal)

Autor: E.V.Pita
Redacción / La Voz

Playas de aguas frías, veranos nubosos, extensas cosechas de vino y una larga polémica por la tardanza en construir una línea de tren de alta velocidad. ¿Galicia? No. Hablamos de California, el Estado más rico y poblado de Estados Unidos. Si fuese un país, la costa de Los Ángeles a San Francisco figuraría entre la octava y décima potencia económica mundial, por encima de España. Acoge a dos universidades de élite, Stanford y Berkeley, empresas de tecnología punta como Google y Facebook en Silicon Valley, extensos latifundios vinitícolas y bodegas en Napa Valley, así como la poderosa industria cinematográfica de Hollywood. «Quiero quedarme aquí porque es donde está lo último en alta tecnología», comenta un universitario taiwanés mientras bebe un café de caramelo de la cadena Starbucks. Como él, miles de asiáticos han desembarcado en el Estado Dorado para hacer su sueño realidad, como antaño atrajo a misioneros españoles y luego buscadores de oro.

Sin embargo, California acumula numerosas contradicciones. Las hay a miles. Factura 1,5 billones de dólares (un billón de euros), un PIB parecido al de Italia, pero el Gobierno está al borde de la bancarrota. «Nos van a poner la clasificación A--», advierte un ciudadano en un foro on-line.
En Santa Bárbara, un enclave turístico con pelícanos y dunas protegidas, los bañistas toman el sol rodeados del chapapote que, supuestamente, vierten la flota pesquera y cuatro plataformas petrolíferas ancladas en el horizonte.

En San Francisco, miles de sintecho, algunos con graves enfermedades mentales o de drogadicción y alcoholismo, vagan con sus carritos de la compra por Market Street, la arteria más céntrica de San Francisco, a escasos metros de las sedes de Wells and Fargo o Bank of America, este último fundado por un emprendedor de la fiebre del oro. «Estás muerto», le dice un vagabundo barbudo a un asustado turista que espera a la puerta del hotel.

Pero la mayor contradicción es el tren. Aunque parezca increíble, la ciudad de Los Angeles, con 17 millones de habitantes en el área metropolitana, y San Francisco, con 7, no están conectadas directamente con un servicio ferroviario. La franja de Sacramento a San Diego, entre 900 y 1.000 kilómetros, suman 34 millones de habitantes, doce veces Galicia. Por carretera son cinco horas de viaje, siempre que se evite la mítica Big One que recorre la tortuosa costa. El servicio ferroviario de Amtrak cubre la mayoría de los tramos con trenes de doble piso pero, a veces, los pasajeros tienen que apearse en estaciones intermedias, como Santa Barbara, y continuar en autocar, a lo que se suman retrasos de casi una hora. Numerosos turistas que regresan en coche del parque Yosemite se ven atrapados en un cruce de Escalón durante 20 minutos por los que circulan kilométricos trenes de mercancía, con hasta 200 vagones. Y los diarios de San Francisco dedican páginas enteras al servicio de metro ligero Bart, al que tildan de obsoleto.

Otras veces, hay pocas frecuencias de trenes, como el Caltrain, un tren de cercanías de San Francisco a San José, que pasa por Palo Alto, Stanford y Mountain View (Silicom Valley) cada hora. Numerosos profesores y expertos informáticos que pierden por un minuto el tren, hacen tiempo en la estación de Palo Alto navegando con sus iPad a la espera del próximo. Las obras del nuevo Hight Speed Rail, bautizado por la prensa como el Bullet Train (tren bala), empezarán en el 2013 y será el primero en construirse en Estados Unidos para circular a más de 250 kilómetros por hora, pero los ciudadanos se oponen por su alto coste, cuyo presupuesto se ha disparado a 63.000 millones de dólares.
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Las Vegas: la capital del juego... y de la  tecnología (2012)

La ciudad más famosa del mundo por sus casinos se ha convertido en un referente de la electrónica de consumo

E. VÁZQUEZ PITA

Publicado el 13 de enero del 2012

La Voz de Galicia / Suplemento: Fugas

El viajero mira aburrido por la ventanilla del avión y solo ve montañas y desierto. Hasta que distingue campos de golf, piscinas y urbanizaciones en medio de la nada. Las sorpresas siguen mientras el bus del aeropuerto atraviesa Las Vegas Boulevard y se cruza con la pirámide y la esfinge de Luxor, el castillo de Disneylandia, la torre Eiffel,la estatua de la Libertad, el puente Rialto de Venecia o un templo de la Roma clásica. No hace falta tener la placa de policía forense del CSI para deducir dónde estamos. En Las Vegas, la ciudad de Nevada que nunca duerme, abrió sus puertas esta semana la Feria Internacional de Electrónica de Consumo (CES), la gran cita anual del sector.

¿Dónde alojarse?
Gran parte del negocio de Las Vegas son los lujosos hoteles levantados sobre los casinos. Por 100 dólares se puede contratar una habitación en pleno Boulevard. La mayoría de estas inmensas moles temáticas disponen de bufé abierto las 24 horas, restaurantes temáticos, tiendas de lujo, música,piscina y espectáculos. El cliente paga con una tarjeta asociada a su número de habitación. Los más impresionantes son los de la MGM, que tienen un león enjaulado en el vestíbulo, y el excesivo Caesar Palace, una lujosa réplica de la Antigua Roma en la que Julio César se sentiría como un pordiosero.

¿A qué jugar?
Todos los hoteles-casino tienen en los vestíbulos varias zonas de juego. Primera advertencia: dicen que el sonido, la música y las luces hipnotizan al jugador. Los turistas en pantalones cortos ocupan cientos de máquinas tragaperras.
En los comecocos de un céntimo, es posible apostar hasta 20 veces con un solo dólar. Una forma de que duela menos el bolsillo. Pagas por la emoción. Para presupuestos mayores siempre hay hueco en las ruletas, donde las pandillas de jóvenes celebran que la bola cae en negro. Una alegría que enjuga pérdidas. Las crupieres más veteranas echan las cartas y mueven billetes de los grandes mientras voluptuosas camareras en patines sirven un aperitivo.

Y en salas con decenas de televisores, los apostadores deportivos siguen los resultados en cómodas butacas. A la noche, viejas glorias de la canción animan las mesas. La vida en los casinos se apaga a partir de las dos de la madrugada, pero al amanecer ya hay clientes en las sillas. El aparcamiento es gratuito.

¿Dónde comprar?
Los hoteles Caesar Palace y Metropolitan albergan centros comerciales con marcas de superlujo como Louis Vuitton, Gucci, Tiffany’s o Prada. Hay otros locales especializados en cupcakes (magdalenas decoradas) o en souvenirs, donde es obligada la camiseta oficial de la serie televisa CSI. La moda de H&M ocupa grandes locales.

¿Qué espectáculos ver?
El MGM promocionó durante meses el espectáculo El rey león, con varias sesiones al día, y otro casino con el Circo del Sol.
Tampoco falta la ópera o el cine para niños. Los forenses del CSI también tienen su museo temático.

¿Dónde comer?
Para los amantes de la música, el Hard Rock. Por 20 dólares se puede comer una hamburguesa California con patatas y bebida rodeado de leyendas americanas. Los casinos ofrecen comida internacional y ofertas de bufé todo el día. Hay que dejar propina del 10 %. El local de Harley Davidson tiene una moto en el tejado.

¿Cómo moverse?
¡En limusina! Hay un tren monorraíl elevado que transporta gratis a los turistas de casino en casino por el Boulevard. Para los más vagos, existen escaleras mecánicas que cruzan las avenidas más céntricas.
La red de buses es extensa y une los hoteles con el aeropuerto.

¿Cómo casarse?
Los hoteles-casino cuentan con una sala llamada wedding-hall donde se celebran bodas (no son legales en España). Muchos van a Las Vegas a celebrar despedidas
de solteros.

VISITAS
LAS VEGAS BOULEVARD. Es la avenida principal, la más bulliciosa, la de los principales casinos y hoteles. Los más famosos son el Caesar Palace, el Luxor, el París de Verne, el Cosmopolitan,el Venecia, el Flamingo, el Copacabana, el MGM o el New York.

DOWNTOWN: El centro de oficinas de la ciudad, alejado del bulevar. Es fácil orientarse por la torre de comunicaciones que sobresale en el horizonte. Hay casinos.

GRAND CANNYON. En Las Vegas se pueden contratar excursiones en helicóptero para sobrevolar el Gran Cañón del Colorado.

UN PARQUE TEMÁTICO EN EL DESIERTO.
Foto 1. El mítico cartel que da la bienvenida a la fabulosa Las Vegas.
2. La torre Eiffel de un casino destaca en Las Vegas Boulevard (E.V.P.).
3.Una réplica de la torre de San Marcos de Venecia.
4. Miles de turistas hacen compras y callejean por el bulevar. (E.V.P.)

5. Tragaperras
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  Los mostradores desiertos (2013)


Subtítulo: Los supermercados británicos se pasan el autopago y eliminan cajeros

Autor: E.V.Pita

Publicado un extracto en La Voz de Galicia el 5 de agosto del 2013

Nota: Esta es la versión ampliada del reportaje.


Decía Napoleón que Inglaterra era un país de tenderos y la  primera ministra británica, Margareth Thatcher, estaba orgullosa de ser hija de un tendero. Pero esa imagen del pequeño colmado de Gran Bretaña atendido por un atento dependiente desaparece a pasos agigantados e incluso podría estar cambiando los hábitos de compra del consumidor europeo.
Grandes supermercados ingleses como Tesco y Sainsbury's han robotizado y automatizado hasta lo increíble sus tiendas de alimentación, la mayoría abiertas hasta medianoche, y han extendido al máximo el pago con tarjeta. Sainsbury's, tercera cadena del país con mil tiendas,  fue pionero en el autoservicio en los años 50 del siglo XX y ahora ha dado una vuelta de tuerca al eliminar la figura del cajero, imprescindible en nuestros supermercados. En los establecimientos de Sainsbury's el cliente, tras seleccionar su compra en las estanterías, tiene que dirigirse a una máquina, escanear el código de barras de sus productos en un lector láser, meterlos en la tradicional bolsa naranja de esta marca británica, imprimir su propia factura y pagar en metálico o con tarjeta en las ranuras habilitadas en esta caja automática.
A veces el sistema se estanca porque un cliente torpe o novato no entiende las instrucciones de la máquina o se lía al generar la factura con el programa informático. Pero todo está previsto y un vigilante acude de inmediato para cancelar la compra y hacer él mismo la cuenta para sacarse de en medio al cliente que interrumpe el ágil ritmo de esta especie de cadena de montaje.
Por ejemplo, en el local de Sainsbury's de la atestada estación Victoria de Londres suele haber colas de hasta veinte clientes esperando a pagar y un solo cajero. Tienen prisa porque hacen compras para su inminente viaje. La empresa ha pensado en todo y ha contratado a un encargado para repartir a los compradores a lo largo de una docena de máquinas de pago automático, dando prioridad a los que tienen pocos artículos, para aligerar los pagos y conseguir que en un minuto salgan todos con la factura. Donde habría hecho falta una docena de cajeros y varios minutos de espera para ser atendido, sólo fue necesario un instante para despachar a una multitud de compradores.


Estos sistemas de pago automático se han expandido por toda Inglaterra. Incluso en Oxford, capital del humanismo, los clientes de Sainsbury's deben escanear los códigos de barras de los productos que han tomado de las estanterías y hacer su propia factura en una decena de máquinas instaladas en el centro comercial. Nunca están libres.
La filosofía de Sainsbury's es ahorrar tiempo al cliente pero  ni siquiera el escaneo y pago automático han eliminado las colas. Por ello, en todos los locales hay una cinta separadora para que los clientes aguarden su turno en una ordenada fila sin que se agolpen. 
La automatización ha eliminado prácticamente la figura del cajero. Los únicos empleados de cada tienda son un cajero para atender a quienes hagan compras en la entrada, generalmente tabaco, sandwichs y bebidas, un vigilante para comprobar que nadie haga trampa en las máquinas y otro para ayudar a los torpes y aligerar las colas, además de los reponedores. Así un supermercado de tamaño medio que requeriría unos 20 empleados sólo necesita tres o cuatro.
Sainsbury puede alegar que el empleo lo crea a través de la apertura de nuevas tiendas, pues ha pasado de 800 a 1.000 en los últimos años. Aunque esta cadena es líder en el autoservicio, el resto de las marcas no se quedan atrás. Un ejemplo es el líder Tesco o nuevas compañías como Everything 1£ o  99 peniques, que también han instalado el pago automático pero tienen mayor número de cajeros humanos para atender a los clientes.
En el gigantesco centro comercial de Westfield Stratford, en Londres, con 250 tiendas y 75 restaurantes, estas cadenas de autoservicio y pago automático se ubican juntas como clones, señal de que la fórmula Sainsbury's ha arrasado en el país.
El fenómeno aún está lejos de implantarse en España. Aunque grandes cadenas como Ikea y Alcampo han instalado en sus locales de España las máquinas para que sus clientes escanean y paguen, aún es un hecho anecdótico. Nada que ver con el fenómeno que ha triunfado en Inglaterra y que supone un paso más en lo que el sociólogo George Ritzer bautizó como la McDonalización y burocratización de la sociedad. Se trata de convertir la compra en una especie de cadena de montaje y la tienda en una fábrica en la que el cliente coge sus productos, paga y consume, sin apenas intervención de empleados. Todo en aras de la eficiencia y el ahorro del tiempo pero la verdad es que todo el trabajo se transfiere al cliente sin que este vea reducido el precio del producto ni se libre de las colas. El comprador se convierte en un productor-consumidor (prosumidor), como auguró el sociólogo Alvin Toffler. Precisamente, la cadena de comida rápida McDonalds en Versalles, en las afueras de París, ha implantado el sistema EasyOrder. Los clientes que lo deseen hacen su pedido y pagan en una máquina en vez de encargarlo al sonriente empleado. Con la factura va al mostrador y recibe su consumición, por lo que se ahorra la cola.
Es probable que una futura proliferación de tiendas automáticas en España supusiese un duro golpe para el empleo de cajero, una figura que genera cientos de miles de puestos de trabajo y supone un salvavidas para muchas economías familiares. Pero la realidad es que en Inglaterra han triunfado estas tiendas y están repletas de clientes con mucha prisa. Quizás el anglosajón sea un estilo de vida muy alejado de la parsimonia del Mediterráneo.

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El cemento tira de Londres (2013)

De: E. Vázquez Pita
Publicado el 25 de agosto del 2013 en La Voz de Galicia, sección Economía
Ver el álbum de fotos:
Título: "El cemento tira de Londres"
Subtítulo: El sector de la construcción en la capital británica construye 115 edificios y tiene otros 110 en cartera

Un anuncio en el metro de Londres muestra a Angela Merkel como un ángel, porque rescató a Irlanda, Grecia, Portugal y España. Al lado, otro cartel la viste como diablesa porque impone la austeridad. La crisis es algo del sur y Londres da envidia al resto de Europa. La City es el refugio seguro para los inversores extranjeros como Catar. El efecto es visible: las grúas crecen como setas a lo largo del río Támesis. En los últimos años, un ejército de albañiles ha levantado 550 edificios, otros 115 están en obras y 110 más en proyecto, entre ellos la Central Eléctrica, que albergará 800 apartamentos, y el tubo helicoidal del Museo del Ejército del Aire.
Es evidente que Londres es el motor económico de Inglaterra pero muchos se preguntan si se trata de un espejismo y la capital del Reino Unido simplemente vive una burbuja inmobiliaria o asistimos a la traca final de las Olimpiadas del 2012.
Londres y sus 8,3 millones de habitantes facturan alrededor de 500.000 millones, el 20 % de la economía del Reino Unido. Pero ¿qué pasa en el resto del país? Cardiff, capital de Gales, Bristol o Liverpool agotaron sus cartuchos tras reconvertir sus muelles industriales en declive en zonas de recreo con museos, tiendas o edificios gubernamentales. La fiesta continúa pero estas urbes rentabilizan su pasado glorioso y las grúas ya se han ido. Un arquitecto holandés lo corrobora: «Hay muchas obras en Londres pero en el resto del país está todo parado».
La prosperidad atrae a inversores y emigrantes del sur de Europa estancado que trabajan de camareros. Otros sueñan con mudarse al centro. Una oficinista coruñesa que lleva 15 años en la capital británica, con piso propio en un barrio modesto, se ha sumado a la fiebre del ladrillo: «Estoy pensando en comprarme un apartamento de segunda mano más céntrico pero me piden 400.000 euros».
No es la única con ganas de invertir. Las grandes corporaciones acaban de abrir el centro comercial de Westfield Stradford, el mayor de Europa con 250 tiendas y 70 restaurantes. Al lado, otra empresa construye un gigantesco bloque de pisos para alojar a 40.000 estudiantes.
La colina del observatorio de Greenwich es un buen sitio para percibir cómo ha cambiado el skyline de Londres desde que en el 2000 comenzó a girar la noria London Eye. Sobresalen rascacielos icónicos como el Pepino de Norman Foster y las torres financieras de Canary Wharf. La cúpula de San Pablo asoma entre gigantes de acero y cristal.
A orillas del Támesis
Un paseo por las orillas del río Támesis equivale a meterse en una zona de obras rodeada de pubs donde los ejecutivos charlan con una pinta o un cóctel a la salida de la oficina. A veces, las fiestas se celebran en el ático, a la vista de todos. El éxito no se oculta en Londres.
En Southwark, entre el puente del Milenio, obra de Foster, y la Torre de Londres, los obreros dan los retoques a otro edificio emblemático apodado el Walkie-Talkie, cuya silueta recuerda a un móvil. En frente, en los Docklands, se extienden barrios nuevos de oficinas, centros comerciales y paseos fluviales. Hace unos años, allí solo había casas en ruinas y fábricas abandonadas. Ahora, la silueta piramidal acristalada de The Shard, el edificio más alto de la Unión Europea, inaugurado este año, atrae a miles de visitantes. Al lado, están las réplicas del galeón del pirata Drake y del teatro The Globe, donde Shakespeare estrenaba sus obras. A su vera nacen nuevos negocios como unos carritos-bar que 8 pasajeros mueven a pedales mientras un camarero les sirve cócteles.
En otras calles más céntricas, como Oxford Street o Victoria Station, las máquinas excavan agujeros enormes y los carteles anuncian edificios de diseño.
Pero quizás lo más impresionante sea Canary Warf, sus muelles están poblados de sofisticadas residencias, oficinas y marinas deportivas para yates.


Parón constructor en el resto del país

El resto de Inglaterra no se acerca ni de lejos al bum constructor de Londres pero viven del comercio y el turismo. Manchester cuenta con un activo aeropuerto internacional, gran vida nocturna, bullicio multicultural pero ni una grúa. Quizás los apariencias engañan, su universidad es puntera. Leeds si vivió una fiebre constructiva que renovó la ciudad con modernos bloques de apartamentos y oficinas .

En Newcastle florecen los nuevos puentes y palacios de congresos, y algunas grúas últiman proyectos retrasados. Lo mismo ocurre en Birmingham, la segunda ciudad del país, que hace una década levantó su gran centro comercial Bull Ring y ahora está construyendo una moderna torre de comunicaciones.

En villas históricas del país como Bath, Durham, York, Salisbury, Stradford-Upon-Avon, los pintorescos pueblos de los Costwolds o incluso Oxford y Cambridge, siguen en boga las restauraciones y las tiendas recogen los frutos. Tras recorrer Inglaterra, es evidente que la construcción tira en Londres porque va de la mano de las finanzas. Los barrios de negocio, como la City de London y la City de Westminster, donde se asientan las sedes de bancos y seguros, suman 190 proyectos de edificios (en la última década) , Southwark 50 y Camdem 64.

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Reportaje: Pobreza mundial

Woman in Katmandú (Nepal) / Labriega de Katmandú  Oleo 2007 - E.V.Pita... http://evpitapinturas.blogspot.com/2015/01/woman-in-katmandu-nepal-labriega-de.html
Oleo painting  "Woman in Nepal" (by E.V.Pita,2007) / Pintura al óleo: "Labriega en Nepal" (E.V.Pita,2007)

 

Reportaje: Pobreza mundial

Por E.V.Pita


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Aquí el agua no mata


Conflictos del agua en el sur de Africa

domingos de La voz
2 de enero del 2005
La Voz de Galicia


El maremoto de Asia tiene su contraposición en el delta del Okawango, un río que llena de vida las arenas del Kalahari.

Aparte de Galicia, sólo la desértica Botswana respeta tanto la lluvia. Su
moneda nacional es el «pula», que significa agua, y su dios es Ngami, el Señor del Líquido Elemento. Allí, una botella de agua mineral es tan valiosa como un diamante de sus minas.

ENRIQUE V. PITA | TEXTO Y FOTOS
(Nota: algunas fotos son de José Luis Cadahía)

El cauce del Okawango recorre 600 kilómetros del sur de Angola y 400 de la
frontera de Namibia. El delta, una de las joyas naturales del mundo mejor conservadas, preserva una gran biodiversidad. Desde el aire se distinguen las manadas de elefantes, cebras o ñus, que pastan en las islas y juncales de este pantano.

Junto a las palmeras y baobabs conviven leones, hipopótamos o águilas pescadoras. El río, que no cubre por la cintura, se ha convertido en la principal fuente de ingresos de Maun, la ciudad de donde parten los makoristas, los tradicionales remeros de las canoas de madera.

Pero estos piragüistas y pescadores han hecho saltar la alarma pues
temen que las aguas del pantano desaparezcan en los próximos meses y con ellas la rica fauna.

El dedo acusador de los makoristas apunta a la construcción de una presa en el curso alto del río por parte de Angola. Además de reducir el cauce del auga, estos embalses impedirán la llegada de sedimentos que alimenta la vida en este oasis de 15.000 kilómetros cuadrados en las puertas del Kalahari y donde residen 100.000 habitantes.

Los nativos sospechan que ni siquiera la estación de lluvias podrá regenerar la vida. Maun es la ciudad de donde proceden los makoristas del delta. Sus casas bajas con porche recuerdan a los pueblos fronterizos del Oeste americano, con la diferencia de que en los arrabales proliferan
las pallozas circulares con tejado de paja y paredes de colores. Éstas
son construidas con bloques de cemento o latas de Coca-Cola o cerveza
apiladas.

En Main Street, la calle principal, se halla la cadena de comida rápida
Nando’s, coronada por el gallo de Barcelos. En esa zona se celebra a diario el mercadillo, repleto de tiendas chinas de ropa o peluqueros
ambulantes, estos últimos instalados en casetas de madera decoradas con muestras de cortes de pelo pintados a mano. Ahora, muchas familias abandonan el campo y se instalan en las chabolas de los arrabales de Maun, algunas con antena parabólica. Las chozas se extienden a lo largo del cementerio, con las tumbas cubiertas de toldos verdiblancos, y el basurero,
rodeado de restos de chatarra, el cual conduce a la arenosa entrada
del delta. Es allí donde las agencias occidentales reclutan a los
makoristas. A escasos metros, los babuinos y sus crías revuelven en
la basura, junto a perros palleiros famélicos.

En los patios se ven mujeres tendiendo la ropa o limpiándose los dientes y a decenas niños que corretean y saludan siempre sonrientes. Sus hermanos mayores visten uniforme y están por las mañanas en la escuela. Algunos
fotógrafos sostienen que los niños africanos son felices pero la edad
media de vida en Maun no supera los 45 años. Por ello, es difícil ver
ancianos en las calles. Algunos habitantes tienen la costumbre de
caminar deprisa e incluso corriendo, como si el tiempo se acabase.

Los makoristas son reclutados en Maun por las agencias de turismo
sudafricanas. Entre los piragüistas está Freddy, uno de los remeros
más jóvenes de la ciudad. Su sueldo se basa principalmente en las propinas de los turistas, unos tres dólares por dos días de travesía, incluidos
safaris por las islas de palmeras y cruceros para presenciar el rojo atardecer y el tenue brillo de la Cruz del Sur en el cielo austral.

Freddy aspira a convertirse en guía y dedica sus ratos libres a leer un desgastado libro en inglés que identifica las especies que pueblan el delta. Su familia forma parte de los pescadores del pantano, donde capturan
en una jornada docenas de carpas blancas y otros exóticos peces que cocinan en una hoguera a la cena, acompañado de arroz y salsa verde.
Freddy dedicó dos meses a vaciar el tronco de ébano y construir su makoro, una inestable canoa de baobab.


El makorista Philip es uno de los guías más experimentados de la zona. Ha
recorrido durante años las islas del delta, distingue la mejor madera seca, reconoce las huellas de las pistas de elefantes y sabe evitar el viento para que las fieras no olfateen su olor. También ha sido profesor en Maun y habla inglés fluidamente.

Con tristeza, Philip, sentado junto al esqueleto de un elefante muerto
hace dos meses, señala con su mano hacia una planicie repleta de árboles muertos. «El delta se está muriendo. El año pasado, el agua inundaba esta zona y ahora sólo vemos arena y juncos secos».

Los makores miden cuatro metros de largo y sólo pueden transportar a dos personas sentadas sobre haces de paja y su equipaje. Continuamente, estos
gondoleros de África deben achicar con una esponja la proa, reforzada con tiras de neumáticos.

Pero lejos de cantar como los venecianos, los makoristas –entre los que hay muchas muchachas- mantienen un semblante serio durante la travesía, pues en los juncales acechan sorpresas como los hipopótamos o los elefantes que cruzan de isla en isla.

El makorista Philip descarta que la estación seca haya originado la desertización, que evapora le 96% del agua del delta. Philip culpa a las
presas, centrales hidroeléctricas, canales y acueductos que Angola está construye en el curso alto del Okavango, más allá de Rundu y las cataratas Popa. Las orillas del Cubango fueron controladas por la guerrilla Unita durante 27 años de guerra civil, lo que ayudó a preservar la biodiversidad del río. La firma de la paz el año pasado ha agilizado los proyectos hidráulicos del gobierno de Luanda, quien planea construir diez presas.

Pero Angola no es el único que amenaza al delta. Namibia ya tuvo que desistir de levantar una central hidroeléctrica en los rápidos del Popa tras una denuncia que advertía del irreparable daño medioambiental. Este desértico país quiere ampliar su sistema de canales y tuberías en Rundu para extraer agua del Okavango y abastecer a la población de la capital.
Y Botswana ha desarrollado otra presa en Mopipi para abastecer a la mina de diamantes de Orapa. La otra amenaza es el proyecto de un trasvase de agua del río Zaire al Okavango, vía Angola.

UN RÍO SEPARA LAS FÉRTILES GRANJAS SUDAFRICANAS DEL ERIAL DE NAMIBIA

El agua también equivale a riqueza en Zimbabwe. Un ejemplo son los vendedores ambulantes de las cataratas Victoria, quienes venden colgantes con la imagen de Ngami, el dios del río Zambeze. A unos cientos de kilómetros, la región que baña el Okavango también se llama Ngamiland, tierra del Dios agua. Allí, el makorista botswano Philip teme por el futuro del delta. «Angola retendrá el agua hasta que llene su embalse. Pero en los dos próximos meses, el nivel del delta seguirá bajando y, sin agua, la fauna desaparecerá. Cuando llegue la estación húmeda ya será tarde pues nada habrá sobrevivido». Este recuerda que el 20% de la riqueza de Botswana procede del turismo en el delta. El otro 60% se
obtiene de las minas de diamantes, explotadas por la firma De Beers.
Y es que las centrales hidroeléctricas se han convertido en un símbolo de progreso para el África Austral y a la vez fuente de conflictos.

Un ejemplo es Zimbabwe, país que comparte con Zambia las cataratas Victoria. El cauce de esta caída del río Zambeze a cien metros de altura, «descubierta» por el misionero Livingstone, ha disminuido debido a las presas construidas por los gobiernos de Lusaka y Luanda. En el billete de 500 dólares zimbabwés (equivalente a 0,18 euros o a un pula) figura
la imagen de una central térmica y en el de 100 un gigantesco embalse.

Ese es el ideal de desarrollismo que defiende la República Sudáfricana, el gigante económico de la zona. Matt, un profesional blanco de Johanesburgo, sostiene que el modelo sudafricano, «donde se aprecia el valor del dinero», debe servir de inspiración e impulso para el resto de África. Para entender el mensaje basta con acudir a la frontera con Namibia, en la orilla sur del río Orange. Las granjas y ranchos sudafricanos, propiedad
de colonos afrikaners, producen, con la ayuda de molinos de viento y sistemas de irrigación, extensos campos de cultivo cuyo verdor contrasta con la desértica orilla de su país vecino.

Retirado Nelson Mandela, el poder económico de Sudáfrica continúa en manos de los blancos, quienes, junto a los asiáticos, detentan de la propiedad del 90% de los negocios. Las tiendas, restaurantes o farmacias pertenecen
a blancos pero son atendidas por personal negro, mano de obra barata. Éstos ocupan las casas de cemento que, a diferencia de las favelas brasileñas, están rodeadas de muros de hormigón y alejadas de las urbanizaciones de chalés con piscina, césped y alarma antirrobo. Estas pobres ciudades satélite proliferan en los arrabales de las autopistas de Ciudad del Cabo o en el extrarradio de los pueblos agrícolas de estilo holandés cercanos al río Orange. Estas humildes viviendas también son
visibles a un lado de la carretera de Swakorpmund, la capital turística
de estilo bávaro en la Costa de los Esqueletos de Namibia. Lo mismo
ocurre en los accesos de Balvis Bay, el puerto del Atlántico que linda con las dunas del desierto namibio y donde fondea la flota pesquera gallega.

Incluso las discotecas tienen mayoritariamente clientes blancos o negros, con distinta música y precio para cada etnia. Muchos afrikaaners, descendientes de los colonos holandeses, son amigables mientras saborean
la cerveza nacional Castle pero se ofenden cuando el forastero les
pregunta por Soweto, el barrio marginal de Johanesburgo. La población de este conjunto de bloques de viviendas humildes -la más cara cuesta 1,2 millones de euros- fue duramente reprimida durante el apartheid político que concluyó hace una década. Ahora es un reclamo turístico y Winnie Mandela, la ex mujer del primer presidente negro, se deja fotografiar con los visitantes en la puerta de su casa.

Pero tras las sonrisas está la realidad: los rands siguen sin llegar a los bolsillos de los 43 millones de habitantes. El proyecto de Pretoria para fomentar una clase media capitalista entre la población de color no da sus frutos. El mayor nivel de vida sólo ha alcanzado a los funcionarios y políticos. Al amanecer, miles de trabajadores de color cruzan a la carrera los pasos elevados de la autopista de Ciudad del Cabo rumbo a las fábricas del puerto mientras los directivos blancos [y la nueva clase política negra] lo hacen en automóvil.

El auge industrial y minero atrae a inmigrantes del Norte y un ejemplo cruel de esta miseria es que los leones del parque natural Krugger se han especializado en cazar y devorar a numerosos ilegales que cruzan la frontera.


El origen de una guerra
La moneda de Botswana se denomina pula, que significa agua. El líquido elemento es más valioso que los diamantes en este arenoso país del Africa Austral, barrido por el desierto del Kalahari.
La explotación de los recursos acuíferos de los ríos fronterizos Okavango, Chobe y Zambeze se ha convertido en uno de los cinco mayores conflictos internacionales por el agua. Botswana incluso libró una guerra contra su vecina Namibia por la posesión de la isla fluvial de Kasikili-Sedudu del río Chobe, que acoge a 60.000 elefantes y miles de gacelas.

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culturas 28 de febrero del 2004
La Voz de Galicia

Tras las pisadas de Livingstone (2004)


SE CUMPLE UN SIGLO DE LA MUERTE DEL PERIODISTA HENRY M. STANLEY Y 150 AÑOS DESDE QUE EL MISIONERO AL QUE FUE A BUSCAR EN EL CORAZÓN DE ÁFRICA EMPRENDIESE SU EXPLORACIÓN

texto: Enrique Vázquez Pita

fotos: José Luis Cadahía y E. Vázquez Pita

En 1868 estalla la Revolución Gloriosa en España que destrona a Isabel II. El New York Herald envía al periodista John Rowlands, quien firma sus crónicas como Henry Morton Stanley, a entrevistar al general Prim. El corresponsal, curtido en la guerra de Secesión americana y las campañas indias, presencia los combates en las barricadas de Zaragoza y Valencia.
En octubre de 1869, el cronista, que reside en la calle de la Cruz, en Madrid, recibe un telegrama de su director, James Gordon Bennet, para que se reúna urgentemente con él en París. Stanley registra en su diario: «Me dijo que debía escribir la crónica de la inauguración del Canal de Suez, algunas observaciones sobre el Alto Egipto, las excavaciones de Jerusalén
y Crimea, la política siria y turca, los proyectos de Rusia en el Cáucaso,
la situación en Persia, una mirada a la India y finalmente,... ¡buscar a Livingstone en el África ecuatorial!».
La expedición en busca del misionero y explorador escocés concluyó en 1871 en el lago Tanganika con aquel «Doctor Livingstone, I presume?». Sir Stanley, apodado Bula Matari (Rompedor de Rocas), falleció el 10 de mayo de
1904 en Londres, hace cien años.
Su último deseo fue reposar en la abadía de Westminster junto a
Livingstone, «como era correcto», pero el obispo se opuso.

La gran hazaña de Livingstone se forjó hace 150 años. El 31 de mayo
de 1854, David Livingstone rechazó la oferta para embarcarse hacia Inglaterra desde Sao Paolo de Luanda, el puerto colonial portugués
en Angola. Prefirió internarse en las selvas, con 114 porteadores, y
alcanzar el corazón de África en una travesía repleta de horrores. El
misionero presenció crueles actos de esclavismo y canibalismo y criticó
la poligamia. En noviembre de 1855, el explorador abandonó el río Linyati, en el Chobe y «descubría» las cascadas que los nativos batonga llamaban Mosi-oa-Tunya (El humo que truena). El doctor las rebautizó como Cataratas Victoria, en honor a su reina. «Escenas tan maravillosas tienen que haber sido contempladas por los ángeles en su vuelo», anotó el misionero
en su diario, reforzado con tapas metálicas. Ciento cincuenta años después, la séptima maravilla natural del mundo sigue cautivando al viajero. La atronadora cortina de vapor de agua pulverizada se eleva en el cielo y es visible a 20 kilómetros de distancia.

Livingstone inició su aventura africana en 1840, en el puerto sudafricano de Ciudad del Cabo,en el que sobresale su meseta Table Mountain, a la que se asciende en teleférico y desde la que se divisa el cabo de Buena
Esperanza. El visitante todavía puede pasear por las coloridas casitas del barrio malayo, el Bo-Kaap, que alojaba a los esclavos musulmanes y donde ahora ruedan series de televisión. Y al caminar por los bares y galerías
de arte del Strand uno rememora los salones de Bourbon Street de Nueva Orleáns, pero sin ambiente.

Los bóers holandeses de Ciudad del Cabo le boicotearon el viaje
al misionero británico, quien se ganó el respeto de las tribus hostiles
tras denunciar el esclavismo. Siglo y medio después, el fin del segregacionismo choca contra un muro invisible: la propiedad. Es
fácil de comprobar que existe un apartheid invisible: los dueños
de las tiendas, los bares o las farmacias siguen siendo blancos
o asiáticos. Los zulúes tienen difcultades para incorporarse a la
economía de mercado. «El capitalismo sudafricano es un modelo a exportar al resto de Africa», defiende Mattew, un descendiente de los colonos afrikaners.

FRONTERA POLVORIENTA
El río Orange es la polvorienta frontera que separa la verde Sudáfrica
de la arenosa Namibia y de las resecas y amarillentas hierbas de la estepa del Kalahari. Esa fue la ruta que siguió Livingstone, donde casi se muere de sed y sobrevivió al ataque de un león.

En un remoto paraje del Orange, una colona afrikaner aparca descuidadamente
su desvencijada camioneta en la puerta del ultramarinos, junto a una chatarrería y una gasolinera de BP. La mujer, de unos 40 años, sienta a su pequeña hija en el mostrador y atiende cecijunta a los clientes. Uno se
pregunta qué diablos le ha traído a este solitario páramo. Es hora
de aprovisionarse de agua. Cuanto más arriba, más rands costará. El
líquido elemento tiene tal valor que Botswana denomina pula (agua) a su moneda nacional.

La siguiente etapa es Windhoek, la capital namibia, donde los armadores gallegos negocian acuerdos de pesca mientras la flota congeladora fondea en
Balvis Bay. La bulliciosa ciudad, plagada de centros comerciales, está a las puertas del desierto del Kalahari, cruzado ahora por una autopista. «Es una inmensa llanura con hierbajos amarillos. No merece la pena», asegura un sudafricano. Poco ha cambiado en esta arenosa planicie desde que la atravesó Livingstone. Seguramente, el también fue observado por los monos babuinos, que saltan las cercas de alambre y vagan por las
cunetas de las carreteras.

Las arenas del Kalahari mueren en el delta del Okavango. Es el único gran río del mundo que desemboca en un desierto. Los pescadores todavía navegan
por los juncales en sus piraguas de madera del baobab, llamadas makoros. La guerra civil de Angola ha preservado la fauna local pero los nativos lamentan que la ex colonia lusa construya ahora presas en el curso alto del río Cubango. «Retienen el agua, el pantano se seca y los peces habrán muerto cuando regrese la estación de las lluvias», afirma un makorista de
Maun, la villa próxima.

En el bullicioso mercado de Maun pasean mujeres herero, vestidas
con el típico traje victoriano y gorro diseñado por la puritana
esposa de un pastor protestante. Mientras, los comerciantes chinos
han sembrado Bostwana de tiendas de ropa.

Livingstone llegó en 1855 al Chobe, ahora un parque natural protegido de Bostwana donde los turistas navegan en barcaza para fotografiar la fauna salvaje en las islas. Allí viven en libertad manadas de cebras y spring-books (gacelas Thomson), búfalos, leones en plena riña, martínes pescadores que se sumergen en picado, pelícanos, águilas imperiales,
cocodrilos que devoran una cría de hipopótamo y elefantes que se recogen al atardecer.

Los lugareños residen en unas pallozas circulares, construidas con latas de coca-cola aplastadas como bloques. Una mona babuina y sus crías remueven en un contenedor de basura, mientras desfilan a su lado escolares uniformados.

Por doquier, los carteles del gobierno advierten del peligro del sida, que afecta a uno de cada tres habitantes. Y a pocos kilómetros, en Zambia, comienza la zona de riesgo de la malaria.

Pasado el Chobe, es fácil divisar la nube de agua de las cataratas Victoria. La ruta hacia las cataratas continúa por la carretera de
Zimbabwe. Al contrario que en otros países del sur de África, las
calzadas carecen de alambradas y son cruzadas por elefantes y cebras, como bien advierten las señales de tráfico. Así se llega al bullicioso pueblo de Vic Falls, el único que no se ha resentido de la crisis económica de Zimbabwe, que enfrentó a los nativos con los granjeros blancos de la antigua Rhodesia. Las cosas van mal y eso se nota en el precio de la moneda
oficial, que se paga tres o cuatro veces más caro en el mercado negro. Algo que no ignoran los vendedores ambulantes, la mayoría descalzos y con ropas raídas, quienes muestran a los turistas unos colgantes de madera que
ellos denominan Ngami (Agua).

Ngami es el nombre del lago que localizó el misionero escocés en su primera ruta por el Kalahari. Livingstone dio con el curso de las grises y turbulentas aguas del río Zambeze y poco después topó con El humo que truena. Una placa a los pies de la estatua del explorador, ataviado con su
característica gorra, recuerda que fue el «primer hombre» que presenció la caída de 545 millones de litros de agua por minuto por una estrecha falla de 107 metros de altura y 1,7 kilómetros de largo. Habría que matizar: primer hombre blanco. Pero en los años 50, antes de la descolonización, el
gobierno de la antigua Rhodesia no reparaba en esos detalles. Para
compensarlo, el gobierno nativo obliga ahora a pagar diez dólares más a los ciudadanos británicos por el visado.

El líquido pulverizado de las Vic Falls rebota y asciende en una densa columna que empapa a los visitantes desprovistos de chubasqueros. Merece la pena ver este salto, alegrado por el arco iris. En el curso bajo, aventureros y deportistas hacen rafting en canoa sobre los rápidos
más espectaculares del mundo, seguidos por la aviesa mirada de los cocodrilos. Son los mismos que luego saborean en el famoso restaurante Mama África un puré de patatas con carne de venado y aromática salsa.

Sobre los acantilados se divisa la depauperada Zambia, a la que se accede por el legendario puente de hierro sobre el Zambeze. Todos los días, camionetas con decenas de mujeres cruzan la frontera desde la cercana ciudad de Livingstone para vender fruta y artesanía de madera, tela y yeso. Basta con cruzar la mitad del puente para poder decir que has pisado el corazón de África. La orilla norte del río Zambeze, en Zambia, está poblada de jirafas, elefantes y hipopótamos. Las barcazas y cruceros continúan en dirección a Angola y se detienen ante la rojiza puesta de
sol.

Livingstone prosiguió su ruta por este río hasta desembocar en la costa de Mozambique. Fue el primer europeo, que se sepa, que cruzó a pie el continente africano de oeste a este.

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Portugal: esclavos en la "raia" (2005)

Publicado en La Voz de Galicia el 29 de abril del 2005, en la página 18

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Reportaje | Miseria humana al otro lado de la «Raia» (y III)

Agricultores contratados plantan patata en un campo de Vila Chá, cerca de Vila Real

La cantera de los esclavos lusos

Los vecinos de las aldeas de Trás-os-Montes no dejan nunca solos a los deficientes mentales o los enfermos psíquicos por temor a que sean secuestrados por los negreros.

Texto: E.V.Pita / Fotos: Oscar Vázquez

«¡Márchense! No queremos hablar de eso. Pasó na altura (hace tiempo)», grita Deolinda de Fátima desde la puerta de su desvencijada casa. Ella y sus cinco hijos viven en Carrazedo do Alvão, una polvorienta aldea de la sierra, en el corazón de la deprimida región de Trás-os-Montes.

Enfrente, en el bar sólo hay aparcado un Mercedes con matrícula de Pontevedra. Dos hombres mayores toman algo en la barra junto a un joven de sonrisa extraña. Todo el mundo en Carrazedoconoce la historia de Vasco, el hijo de Dionisia que tiene retraso mental y no puede hablar a sus 21 años. Su hermano Júlio relata su ventura: «Se lo llevaron por la noche en una furgoneta roja para trabajar a 20 kilómetros dentro de la frontera española. La GNR contactó con los del otro lado y lo encontraron. Pero eso fue hace tiempo, ¿por qué revivirlo ahora?». Su madre lo interrumpe entre sollozos y lamentos. No quieren más publicidad para su caso. Júlio discute con su progenitora y se retira. «Me gustaría visitar España. Allí están muy avanzados», se despide.

Esta zona agrícola vive ahora gracias a las obras de la autopista.
A pocos kilómetros está Vila Pouca de Aguiar. El comandante del puesto de la GNR recuerda de oídas el caso de Vasco. «En los últimos años no hemos vuelto a registrar secuestros», dice. En un bar del moderno pueblo sirven aceitunas cultivadas en la cercana Valpaços. El pasado mes de diciembre, Armando, un enfermo psíquico, logró huir de una quinta (finca o bodega) de esa zona. Sus patrones lo obligaban a recoger aceitunas allí y, en los veranos, a montar norias y barracas en España, incluida Galicia.

La carretera entre Chaves, localidad lusa fronteriza con Verín, y Vila Real forma parte de la ruta de los esclavos. La mayoría de los 22 detenidos en Oporto en la operación Liberdade residían en villas
agrícolas próximas como Murça, Chaves y Mirandela. Todas estas localidades están al borde de las carreteras que se dirigen a la frontera con España.
Los escenarios de los secuestros registrados en los últimos diez años también son cercanos: Vila Pouca de Aguiar, Vidago, Valpaços o Agarez de Vilamarín. Esta última aldea está a cuatro kilómetros de Vila Real. Desde lo alto se divisan las terrazas de viñedos. En una humilde casa vive Cristina. Ésta asegura que su hermano Armando, un enfermo psíquico que precisa cuatro calmantes diarios, vive atemorizado desde que huyó de una banda lusa que lo retuvo dos años.

«Teme que sus patrones de etnia gitana vuelvan a buscarlo. Hace meses que no trabaja y va a todos lados con su padre. Después de su fuga aparecieron coches de forasteros por aquí. Son unos criminales de la peor clase», dice.

Otro joven del pueblo, con deficiencias, es vigilado constantemente por su familia para evitar que la mafia lo secuestre y lo obligue a trabajar en la vendimia, la recogida de fruta, la chatarra o las piezas de atracciones en España.

Los vecinos de las aldeas montañesas de Vila Real han denunciado, al menos, seis raptos más. «Sé de dos casos en Chaves, otro en Sapiaos, en Medrões y en Vila Cova. Uno de los desaparecidos escapó y volvió a ser raptado. Todos eran deficientes», añade Cristina.
Alfredo, un ex trabajador de La Rioja, confirmó los abusos al Jornal de Noticias.

Vila Chá es una aldea que se halla a pocos kilómetros de Vila Real. La zona cuenta con molinos aerogeneradores y grandes explotaciones de vacas. José Luís Olves es un ex militar retirado que se dedica a la agricultura. En sus campos trabajan cinco empleados que plantan patata. «Necesito mano deobra porque la maquinaria sale muy cara. Toda mi producción la vendo en los restaurantes de Vila Pouca», cuenta el empresario.

La mayoría de sus jornaleros son mujeres. «Sólo encontré a un joven en los dos pueblos más cercanos que esté dispuesto a trabajar en el campo. Los demás se van a las canteras o a las obras», relata el patrón mientras se ajusta las gafas de sol, al lado del todoterreno.

La historia de ese jornalero podría llenar un culebrón. «Su mujer enloqueció, se separaron y ella se quedó con sus propiedades.
Él vive de la agricultura porque es lo único que tiene», afirma el empresario. Fernando es un peón de 30 años, vecino de una aldea de Vila Real, que trabajó en la vendimia de Logroño. «He viajado mucho. Hablo francés y algo de alemán», añade en el idioma galo. Acepta contar su historia a cambio de una invitación a dos cervezas para combatir el calor de la dura jornada. Pero al entrar en el bar, el patrón le reprende y le encarga nuevas tareas.

Las familias lusas piden ayuda a la policía española para localizar a los desaparecidos. António Manuel, un deficiente mental de Vidago, cerca de Chaves, tiene ahora 32 años y sus padres sospechan que anda perdido en España desde hace diez años, trabajando en la vendimia.

«Aparecieron dos hombres de etnia gitana y nos ofrecieron ganar dinero en la vendimia. Cuando mi hijo estaba solo, le prometieron una bicicleta, le pegaron y se lo llevaron», declaró su padre al diario
24 horas.

Fuentes sindicales de La Rioja indicaban ayer que las pequeñas bodegas «contratan a gente por la mañana que se va días después. Las investigaciones no pueden demostrar nada».
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Nepal, paz en el Everest (2006)

19 DE NOVIEMBRE DEL 2006 | LOS DOMINGOS DE LA VOZ | 15

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La paz vuelve al pie del Everest

Nepal pondrá fin a la guerra civil de diez años que enfrentó a la monarquía y a los guerrilleros de ideología comunista

E. VÁZQUEZ PITA | TEXTO Y FOTOS


Dice un chiste nepalí que en ese país hay cuatro formas de casarse: una mujer con dos o más hombres, un hombre con varias mujeres, un matrimonio por conveniencia y la elección de pareja por amor. «Esta última es la más rara», bromea un nativo criado en el campo.

Dicen que el amor fue lo que empujó al príncipe heredero Dipendra a masacrar con una ametralladora a toda la familia real en junio del 2001, disparó a la familia real porque se opuso a su boda. Estaba furioso porque sus padres, instauradores de un régimen parlamentario, habían desaprobado su elección de esposa. El asesino murió en el hospital tras ser coronado rey y el trono pasó a su tío Gyanendra, el único superviviente de la dinastía.

La tragedia perdura en la mente colectiva de los nepalíes, impacientes por contar esta historia a los recién llegados. Pero la paz vuelve a Nepal, un país situado a los pies del Himalaya y tan grande como Portugal pero con el cuádruple de población.

Desde el inicio del verano, los habitantes de Katmandú, la capital, respiran un inusitado optimismo. Es cuestión de días que un pacto cierre las heridas de una guerra civil que enfrentó durante diez años a la monarquía y a los guerrilleros maoístas de ideología comunista.

La calma sólo se vio interrumpida en agosto por una huelga general del transporte que provocó una imagen inaudita en Asia: no circulaba un sólo cocheni motocarro por la calle. Un silencio sepulcral que agradecen los forasteros recién llegados del bullicioso y caótico país de la India.

Durante días, Katmandú estuvo cortado por barricadas levantadas por ciudadanos airados que protestaban por la subida de la gasolina hasta casi 80 céntimos de euro, un lujo en un país que está a la cola por renta per cápita. Los motoristas y conductores hacían largas esperas a la entrada de los surtidores públicos. «Las gasolineras privadas han cerrado porque almacenan el combustible a la espera de que la tarifa suba», comenta un curioso que observa las colas y una fila de militares que ronda a pie por la carretera.

Katmandú fue la gran ciudad desde la que el explorador Edmund Hillary partió en su hazaña de escalar el monte Everest. Desde la avioneta que sobrevuela las cumbres nevadas y rodeadas de nubes, uno no puede más que sobrecogerse ante la grandeza de la cordillera del Himalaya, el techo del mundo que tocó la porriñesa Chus Lago.

El Everest (los nepalíes lo llaman Sagarmatha) es visible, cuando no hace niebla, desde un pequeño mirador situado a 30 kilómetros de Katmandú. Al caminar por las aldeas cercanas se puede sentir un remanso de paz, lo que no oculta la dureza de la montaña. Sus pobladores viven en la calle. Se pueden ver ancianos agricultores que cargan fardos de arroz o cuidan los rebaños, amas de casa semidesnudas que se asean en la acera porque carecen de agua o campesinas sentadas en la calzada mientras mallan la pimienta o secan las hojas.

Sólo los niños parecen ajenos a esa crudeza y elevan distraídos sus cometas de colores sobre los tejados de ciudades milenarias. Y es que las escuelas no están para lujos: los maestros,algunos veinteañeros, tienen que mendigar a los extranjeros lápices y libretas para sus alumnos. Otros son huérfanos y frecuentan los templos hindúes, algunos tan curiosos que tienen como dioses a las ratas, a las que sus cuidadores dejan corretear en el altar.

Tres adolescentes pasan el tiempo en las aldeas con sus bicis y comentan sus ansias de ir a la ciudad a trabajar. No saben dónde está España, pero hablan maravillas del Real Madrid. Otros aprenden idiomas con los turistas que hacen senderismo por los campos de arroz, que llenan el paisaje de un verde luminoso jamás visto en Galicia. Y algún joven monje budista juega al ajedrez en la acera con sus amigos mientras los viejos beben té en una tasca cercana.

Estas montañas han curtido a los 30 millones habitantes de este país, la mitad analfabetos y la otra mitad menores de edad. Un ejemplo de la dureza de carácter son los serpas. Es fácil toparse con ellos por las concurridas calles de Katmandú. Éstos, delgados y de baja estatura, caminan impertérritos con sus hombros cargados con dos sofás, sólo sujetos con una cinta a la frente. Estos porteadores tienen una habilidad especial para doblar su espalda. Fue uno de ellos, Norgay, quien compartió la gloria de alcanzar la cumbre del Everest.

Katmandú no sólo atrae a montañeros que consiguen zamarras de goretex a 50 euros. En los años sesenta fue la meca de los hippies que llegaron para practicar el budismo. Hay un barrio que se llama El Pequeño Tíbet. Se trata de un complejo de templos a donde se han exiliado muchos monjes que huyeron del país vecino invadido hace décadas por China. El retrato del Dalái Lama preside, a los pies de Buda, los edificios en forma de campana y dominados por dos grandes ojos azules pintados en su frontal.

Pero quizás sea más impresionante el palacio de madera de la diosa viviente Kumari, en el centro de la ciudad. Una niña, a la que unos religiosos han reconocido como diosa, vive recluida allí y sólo se asoma por el balcón al oír el bullicio de los visitantes.
Cuando la saludan, ésta se ofende y se retira a sus aposentos. Llegará un día en que la niña tenga su primera menstruación y será destronada. Algunos creen que es una forma de robar la infancia a una menor. La última diosa siguió sus estudios en Nueva York.

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Vuelo sobre el Everest (2007)


Publicado en  La Voz de Galicia

Suplemento Fugas

Viernes, 8 de noviembre del 2013

Por: E.V.Pita

APUNTES DE VIAJE [ NEPAL ]


E. V. PITA | [..] En un viaje a Nepal de hace unos años,tras salir de las calles llenas de miseria de la India, la pobreza seguía presente en las cordilleras nepalís. En su capital, Katmandú, una mujer pedía a los transeúntes dinero para comprarle leche a sus hijos. Una turista no le dio dinero, pero fue a la tienda que había a escasos metros y le compró un litro. Dijo que jamás su conciencia permitiría que un niño se quedase sin leche, fuese verdad o no la historia de la mujer.
Pero en Nepal la pobreza está presente en todos lados y es una forma de vida ante las escaseces de este país aislado entre las cumbres más altas del mundo. Por ejemplo, sherpas con la espalda doblada cargaban hasta dos sofás a sus hombros. La capital estaba repleta de estos formidables porteadores que cargaban pesos increíbles. Por algo, los sherpas fueron los primeros en escalar junto a Edmund Hillary el monte Everest. Para quienes no somos escaladores del nivel de Chus Lago, la mejor forma de rozar la cumbre del Himalaya es pagar 125 dólares. Basta con subir a una avioneta,de esas que pondrían los pelos de punta al mismísimo Indiana Jones.
El vuelo parte de Katmandú y en una hora se avista la cima del Everest, que asoma por encima de nubes tan negras que a uno se le quitan las ganas de intentar escalarlo. Para obtener la mejor foto, el piloto deja que los viajeros entren en su cabina.

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India: la cara fea de Bollywood  (2009)

Publicado en páginas 6 y 7 de Los Domingos de La Voz de Galicia, el 1 de marzo del 2009

REPORTAJE | LOS ESCENARIOS DE «SLUMDOG MILLIONAIRE»

La cara fea del glamur de Bollywood

Enlace permamente: http://reportajesdeevazquezpita.blogspot.com/2011/09/india-la-cara-fea-de-bollywood-2009.html

El mayor suburbio de Asia nada tiene que ver con los tonos pastel
de las superproducciones indias

E. VÁZQUEZ PITA | TEXTO

Si el cine es soñar, la India es el mejor ejemplo. La ganadora de ocho estatuillas de los Oscar de este año, Slumdog Millionaire, tuvo que ser escrita y dirigida por extranjeros porque unos productores de Bollywood, la meca de la industria cinematográfica de Bombay, jamás aceptarían filmarla.

¿Cuál es la razón? Pues que el aplaudido filme británico no cumplía las cuatro reglas de oro de la industria cinematográfica india: tonos pastel, feliz historia de amor y música alegre. El lector observará que falta la cuarta regla. No es ningún despiste, consiste en la ley invisible de silenciar la miseria. No puede salir nada que afee la gran pantalla.

Sin embargo, Slumdog Millionaire, se saltó las reglas no escritas y recrea la miserable vida de los niños del barrio de Dharavi, el mayor suburbio de Asia.

El extranjero que pasa unos días en la India no puede ignorar la pobreza extrema en que malviven millones de habitantes porque asoma delante de sus narices. El turista pasea por calles sucias y
llenas de basura, donde los monos y las vacas pastan libremente, se topa con familias enteras que acampan en las medianas de las autopistas o flacos hombres que tiran de los rickshaws o carromatos.

La pobreza está siempre presente en la vida cotidiana, es difícil acostumbrarse. Aunque los nuevos rascacielos y áreas de negocios en Nueva Delhi o en Bombay crecen como setas, a escasos metros son visibles los niños desarrapados que juegan sobre los tejados de las chabolas.

Sin embargo, como por arte de magia, todas esas imágenes son borradas de las películas, que se convierten en asépticos escenarios de cartón piedra. Sus protagonistas viven en un irreal mundo multicolor de clase media americana en plan anuncio publicitario. El forastero acaba por entender que Bollywood tiene éxito porque el público paga por unas horas de sueños y fantasías, que le
permiten escapar precisamente de la miseria real del día a día.

La película «Slumdog Millionaire» se rodó en Bombay. Este antiguo puerto portugués y luego colonia británica en el Índico es la capital financiera de la India y corazón de Metro Cinema Bombay, capital de la industria cinematográfica. La ciudad genera por sí sola el 38% del producto interior bruto del país. Tiene casi doce millones de habitantes, con una densidad de 27.000 personas por kilómetro cuadrado.

Dharavi, el barrio marginal de Bombay tiene 400.000 habitantes por kilómetro cuadrado, hacinados en chabolas y chamizos. Un millón de almas comparten tres kilómetros cuadrados de terrenos inundables.

CIUDAD DE PARIAS
La vida en Dharavi

El sistema segregador de castas está prohibido en la India, pero la mayoría de los barrenderos son de la casta inferior o intocable, los únicos autorizados por la religión a tener contacto con la basura. El auge económico de Bombay atrae a estos parias que finalmente acaban recluidos en Dharavi, atrapados nuevamente en la miseria de la que solo un héroe, como el protagonista de «Slumdog Millionaire», ha logrado salir. Este hogar de miles de familias solo tiene agua potable dos horas al día y está rodeado de canales de aguas fecales. Un proyecto urbanístico pretende demoler toda la llanura para construir nuevas oficinas de la «City».

BULLICIOSAS CALLEJUELAS.

Todas las capitales de la India tienen sus suburbios pobres. En las afueras de Jaipur, los monos y los cerdos salvajes se disputan la comida de los basureros con los niños. En los barrios apartados de Nueva Delhi, los carniceros muestran sus productos al aire y rodeados de moscas. En Agra, a pocos metros del mausoleo del Taj Mahal, los inmigrantes llegados a la ciudad duermen en las aceras, protegidos por una lona tendida sobre dos palos.

En el distrito de Dharavi (Bombay), en la foto, la miseria es tal que sus habitantes no hacen los pagos con monedas sino con trocitos de plásticos de colores. Los negocios, como en toda la India, son pequeños cubículos donde los barberos cortan el pelo a la vista o los artesanos muestran sus mercancías rodeados de dos vías férreas.

EN DIRECTO | LA SALA MÁS FAMOSA DE LA INDIA

SESIÓN DOBLE EN EL CINE RAJ MANDIR

El Raj Mandir es el cine más famoso y de mayor glamur de la India. Está en Jaipur, la capital de color rosa de los marajás del Rajastán. Su gran anfiteatro de butacas, de paredes color pastel y techos con lámparas de cristal, acoge al público de todas las castas deseoso de ver los últimos estrenos de Bollywood.

El moderno recinto atrae a vistosas damas con sus coloridos saris y a nuevos ricos que aparcan sucoche de alta gama a las puertasde la meca del cine. Pero también es un gancho para los turistas que llegan al lugar en un motorickshaw de alquiler. A pocos metros, hay un atestado restaurante de comida rápida McDonald’s. Su menú, lógicamente, es vegetariano, pues en la India las vacas son sagradas y no se puede hacer hamburguesas con ellas.

Pero la entrada al Raj Mandir requiere paciencia, pues primero hay que sortear las colas de las taquillas, que se dividen en billetes separados por sexos. Por ello, los varones aguardan su turno en una cola y las mujeres en otra. Los extranjeros que tengan prisa pueden presentarse en una taquilla exprés, situada en una discreta esquina, que vende billetes al doble o triple de precio y donde, evidentemente, no hay cola.

COLAS EN LA TAQUILLA.
El cine Raj Mandir, situado en un lateral de la calle Bhawandas Road de Jaipur, es la sala más famosa de la India. El público masculino aguarda pacientemente su turno en la cola de la taquilla para ver el último éxito de Bollywood. La sala de proyección fue inaugurada en 1976 y destaca por su estilo de arte modernista. Tiene capacidad para 1.273 espectadores.

El portero, vestido de uniforme de gala, hace pasar al público dentro del magnífico vestíbulo, de estilo victoriano, con vistosos espejos, colores pastel y escaleras por las que podrían desfilar grandes estrellas del celuloide. El auditorio parece tan extenso como un campo de fútbol, con mas de un millar de butacas, y las paredes y balcones decorados en tonos pastel.

Bienvenidos a Bollywood.
Empieza la sesión, con un espectacular baile en una zona turística de Nueva Delhi. Los personajes hablan en indi, uno de los idiomas oficiales del país, y hay que imaginarse los diálogos. En mitad de la película, entra una espectadora con su hijo envuelto en la espalda, en su sari y al que consuela. Al poco, suena un móvil y alguien del público se pone a hablar.

Por suerte, el cine es un lenguaje universal y la historia es fácil de seguir sin comprender los diálogos. El chico enamora a su novia tras una edulcorante escena que cumple otra regla no escrita de Bollywood: nada de sexo ni desnudos.Se trata de cine familiar para todos los públicos. Al final de la primera parte, que duró dos horas, el público descubre que el amante de la protagonista, con la que ha tenido un hijo, es un sanguinario terrorista.

Tras el descanso, arranca la segunda parte. Ahora cambia de género: drama, tiros, acción y persecuciones estilo Hollywood. Al salir, busco una tienda para comprar el cedé con la pegadiza banda sonora de la película.
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Viaje a Dublín (publicado en Sección de Economía de La Voz de Galicia)
Publicado en La Voz de Galicia ( 18 de abril del 2010 )

Enlace permanente: http://reportajesdeevazquezpita.blogspot.com/2011/09/seguira-irlanda-la-estela-de-grecia.html

¿Seguirá Irlanda la estela de Grecia? (2010)


El Tigre Celta es la letra I del grupo de países PIGS, con un déficit fiscal del 14%, un paro del 13% y dos bancos zombis

Autor:
E. Vázquez Pita

Irlanda era un país pobre, pero en 1973 ingresó en la UE y las recetas neoliberales acabaron disparando su economía. El cebo de los bajos impuestos y la escasa regulación atrajo al dinero y, en el 2000, el crecimiento del producto interior bruto tocó un techo del 9,4%, el triple de lo normal en Europa. El país de nuevos ricos fue apodado el Tigre Celta para compararlo con la dinámica Asia. Diez años después, la burbuja estalló y el aquel tigre es ahora solo un zombi. En el 2009, su PIB cayó un 7,9%, el déficit público trepó hasta el 12% y el paro supera ya la barrera del 13%, el sexto más elevado de la UE.
Irlanda tiene el dudoso honor de representar la letra I de las siglas PIGS, término utilizado para englobar a países con graves problemas de déficit y del que también forman parte Portugal, Grecia y España. Atenas acaba de recibir un salvavidas de 30.000 millones de sus socios europeos y Dublín puede ser la próxima ficha en caer. Así lo cree el columnista financiero David McWilliams, de The Sunday Business Post , quien asegura rezar para que el pánico no se extienda como la pólvora.
La primera impresión del viajero que llega al aeropuerto de Dublín es la de un lugar gris al que le vendría bien una mano de pintura. Las infraestructuras son la asignatura pendiente del país, pero no hay que engañarse. Al salir a la calle, uno descubre la colosal silueta de la nueva terminal, un huevo metálico de estilo high-tech. Las grúas trabajan a pleno rendimiento. El ferrocarril y la autovía a Galway también han sido modernizados a tiempo. Entonces, ¿es tan grave la crisis en Irlanda?

La renta per cápita de los irlandeses sigue en el 134%, por encima de la media europea y de España. Es la herencia del bum de los noventa, cuando la construcción y los microchips hacían correr el dinero. Impuestos baratos atraían a los inversores americanos y al capital alemán. Ahora, Irlanda recorta el gasto para atajar su deuda, un 60% del PIB.

«Esto ya no es lo de antes», refunfuña un taxista. «La culpa es de gente como Quinn», dice una residente. Durante la bonanza, el multimillonario Sean Quinn pidió un préstamo al Anglo Irish Bank para comprar acciones del propio banco, en el que, cuando estalló la crisis, el Gobierno tuvo que tapar un agujero de 180.000 millones. Lo que queda ahora es una ciudad fantasma de oficinas acristaladas, hoteles sin clientes, campos de golf sin socios y chalés adosados vacíos. Y una enorme deuda que pagar.


El ladrillo se hundió, pero la informática continúa atrayendo a los inversores

Los irlandeses tienen una anécdota para todo. Muchos han fijado ahora su atención en el edificio del Banco Central. ¿Por qué tiene todas sus ventanas tapiadas? Cuentan que, hace tiempo, una ley estableció que que cada ciudadano debía pagar impuestos según el número de ventanas de su casa. Algunas iglesias de Dublín y el Parlamento las tapiaron todas para ahorrar. Allí está situado ahora el Banco Central, que se ha marcado el objetivo de reducir el déficit público hasta el 3% cuando hace tres años se dedicaba a inyectar capital en los mercados internacionales. La luz solo entra por un patio del Banco Central, un lugar lugrube comparado con las nuevas oficinas acristaladas de los Docklands, donde los peatones pueden ver absolutamente todo lo que pasa dentro.

La crisis ha golpeado más fuerte en Waterford, al sur, la quinta ciudad del país. La famosa cristalera que alegraba la ciudad era todo un emblema industrial, pero ha cerrado sus puertas para trasladarse a China. La deslocalización ha dado la puntilla a esta zona.
Con Dell pasó algo parecido. La multinacional americana de ordenadores se instaló en Limerick, pero hace seis meses decidió trasladarse a Polonia, para ahorrar costes.? El ladrillo cayó pero el microchip ha sobrevivido. El suelo barato atrae a inversores tecnológicos de Estados Unidos. La red social Facebook acaba de instalar una central de servicios al cliente, y la red de negocios Linkedln, otra. Hay oportunidades para los teleoperadores porque es un país barato que habla inglés.


Los Docklands, herencia de una época de bonanza


Los años de bonanza tienen su espejo en los Docklands, una zona de diques abandonados en la desembocadura del río Liffey en Dublín. En diez años, se levantaron decenas de edificios de oficinas, de estilo h igh-tech , plazas y centros comerciales con boutiques y comida internacional. Las terrazas siguen llenas, pero los inmuebles parecen desangelados como si fuese un barrio fantasma. Carteles de «To Let» (Se alquila) asoman por las ventanas camino al nuevo puente de Calatrava que simboliza la lira, y al teatro O2. El Gobierno acaba de ampliar la línea de metro ligero Luas para atraer residentes.? El estallido de la burbuja inmobiliaria obligó a los obreros polacos a volver a su país, pero las tiendas especializadas en productos del Este siguen abiertas.
En Galway, la segunda ciudad del país, que acoge a una gran comunidad gallega, la construcción de chalés adosados cesó de repente. «Hubo un auge de la especulación, muchas urbanizaciones nuevas», recuerda Susana Fernández, una economista coruñesa que trabajó en el audiovisual de Galway.

La clase media de Irlanda, lastrada por las hipotecas, se afana en buscar gangas

Los desempleados rondan los 300.000?y la renta per cápita se desploma

La señal de que algo va mal saltó durante las fiestas de San Patricio, a mediados de marzo. El consumo de cervezas Guinness en las calles de Dublín descendió respecto a años anteriores. Era la mejor prueba de que hay crisis y de que la clase media irlandesa consume menos, empobrecida por los créditos e hipotecas pedidos en el pasado. En dos años, la renta per cápita ha pasado del 145 al 134% de la media europea.
Basta con pasear por la bulliciosa calle de la moda, Henry Street, donde se concentran las cadenas de grandes almacenes H&M, Zara, Marks & Spencer o la exitosa Pennyes (Primark). Decenas de clientes salen por las puertas de Pennys cargados de bolsas de papel. No son víctimas de una fiebre consumista, sino que se aprietan el cinturón. Las estudiantes del Trinity College encuentran allí grandes gangas, como camisetas a cuatro euros y vestidos a cinco. Hay prendas por dos euros, más baratas que en los bazares chinos. Pennys hace su agosto en plena crisis. En la esquina de los grandes almacenes, un homeless se acurruca en un saco de dormir.

La inflación del 2009 ha aupado los precios por encima de los españoles. En las calles secundarias, los escaparates lucen tentadoras ofertas y saldos. Hasta Burger King promociona el Eurosaver (Euroahorro). Y en el centro comercial de St. Stephen los clientes desayunan y miran, pero no tocan los diamantes.
Un paseo por Temple Bar, la calle de copas de Dublín, revela que, como en España, la crisis no ha cerrado ningún pub pese a que el país ronda los 300.000 parados. Pero la capital es joven y nadie se priva de su pinta de Guinness a cuatro euros; o de una botella de Albariño por 30. Las terrazas rebosan de clientes y las adolescentes visten lo más posh. Caminan con tacones de aguja hacia los clubes nocturnos privados del barrio georgiano, un distrito para ricos de la capital. Al amanecer, la luz muestra hileras de carteles colgados que anuncian traspasos de oficinas. Hay pocos negocios cerrados, la mayoría son inmobiliarias.
En los barrios del norte ha surgido una nueva clase social: los nackers, una tribu juvenil de flequillo y sudadera. Eternos parados, son pensionistas. «Mejor, no tener nada con ellos», advierte un residente. El colchón para un paro del 13,2% es la paga social, unos 600 euros. El desempleo es inferior que en España (19%) y muchos obreros de la construcción han regresado a sus países de origen. La pobreza sigue oculta. En la capital, son escasos los indigentes que duermen a la intemperie. En villas como Donegal, ninguno. En Dublín, decenas de rumanas piden limosna en el puente Ha Penny. Antes, había que pagar medio penique de peaje por cruzar el río. Ahora, está flanqueado por jóvenes de apariencia sana que padecen problemas de droga, sentados en silencio con un vaso de plástico vacío en la mano. Algunos critican que la paga social incentiva la pereza. Pero Irlanda, pese a ser un país católico, parece más próxima al sistema neoliberal del Reino Unido y Estados Unidos que al bienestar europeo. Ir al médico no es gratis y el que puede contrata un seguro privado.
La crisis ha generado irritación, pero pocas protestas callejeras. En los soportales del histórico edificio de Correos, donde se libró un episodio de la independencia irlandesa, se manifiestan a diario speakers que recogen firmas por todo: contra el aborto, en apoyo del Sinn Féin o contra la pederastia religiosa. Nadie contra la crisis. A la vuelta de la esquina, ante la puerta de un Zara, un grupo de Socialist Workers corea por megáfono consignas contra la banca y clama por una revuelta.
Pero la crisis ha tenido un malsano efecto secundario: el racismo. Hace una semana, varios miles de inmigrantes se manifestaron contra el asesinato de un estudiante adolescente de origen africano. La tensión crece.

Añadido del autor: en el artículo original pubicado en la sección de Economía de La Voz de Galicia el 18 de abril del 2010 figura un pequeño paquete qe ha pasado desapercibido al volcar la información en la web. Dicho paquete recoge las quejas de un irlandés por las medidas que ha tomado su gobierno para atajar la crisis: congelación de salarios de los funcionarios y otros ajustes. Esta receta sería aplicada a España unos meses después.
Salarios congelados en Irlanda (último paquete del reportaje de Economía de La Voz de Galicia.
«Tenemos los salarios congelados mientras suben los impuestos»

Autor: E. Vázquez Pita


Javier Berrocal es un informático de A Coruña de 27 años que trabaja en Dublín. «Un amigo me dijo que había muchas oportunidades, que alguien que no hablase inglés podía colocarse de camarero. Pero un mes después de llegar aquí leí en la prensa: '' Recesión'' », relata. Salió adelante. «Pasé por varias entrevistas y una empresa informática me contrató en dos meses», dice.
Un amigo suyo, Iosaf, un ingeniero de informática de 31 años vive la crisis más de cerca. «Ahora esperas menos tiempo por una mesa en los restaurantes», comenta. Asegura que en los centros comerciales, la gente pasea más que antes, cuando se les veía cargados con bolsas. «Tenemos los salarios congelados mientras suben los impuestos», relata dejando entrever cierto enfado.
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Rescate: Portugal amanece conmocionado (2011)


Publicado el 8 de abril del 2011 en La Voz de Galicia
http://www.lavozdegalicia.es/dinero/2011/04/08/0003_201104G8P6991.htm

«Me marcho para Brasil», dice una comerciante de Valença que cierra su negocio tras 20 años. «El país está todo triste», admite un empresario.


E. V. PITA
VALENÇA / ENVIADO ESPECIAL


Son las nueve de la mañana y  ya se ven los primeros turistas mirando los escaparates de las tiendas de toallas de la Fortaleza, en Valença. Aquí viven del turismo español. Parece una mañana normal si no fuese porque
los portugueses se han desayunado con portadas como «Portugal pede ajuda» o «Sócrates forçado a pedir ajuda». La petición de rescate a la UE y al FMI ha dividido a los portugueses, pero a nadie lo pilló por sorpresa.
«Tenía que pasar, se veía venir», comenta un cliente del quiosco.

Una vendedora de toallas admite que no comprende la mecánica macroeconómica que implica el rescate financiero, pero su intuición le dice que algo va mal. «No sé si era necesario o no, pero me basta con lo que he visto de los países que han pedido ayuda, como Grecia o Irlanda,
y que no les ha favorecido nada», comenta.

El propietario del bar Limoeiro, João de Amorin Gomes, es de los que apoya la medida del Gobierno. «Era lo correcto, no teníamos alternativa. Peor ya
no podemos estar, Portugal está todo triste, nadie confía en el otro, los salarios bajan y el coste de la vida aumenta. La gente está endeudada y con la soga al cuello, si España cae no sé qué va a pasar», augura. «A vosa
crise é a nosa», añade la camarera, que se sorprende al oír que en España hay «cinco millones» de parados. Una clienta sexagenaria que siguió atentamente por televisión el discurso de Sócrates se ríe nerviosa: «¿Crisis, qué crisis?».

La vendedora de paños del bajo colindante, María Sameiro, está sentada en la terraza sin pedir nada. Tras 20 años, cierra su tienda «por saturación [cansancio]y por la crisis. Ya no hay algodón porque China lo acapara todo. Ahora voy a hacer cursos de formación porque me pagan con fondos de la UE. Quiero marcharme a Brasil con mi hija. Ella es ingeniera medioambiental y allí trabaja de lo suyo», dice. «Muchos no cierran porque no tienen valor», añade. ¿Cómo resistir con un IVA al 23%?

Quizás la Fortaleza viva en una burbuja económica, sostenida por el turismo español. Pero en la ciudad nueva, en la calle de los bancos, también se respira tranquilidad. Solo un mendigo que pide limosna junto a un cajero automático se lamenta ante los agentes de policía: «En Rumanía no hay trabajo».

Probamos a solicitar un crédito en un banco para abrir un negocio y comprar un coche de lujo. Para el negocio, depende. Del coche, ni hablar. En toda la mañana, ningún cliente ha comentado nada del rescate en el
Santanter Totta. «Los españoles vienen a preguntar más», explica
la directora Luisa Lopes. En la Caixa Geral de Depósitos, los
clientes tampoco han corrido a retirar sus ahorros. «La gente no
se ha enterado», admite fuera de micrófono un ejecutivo.
Un inversor español cree que «aquí se han levantado en shock,
no se dan cuenta de lo que se les viene encima. Esto es una gota
más porque aquí no vivieron los años de bonanza de España. Cuando caiga...». Otro hombre de negocios añade: «Incluso en la crisis hay buenas oportunidades, solo hay que acertar».

El dueño de un almacén de combustible, Antonio Sousa, aparca su Mercedes en la milla de oro de Valença y elogia la medida. Hace poco despidió a 3
de sus 20 empleados y va a comprar a Tui productos más baratos. «La ayuda es el mejor remedio, pero llega tarde. Muchos se van a arrepentir de no querer tomar medidas más duras como pedía Sócrates. En 1982, funcionó.
Serán tres años de ajustarse el cinturón, pero los que vivimos la pobreza sabremos sobrellevar los tiempos duros".


«Voy a Tui a por combustible y alimentos, aquí los impuestos están muy altos»

Joaquim Romeu, funcionario público de Valença, sigue de cerca los rescates. Suelen venir seguidos de despidos de trabajadores públicos. Ya ha habido recortes para los empleados del Estado que ganan más de 1.500
euros. Los impuestos han disparado el precio de los coches nuevos, «diez mil euros más caros que en España». Las bombonas de gas valen 25 euros y,
al otro lado del Miño, no pasan de 12. La gasolina del automóvil cuesta 1,54 euros y la de moto, 1,84. «Y encima quieren subir el IVA al 25%», afirma Joaquim.

Este ha aguzado el ingenio y cruza el puente para abastecerse en España de alimentos y combustible. «Lo que han conseguido los políticos es que Tui
no se vaya abajo, porque recibe divisas portuguesas, de aquí el dinero huye», dice.

La comerciante María Amoeda piensa lo mismo: «El que tiene dinero no quiere investir. Nadie compra un piso porque no le van a pagar el alquiler. Los créditos están más difíciles. En Francia o Navarra la crisis se nota menos que en Galicia».

«Sufriremos la intervención 3 o 4 años», vaticina una empleada de banca

La directora del Santander Totta, Luisa Lopes, es una de las personas mejor informadas de Valença. La petición de ayuda ya estaba descontada por los analistas. «El FMI va a instaurar unas reglas que debemos obedecer
como Grecia e Irlanda y pasaremos por momentos difíciles para controlar el gasto. La intervención de la UE conducirá a reglas para despedir funcionarios públicos, controlar las importaciones, recortes en los salarios mínimos, las pensiones, vacaciones y pluses de natalidad. No hay ningún milagro detrás», dice.
Advierte que en los rescates de 1970 y 1980, el FMI llegó a obligar a vender las reservas de oro del país: «Ahora, tendremos que sufrir la intervención durante 3 o 4 años». Y cree que Portugal ha reaccionado con serenidad porque «estamos acostumbrados a vivir con dificultades; los españoles están más preocupados porque la crisis les llegó de golpe».

Frases
«Es una gota más porque aquí no vivieron los años de bonanza que
tuvo España».
«La ayuda del FMI es el mejor remedio, ya funcionó en 1982, pero llega tarde»