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lunes, 4 de agosto de 2014

Reportaje: Escandinavia y su alto nivel de vida

Reportaje: el alto nivel de vida de Escandinavia

Por: E.V.Pita


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Desde Finlandia con calor (1994)


Publicado en suplemento Aula Magna, página 3, número 10 de 1994, 6 de diciembre de 1994
La Voz de Galicia

Texto: E.V.Pita

La anécdota: este artículo fue escrito en los albores del bum de Internet. En 1994 unos pocos universitarios Erasmus usaban el e-mail en pantallas de fondo negro para comunicarse con sus amigos en el extranjero. Los informáticos de la universidad hacían rudimentarios chats pero auguraban que cuando se pusiera en marcha una cosa llamada Web World Wide mejoraría mucho la presentación gráfica.

Desde Finlandia con calor

Sirpa K., becaria Erasmus, recibe en A Coruña mensajes por correo electrónico de sus profesores y amigos finlandeses.

Los amigos de Sirpa K. se burlaron de ella cuando les comunicó que abandonaba la Escuela de Negocios de la Universidad de Turku (Finlandia) para estudiar nueve meses, becada por el programa de intercambio Erasmus, en la facultad de Económicas de La Coruña. Sirpa, de 23 años, explica que las universitarios fineses disponen de salas de ordenador para mantener tertulias gratis con sus compañeros europeos a través de las autopistas de la información. "No sabremos nada de ti porque en España no hay esos adelantos", bromearon sus colegas bálticos.
Sus amigos se tragaron la risa al recibir en sus terminales un mensaje de Sirpa, a los tres días de aterrizar en La Coruña, donde les ponía verdes de envidia con el sol, las palmeras y las playas gallegas. La joven había acudido a los Servicios Informáticos de Apoio á Investigación (Siain) en la facultad de Informática de La Coruña. Este correo electrónico intercampus tiene la ventaja de poder enviar una carta de modo instantáneo. En un mes, Sirpa ha recibido en su buzón electrónico 42 mensajes de profesores y amigos dispersos por cinco universidades europeas. Incluso dos erasmus coruñeses que estudian en Turku, Carlos L.-M. y Álvaro S., han contactado con ella para ponerse al día de los éxitos del Superdépor.
El Siain, que depende del Vicerrectorado de Investigación coruñés, inició sus servicios hace seis meses. Su director, Bernardino A.V., ha abierto cuenta o entregado clave a 320 usuarios, en su mayoría personal investigador de 23 departamentos, doctorandos que realizan su tesis y alumnos con proyectos o cuyo acceso está justificado. De este modo, el campus de La Coruña y Ferrol están interconectados a con universidades de 80 países, a través de la red telemática Internet. Las aplicaciones Gopher y WWW permiten intercambiar bibliografía, consultar datos experimentales, figurar en listas o grupo de intetñes y penetrar en una máquina de otro campus para trabajar desde allí. 
Incluso es posible impartir tutorías. Sirpa recibe instrucciones de tres profesores de español, quienes desde Turku evalúan sus progresos en La Coruña. Esta estudiante, de tercer curso, deberá contactar en enero con un catedrático finés para que le remita las bases de su proyecto de fin de carrera. Noora, otra Erasmus que acudirá en primavera a La Coruña, ya le ha pedido papeles de matrícula, así como contactos con nativos gallegos para mejorar el idioma. Sirpa ha encontrado en su buzón un mensaje muy divertido: sus amigos le recuerdan que han comenzado las fiestas del campus de Turku, de las que ella fue elegida anfitriona el curso pasado.

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El milagro del modelo danés (2005)

La anécdota: Pasados seis años de la publicación de este reportaje cada vez es más evidente que, al escribirlo, pasé por alto la producción de molinillos de viento, algunos en el mar. Los molinos formaban parte del paisaje de Fiona y, creo recordar, haber visto alguno cuando el tren cruzó el puente que une las dos islas. En su momento, solo atisbé muy de pasada la importancia de esta nueva energía eólica para el desarrollo de Dinamarca, hoy una potencia en el sector.
En el reportaje, debí haber mencionado a las grandes compañías como Lego, etc...


Enlace permanente: http://reportajesdeevazquezpita.blogspot.com/2011/09/el-milagro-del-modelo-danes-2005.html

Reportaje publicado en la página 28 de la sección de Economía de La Voz de Galicia el 27 de marzo del 2005.

La Voz de Galicia

Reportaje | Los secretos de la agroindustria escandinava salen a la luz

El milagro del modelo danés


Dinamarca inventó las cooperativas y Castelao lo propuso como modelo para Galicia.

El pan negro o de centeno fue despreciado en Galicia por ser de pobres. En Dinamarca, aún desayunan con él. Una visita al museo folk de Odense, en la isla de Fionia, [y un paseo por sus campos, repletos de gigantescos molinillos de viento], basta para comprender la potencia agroindustrial del diminuto país nórdico.

La clave es un viejo molino de viento de 20 metros de altura construido a mediados del siglo XIX. Al entraren la instalación, sorprende la compleja maquinaria de engranajes, que ocupan tres pisos. Un mecanismo de relojería capaz de triturar toneladas de grano en harina en pocos minutos.

Al éxito de la alta tecnología se unió el fomento de las cooperativas
y de la educación. El diputado Daniel Castelao defendía ya en la década de 1930 que los agricultores gallegos imitasen el modelo danés, compuesto por propietarios minifundistas unidos en cooperativas.

El político elogiaba las 18 granjas experimentales de plantas que operaban ya en el país nórdico. Actualmente, las cooperativas escandinavas exportan cereal, leche y carne para alimentar a 15 millones de personas, el triple de su población.

Grandes complejos agroindustriales como Danish Crown o Tulip compiten por un hueco en los mercados emergentes de China.
La agricultura danesa es un negocio que factura 59.000 millones de coronas (8.500 millones de euros) en exportaciones. El 62% de su suelo está cultivado. Los mercados más exigentes, como Japón o
el Reino Unido, compran la mayor parte de su producción de carne.

Un portavoz del Sindicato Labrego, Xosé Ramón Cendán, cree que el modelo de Dinamarca está agotado. «Gastan moito en fertilizantes e sulfatos. Iso eleva os seus costos. Nova Zelanda é máis barato e Irlanda faino mellor».

La réplica la aporta Inge Merete, una ganadera de una de las 1.300 granjas porcinas de Dinamarca. El mayor exportador de carne de cerdo del mundo está sometido a bruscos ciclos. La empresaria trabaja en Allested, en la zona rural de Odense, cubierta por la nieve. Ella y su marido se hicieron cargo de la factoría Ravnelund, deficitaria en 1996. Hoy exportan 17.000 piezas porcinas al año. Toda su producción va destinada al mercado inglés, que impone altas exigencias sanitarias.

Inge Merete muestra su cadena de producción. Para ello, los visitantes deben situarse en un compartimento estanco, calzarse botas especiales y vestir un mono de faena. No preocupa tanto el olor como la higiene, como si fuese un laboratorio de la Nasa.

Rock en el establo
La propietaria de la granja enseña una estancia donde alimentan a cientos de cochinillos mayores de un mes. Las crías reciben el pienso cultivado por la propia granja en unos compartimentos metálicos y asépticos. «El pienso lo fabricamos nosotros mismos para ahorrar costes», indica la dueña. La factoría está altamente tecnificada. En una de las estancias se hallan las cerdas parturientas.

En el establo suena música rock. «Hemos descubierto que a los animales les relaja», afirma Inge Merete. Las 600 cerdas de la granja quedan preñadas dos veces al año y paren 24 cochinos. La granjera
calcula en el suelo, con una tiza, la producción anual.

En otro establo, los cerdas preñadas son cebadas por una máquina que les suministra alimento de forma automática e individualizada. Los animales gruñen por su ración. El granjero usa un sensor para
calcular si cada pieza tiene sobrepeso. Al cabo de un año, cuando pesan 100 kilos, son sacrificadas y la carne exportada. «Cada animal lo vendemos por 800 coronas. Nos cuesta 700 y ganamos cien», explica la ganadera.

La lenta emigración del campo a la ciudad

El país nórdico tenía 140.000 granjas en 1970. Ahora no pasan de las
50.000 que emplean a 61.000 personas. Suzette Ascott, una vecina de Odense, relata cómo la gente joven abandona las pequeñas granjas de la isla de Fionia para ir a trabajar a la ciudad por un salario fijo.

El proceso de concentración es visible en Ravnholt, cerca de Faaborg. El terreno es tan llano y arenoso que a la única colina de la isla la denominan Alps, como la cordillera suiza. Allí aún se pueden ver granjas familiares de vacas, las Hejmedprodukt, que no superan las 20 hectáreas. Otras tantas han sido abandonadas.

Estos negocios disponen de compartimentos estancos para almacenar el heno que dan de comer a la cabaña ganadera. La mayor granja de Fionia está ubicada en el castillo de Crown. Los cultivos de este holding de Ravnholt abarcan 3.000 hectáreas e incluyen cereal y abetos plantados para exportar en Navidad. Todo está mecanizado.


Johannes Ostergaard es mánager del Landbrugsraadet (Consejo Agrícola Danés), una entidad privada que coordina la producción de las cooperativas agroindustriales danesas.

Las exportaciones van dirigidas a 130 mercados internacionales.
¿Cuales son los secretos del milagro danés? Ostergaard los resumen en tres puntos. «La primera es que los jóvenes reciben una buena formación educativa de cinco años para ser agricultor. En ese período también hacen prácticas», indica.

La segunda clave es la unión de los agricultores en cooperativas. Éstas programan la producción y vigilan que nadie supere la cantidad de fertilizante asignado a cada suelo para cumplir las normas ambientales.

La tercera clave es la inversión en tecnología para reducir los costes. Competidores como Brasil o Nueva Zelanda son más baratos, pero los daneses acceden a mercados como el japonés que pagan más a cambio de calidad y garantía sanitaria. «El agricultor no mete el dinero en el banco porque el interés está bajo. Lo invierte en maquinaria», dice.

Torben Kudsk dirige la oficina de relaciones con la UE del Landbrugsraadet. Conoce la situación de las cooperativas gallegas tras ser invitado a visitar varias en Santiago de Compostela. «Me impresionó porque estaban muy bien organizada y sus propietarios son muy eficientes», explica Kudsk.

Los daneses se muestran muy interesados en cooperar con los granjeros gallegos en la producción de biogás. «Descubrimos grandes posibilidades», dice.

La recomendación que hace Kudsk a las cooperativas gallegas es que «no tengan miedo a crecer y crecer». Según este directivo del Consejo de Agricultura Danés, las cooperativas gallegas deben adaptarse a las peticiones de los supermercados y de sus cambios, pues cada vez son compañías mayores. «Es muy importante para los granjeros cooperar juntos, aumentar su tamaño y obtener el mejor precio», dice.

El ejemplo es Danish Crown, gigante de la alimentación que llega a los mayores mercados del mundo. «Pero para ello hay que desarrollarse y unirse hasta convertirse en una transnacional», aconseja.


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El TRD es profeta en su tierra

Publicado en sección Galicia de La Voz de Galicia el 20 de marzo del 2005

La anécdota: Cinco años después de la publicación de este artículo, la línea de tren A Coruña-Vigo se hace en una hora y 55 minutos, todavía 25 más que Copenhague-Odense. En Vigo-Oporto, no hay mejoras. La construcción del AVE rebajará estos tiempos.

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El TRD es profeta en su tierra
Dinamarca diseñó el tren TRD que circula por Galicia. Pero el InterCity del país nórdico es un 40% más veloz y cubre un tramo similar a A Coruña-Vigo en sólo hora y media


E. Vázquez Pita
Copenhague

Los copos de nieve caen sobre un andén de la Estación Central de Copenhague. Un moderno IC3 se dispone a recorrer el tramo de 160 kilómetros que une la capital con Odense, la tercera ciudad de Dinamarca, en la isla de Fionia, cuna de los vikingos.

La primera sorpresa es que los vagones del InterCity danés disponen de un parque infantil, butacas reservadas a las familias, suelo enmoquetado, máquinas de café y refrescos en los pasillos, y vestíbulos amplios para minusválidos,bicis y maniobras de salida. ¿Realmente éste es el mismo
TRD que circula por Galicia?

Sí. La silueta frontal del ICL danés es inconfundible.
La diferencia más palpable es que el lujoso IC3 combina el motor eléctrico y el diésel. En el caso gallego, la única vía de ferrocarril fue concluida a mediados del siglo XX y sigue sin electrificar ni doblar.

La distancia que une Copenhague con Odense es similar a la de Vigo con A Coruña, pero el TRD danés la cubre en hora y media. Es un 40 por ciento más veloz que la locomotora gallega, que emplea dos horas y media. Las nuevas máquinas gallegas Nexus —de la misma familia— pueden alcanzar los
160 kilómetros por hora pero sólo han acortado el viaje cinco minutos pese al visible incremento del precio.

En Dinamarca funcionan a su máxima potencia modelos como el ICL, que realizan el trayecto en un tiempo récord de hora y cuarto, con una única parada en el aeropuerto.

Un lector avisado podría replicar que comparar Galicia con Dinamarca es injusto porque el terreno del país escandinavo
es completamente llano y la montaña más alta del país no supera los 170 metros de altura. Por ello hay tantas bicicletas. A ello se puede replicar que la nieve provoca retrasos y recordar que Odense y Copenhague están en dos islas diferentes, separadas por un estrecho. Hasta hace seis años, el tren tenía que embarcar en la bodega de un ferry para cruzar las gélidas aguas. El gobierno danés invirtió millones de coronas en la construcción de un túnel que desemboca en medio de un puente. Los pasajeros del tren, cuando miran por la ventanilla, ven ¡un faro!. «Antes era impensable
ir y venir en el mismo día a Copenhague», dice Marianne, una vecina de Odense.

Ventajas
Un pasajero del tren, que se dirige a Ahrus, al norte de la península de Jutlandia, comenta las ventajas mientras navega con su agenda PDA. «Mi familia y yo viajamos en tren porque sale más barato que cruzar el  puente en coche y pagar el caro peaje. Vamos más cómodos y seguros, sobre todo si nieva», relata. El billete ordinario cuesta 210 coronas (30 euros). Su esposa juega con sus dos hijos en un área infantil habilitada en las últimas plazas del vagón 22. Se trata de un pequeño recinto enmoquetado
donde los niños pueden armar piezas de Lego.

Otra familia que viaja en las cómodas y amplias butacas de la zona infantil comenta que su hijade cuatro años es fan de María Isabel, la ganadora española de Eurovisión Júnior. La niña tatararea Antes muerta quesencilla mientras dibuja. En ese momento, apareceel camarero, que sirve tazas gratuitas de té o café al pasaje, seguido de una vendedora con el carrito de golosinas y refrescos. Cerca del baño y las puertas, un viajero coloca su bicicleta y recoge la maleta.


Por las líneas danesas también circulan viejos modelos del IC3, que recuerdan más la decoración convencional del tren gallego. Nuevamente, la diferencia es su velocidad. En el tramo de vueltade Odense y Copenhague, el TRD escandinavo realizó nueve paradas, cinco más que la máquina gallega, pero nunca superó la hora y media de viaje.

Copenhague, con un millón de habitantes, ha habilitado numerosas
conexiones en tren con la ciudad sueca de Malmo. Ambas están separadas por 16 kilómetros de mar pero ahora les une un moderno puente. Media hora basta para cruzar a la estación de la otra orilla. El éxito ha sido tal que la DSB y la SJ, las compañías ferroviarias danesa y sueca, respectivamente, han llenado el tramo de Oresund con trenes TRD, por su comodidad y velocidad.

Esta eficacia contrasta con el tramo de Vigo y Oporto, dos ciudades separadas por el río Miño. Los trenes de la eurorregión emplean tres
horas en recorrer ese tramo de 160 kilómetros, consólo dos frecuencias al día. La Eurorregión luso-galaica tiene seis millones de habitantes, uno más que la población danesa.
La DSB transportó en el 2003 a 157 millones de pasajeros. El grupo ferroviario emplea a 8.500 trabajadores.



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Publicado en La Voz de Galicia, Suplemento "Los Domingos de La Voz", 29 de mayo del 2005

ADIÓS AL SUEÑO DE CHRISTIANIA

Christiania: El paraíso echa el candado


Dos reporteros de La Voz se adentraron en la mayor comuna hippy de Europa, que hace años incluso visitó Fraga, donde los vendedores de hachís prohíben ahora sacar fotografías. Sus 3.000 habitantes resisten los intentos de la policía para cerrar la ciudad libre de Copenhague.

E. VÁZQUEZ PITA

Este podría ser el último año de existencia de la comuna hippy de Christania, situada en Dinamarca. Las palas excavadoras amenazan los 85 acres de la Ciudad Libre de Copenhague en la que conviven 3.000 personas en el pleno centro, en la calle Badsmands, cerca de los muelles construidos por el rey Christian.
Miles de jóvenes sin hogar, llamados christianitas, ocuparon en 1971, en una operación relámpago,unos barracones militares recién abandonados. Eran los años de la guerra de Vietnam, de la ecología y de los ideales de haz el amor y no la guerra. La OTAN incluso movilizó sus comandos para poner orden. Pero sus habitantes resistieron los intentos de desalojo.
La comuna instauró sus propias leyes, basadas en la autogestión.
Hoy aún ondea la bandera roja de tres puntos amarillos que simbolizan las tres prohibiciones: No a la droga dura, no a las armas y no a la contaminación de los coches.
La cuestión es: ¿cuánto tiempo más durará el sueño?
El gobierno danés de derechas quiere acabar con este experimento social para urbanizar la orilla portuaria, flanqueada de rústicas cabañas que ocupan un suelo que vale oro. La primera medida fue, hace un año, enviar a los antidisturbios para cerrar los puestos de venta de hachís,lo que cortó la fi nanciación de la capital de la cultura alternativa.
«Antes había bohemios gallegos aquí. Incluso Fraga visitó este lugar cuando era de AP. Pero las cosas han cambiado. Hay mucha violencia y hace unos días un desconocido mató a tiros a un hombre», relata Óscar Cordal, un villalbés que reside en Copenhague desde hace 40 años.
Christiania es ahora refugio de marginados, inmigrantes y traficantes, que conviven con abogados y médicos que sólo van a Copenhague a trabajar.
Antonio, un barcelonés, vivió allí hace veinte años con una amiga danesa que había conocido en una playa española. «Nunca pertenecí a los cristianitas aunque vengo a menudo a saludar a los amigos. Antes, estaba lleno de españoles», recuerda.
Eran tiempos de fiestas veraniegas hasta la madrugada y sin alcohol. Los porros y el amor libre lo convirtieron en el paraíso de la cultura alternativa. Las familias se repartían las viviendas y hacían un hueco a las recién llegadas. Disponían incluso de guardería, radio y su propio ejército laboral: Los Rainbow Warriors (los guerreros del Arco Iris). Rojo para la acción, verde para la comida y azul para el conciencia social. Sus habitantes idearon planes ecológicos para reciclar el agua. Los conciertos de rock recaudaron dinero en todo el mundo para enviarlo a la ciudad libre. Pero los demás países acusaron a Christiania de ser el mayor exportador de drogas de Europa.

La entrada a la comuna está presidida por un cartel, sustentado por dos totems maoríes que reza: «Christiania». En la pared contigua, varios graffitis delatan la decadencia del lugar.
Los puestos de souvenirs llenan la plaza principal y venden camisetas,posters de la hoja de marihuana, muñecos de Bob Marley y calaveras de heavy metal. A partir de este punto, está prohibido sacar fotos. Al último reportero lo confundieron con un policía secreto y lo apalearon.
Los clientes del bar Woodstod, nombre que rememora el famoso festival hippy de los años 60, son poco amigos del retrato. Entre ese local y la panadería, supuestamente, se vende la droga. A nadie le gusta que la policía de paisano le grabe con sus minicámaras.

Ofreciendo droga
Junto al Woostood, unos jóvenes curtidos por la vida ofrecen droga «de la más pura y ecológica» discretamente a los turistas. Es fácil presenciar como un joven callejero le pasa un fajo de billetes a su colega proveedor en una esquina. Cerca, los inmigrantes se calientan con fogatas encendidas en los bidones.
En el bar, varios moteros barbudos beben refrescos, cerveza sin alcohol y juegan a las damas.
Un joven alto, apodado el Francés Loco, levanta el dedo en señal de victoria y corea: «Christiania is good! (¡Viva Christiania!)». El 80 por ciento de los habitantes del paraíso hippy está en paro. «Unos se ayudan a otros y, algunos, como el Francés, son parásitos», dice alguien.

Antonio muestra la tienda ecológica, una de las joyas de Christiania. Se trata de un barracón con una báscula mecánica con cajas de madera y fruta, donde venden pan del día. Hay patatas, boniatos y uvas importadas de Sudáfrica. Un grupo de jóvenes bebe zumos de frutas sin alcohol en una mesa. «Todo es natural», dice Klaus, el dependiente. Lleva ocho años preparando comidas para 50 personas. «No hay derecho a que cierren esto. No lo lograrán. El pueblo danés no lo permitirá», dice el tendero.
Lo que opina el pueblo danés es fácil de escuchar en la cafetería Olsen. En el mismo asiento que ocupaba el escritor Hans Christian Andersen, la danesa Anne Luise se despacha a gusto. «Nos hemos acostumbrado a este experimento social que tuvo éxito gracias a la permisividad de la legislación danesa. Se aprovecharon
de que la ley impide a las empresas eléctricas cortar la luz y el agua por impago. Es fácil ser anarquista si no se pagan impuestos. Al final, la comuna ha servido como válvula de escape para acoger a los marginados», relata esta mujer de 55 años.

UN AVENTURERO BARCELONÉS.
Antonio conoció a una danesa en la playa y se fue a vivir con ella un año en Christiania. Ahora solo vuelve a visitar a sus amigos en el bar Woodstod o a charlar con una familia cubana, que como otros inmigrantes ha ocupado las casas vacías. En la foto, Antonio observa los objetos de un barracón militar reconvertido en vivienda por los sin techo. Otras casas las diseñaron ellos mismos. «La mayoría están desordenadas. Es gente muy especial y reacia a las visitas de extraños», explica Antonio.

PASEO EN UNA BICICLETA DE LOS CHRISTIANITAS.
Un joven circula, junto a los muros de Christiania, en una bicicleta diseñada por los habitantes de la ciudad
libre. Hay miles de bicis christianitas por las calles de Copenhague. Se distinguen por el carrito delantero, acorde con las teorías ecologistas del ahorro. La comune dispone de su propia fábrica de bicicletas, que vende la unidad a 4.000 coronas (500 euros). Allí es posible comprar un velocípedo cuyo diseño imita una Harley Davinson.

BIENVENIDOS AL PARAÍSO HIPPY.
La entrada de Christiania está flanqueada por coloridos graffitis. Un gran arco recibe a los turistas que, en
verano, pagan entrada para disfrutar del ambiente y la música de sus animadas terrazas. Más allá de las
tiendas de souvenirs y la panadería están los vendedores de droga, muchos de ellos inmigrantes refugiados. En dicha zona, las fotografías están prohibidas porque la policía usa las imágenes para identificar a los
supuestos traficantes.

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Suecia: la ruta del inspector Wallander (2005)

La anécdota: Charlé con la jefa de prensa de la comisaría de Ystad y me contó que su amigo Mankell le iba a dar más protagonismo a la hija del inspector Wallander. Y así fue. 
Mankell y su detective Wallander obtuvieron cierto éxito internacional que fue superado años después por la heroína y hacker Salander, de Larson.


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Publicado en La Voz de Galicia, suplemento Culturas, el 9 de abril del 2005.

Por: E.V.Pita

TRAS LA PISTA DE WALLANDER

MILES DE AMANTES DE LA NOVELA NEGRA PEREGRINAN CADA VERANO A YSTAD, CIUDAD AL SUR DE SUECIA, PARA VISITAR LA CALLE DONDE VIVE EL INSPECTOR CREADO POR HENNING MANKELL

«Ba-lan-doo, se pronuncia Inspector Ba-lan-doo», corrige en sueco Margaritte, la dueña de una tienda de ropa de segunda mano de la calle Mariagatan. Los extranjeros tienen la manía de decir mal el apellido, en inglés. La estrecha rúa de este barrio obrero de Ystad se ha convertido en la meca de los amantes de la novela negra. En verano se llena de turistas que entran en la tienda a preguntar:
«¿En qué número está la casa delinspector Wallander?». Una vecina contesta: «En el diez. Pero ese policía no existe. Es sólo un personaje de ficción».

Basta con caminar hasta el número 10 de Mariagatan para comprobar que el nombre de Kurt Wallander no figura en las placas del telefonillo. El escritor, Henning Mankell, tampoco se deja ver mucho por el barrio. Está enclaustrado en Estocolmo escribiendo su próximo relato, según su mánager Inke Nordström.

Mientras, Margaritte, que ya piensa en explotar el filón: «Llamaré a mi tienda La esquina del Inspector Wallander».

¿Por qué tiene tanto éxito un detective alcohólico y divorciado? El detective amargado de la comisaría de Ystad ha resuelto brutales casos como La Quinta Mujer, donde una revisora de tren se toma la justicia por su mano con los maltratadores.

En Galicia, el taller de lectura de la Biblioteca Central de Vigo recomendó este libro el año pasado.

«Le adoro. Me los he leído todos», dice Linda Moser, una sueca de Gotenburg que emigró a Alemania. «Tiene problemas con su padre, con su mujer, con su hija y con el whisky. Su vida no va a ningún lugar pero sabe resolver los casos», explica Christian Kamen, un anciano que pasea su perrito por la plaza del Stortorget,el corazón de la ciudad. Es fácil reconocer el restaurante donde el protagonista no tenía dinero para comprar comida para su colega Nyber en Pisando los talones. En este relato, se enfrenta a un asesino en serie.

En la esquina de Teppgränd aparece el Banco Union, que juega un importante papel en Asesinos sin rostro. A pocos metros está el Hotel Sekelgarden, donde se alojó un testigo policial en La Quinta Mujer y una ministra en Los perros de Riga.

Ante la avalancha de turistas alemanes, fans incondicionales, la oficina de turismo ha editado el folleto Tras los pasos del Inspector Wallander, donde fi guran 24 lugares de Ystad que fueron escenario de crímenes en las novelas.

Mankell describe fielmente la vida en la sureña y provinciana Ystad, a 61 kilómetros de Malmo. Vivió una década en esa región. La ciudad báltica sufre el tráfico de drogas pero la criminalidad es baja. Nada que ver  con los brutales crímenes que describe Mankell.

«No existen conexiones con la mafia de África. Es todo fantasía», dice un policía en referencia a La Leona Blanca, donde revela una conspiración para eliminar a Mandela orquestada desde Ystad.

La visita continúa en la comisaría. Al entrar en el vestíbulo, uno busca instintivamente a la recepcionista Ebba. La inspectora Ewa-Gun Westford, con 32 años de servicio, tiene hilo directo con el escritor y le sopla  historias. «A veces, siento el aliento de Wallander por los pasillos. Cuando surge un caso inverosímil, los agentes dicen que es digno de Kurt. Estamos muy orgullosos de él», bromea la policía. También asesoró al actor que interpreta al detective en el cine. Los estudios Yellow Bird ruedan ahora otra película en el barrio de Regemment.

Algunos delitos, como el de un pirómano que quemó seis casas en dos horas, sirvieron de inspiración a Mankell. «En la nueva entrega, Wallander recaerá con el whisky», apunta Westford. «Él y su hija Linda son infelices. Espero en el fondo de mi corazón que hallen la paz», dice.

De regreso a Malmo, se distinguen desde el tren los solitarios campos nevados, con destartaladas granjas y grises industrias. Es fácil compadecer a la granjera de La leona blanca.



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Laponia: Seis días para oír: «Acabamos de cruzar el círculo polar ártico»


Suplemento Fugas

La Voz de Galicia

23 de Marzo del 2012


RUTA A

 
Un billete InterRail Global para recorrer Europa en 30 días en tren. Tras cruzar Irlanda, Escocia e Inglaterra, comienza la segunda etapa en Copenhague. Tres largas noches hacia Oslo, Trondheim y Bodo. Allí termina la línea férrea y subimos tres días más en bus hasta cabo Norte y otra noche a Rovaniemi

E. VÁZQUEZ PITA 

 «Señores pasajeros,acabamos de cruzar el Círculo Polar Ártico», dice el revisor del autocar que se dirige a Narvik (Noruega), el mayor puerto industrial de
Laponia. El paisaje es desolador y un monolito con una esfera metálica señala que faltan 300 kilómetros para el cabo Norte. «¿Qué significa la palabra kilómetros?», pregunta en inglés un viajero con rasgos esquimales. Se hace interminable llegar al fin del mundo.

 El recorrido en tren nocturno, con el pase global InterRail (175 euros por 5 días de viaje), arranca en Copenhague y llega a la mañana siguiente a Oslo, la capital noruega con el agua
más fresca de Europa. La siguiente escala es Trondheim, un activo puerto pesquero y base militar de donde parte el tren nocturno a Bodo. Amanece en el vagón a las cuatro
de la madrugada. Allí termina la línea de ferrocarril y hay que seguir en bus. Los viajeros con carné de estudiante ISIC obtienen descuentos de hasta el 50 % en transportes
y museos. El bus emplea la tercera jornada en subir a Narvik. Hay transbordos en ferri para cruzar el fiordo de Tysfjord. Los barcos funcionan bien junto a pueblecitos
casi vacíos. La comida es prohibitiva: una bolla de pan con semillas cuesta sobre 3 euros y el cartón de leche, 2.
La renta per cápita de este país petrolífero es de 60.000 euros anuales, lo que da para mucho.

Arquitectura local
Lo que más llama la atención de Narvik es que todas las casas familiares tienen escaleras en el tejado, parecen recién pintadas y carecen de vallas en el jardín. No debe de haber muchos ladrones. Si alguien quisiese buscar empleo en Laponia, Narvik sería un buen lugar: está unido a Suecia por tren y tiene industria. Pero mucha lluvia, niebla y poca gente por la calle. Los alojamientos más baratos son los bungalós compartidos.

En Narvik, sube al bus un taiwanés de perilla y sombrero que parlotea sin parar. El viaje a Tromso y Alta será largo. El autocar se adentra en Finmark, con paisajes montañosos nevados
y pueblos donde paran pandillas de moteros en sus Harley Davidson. El taiwanés les saca una foto y la publica National Geographic.

De camino a Alta, se ve actividad acuícola: unos aros que flotan en el mar son granjas marinas. A medianoche se pone el sol y al momento amanece.

La sexta y última jornada hacia cabo Norte atraviesa un paisaje desolado, salteado de pequeños puertos, tiendas de lona, alces y renos en la carretera y túneles. Ni encontramos
el hotel de hielo de los que habla Españoles en el mundo.



En el centro de observación de Nordkapp aterrizan excursiones de jubilados en bus desde Alicante. La bajada hasta Rovaniemi, el centro económico de la Laponia finesa, coincide con precios más baratos que Noruega. En estas tierras ondea la bandera de Suomi. Muchos renos, bosques, lagos y pocos pueblos, como Ivalo, que recuerdan a Tejas. Rovaniemi acoge la casa de Santa Claus, ambiente universitario y tren a Helsinki. Un buen sitio para trabajar.

Reportajes: Asia emergente (India, Singapur)

Reportajes: Asia emergente (India, Singapur)

Por E.V.Pita


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Singapur: el tigre que ruge más fuerte (2004)

Publicado en la sección de Economía de La Voz de Galicia, el 19 de septiembre del 2004

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Reportaje | Singapur, una economía en plena ebullición


El tigre asiático que ruge más fuerte
Singapur, con un crecimiento anual de su PIB del 12,5% no tiene nada que envidiar a otras economías asiáticas como China, que ponen de rodillas a los productores europeos.

E. Vázquez Pita
redacción

Podría ser una escena de la película Lost in Traslation. Imagine que usted mira por la ventana del piso 30 de su hotel, desde la que se divisan las siluetas de múltiples rascacielos rodeados de nubes
que anuncian una tormenta tropical. Insomne a causa del jet-lag, usted baja hasta el bar, donde canta una mujer oriental y un grupo de japoneses sigue las letras de un karaoke. Se acerca a la barra y se suma a otros hombres de negocios que hacen el stopover (escala con hotel) en Singapur. Allí oye uno de los chistes que resume la esencia de esta ciudad: «¿Sabías a qué edad se jubilan las azafatas de Singapur Airlines? A los 22 años».

Por algo, esta compañía aérea tiene fama de poseer una de las flotas más renovadas del mundo. La república del león dispone de 3.200 vuelos semanales que enlazan con 150 ciudades de 49 países y es base de 400consignatarias marítimas.

Su economía crece a un ritmo anual del 12,5%. Nada que envidiar a otros tigres asiáticos como China y Corea del Sur que ponen de rodillas a los productores europeos. Los negocios van viento en popa en esta isla-Estado que multa con 250 euros a quien ose arrojar un chicle masticado en sus impolutas calles.

Abierto las 24 horas
En esta ciudad de vigas de acero y hormigón prefabricado trabajan cuatro millones y medio de habitantes en horario de abierto las 24 horas y que disfrutan de una renta de 26.500 dólares per cápita.

Singapur, menos moderna que Honk Kong, puede presumir de que su PIB crece como la espuma: del 8% en 1995 ha pasado a un 12% este año. Los contenedores se amontonan en su puerto, mientras los rascacielos crecen como setas en la orilla del río. Su economía es tan dinámica como la de China o Corea. Sus astilleros están especializados en reparar buques y sus fábricas de automóviles figuran entre las diez más productivas del mundo. Además, la ciudad refina petróleo, produce equipos electrónicos, de perforación de pozos petrolíferos y de caucho. También realiza actividades de comercio, servicios financieros y biotecnología.

Le ayudan sus lazos internacionales en un país asiático donde el idioma oficial es el de la antigua metrópoli británica, lo mismo que el tamil, el malayo y el chino. Enclavado entre Malasia e Indonesia, Singapur es una puerta hacia Asia, donde un occidental se siente cómodo como en una burbuja.

Por algo será que Inditex ha instalado su segunda tienda de Zara en Orchand Road. Esta kilométrica avenida está flanqueada por centros comerciales de cuatro plantas de altura y calles cubiertas de cristal que compiten en grandiosidad. Las jóvenes clientas suben de tres en tres por las escaleras de este comercio gallego, cuyos sofisticados escaparates comparten acera con las grandes casas de la moda de lujo.

Al caminar por Orchand Road, entre cientos de peatones cargados de bolsas, uno se siente atrapado por la fiesta del consumo. Es fácil caer en la tentación de regatear en las innumerables tiendas de
cámaras fotográficas, regentadas por hindúes o chinos, en donde se pueden conseguir reducciones del 40% respecto a los precios europeos. El dólar de Singapur equivale a medio euro.

Los pequeños comerciantes incluso aceptan el precio que el cliente marque. El iluso vuelve a recoger su producto unosdías despuéspero el dependiente le intenta colocar nuevos accesorios. Esto suele irritar a los turistas occidentales, que se sienten burlados. Algunos prefieren a los vendedores árabes porque cumplen su palabra trascerrar el regateo.

El día grande es el sábado por la noche, donde no hay baldosa libre ni en la calle ni en las discotecas de moda. Brillan los tubos de neón y los anuncios de los taxis amarillos. Los restaurantes de sushi japoneses están repletosde alegres comensales que pican con los palillos los rollitos de pescado crudo que circulan por una cinta transportadora.

Igual de atestados están los McDonald’s o los cafés Starkburcks.
Uno tiene la sensación de que el capitalismo y el comercio han roto fronteras y unido a una población compuesta de chinos, malayos, hindúes, indonesios y occidentales.

El comercio ha sido mantenido por las prósperas familias chinas que se establecieron a principios de siglo al amparo del Imperio de su majestad británica. Unos edificaron templos budistas y otros iglesias adventistas. Es la excepción a la teoría del choque de civilizaciones de Samuel Hunttington, que explica las guerras actuales, desde Bosnia a Irak, por el enfrentamiento entre culturas tan dispares como la musulmana o la cristiana.

Los habitantes de Singapur se sienten especialmente orgullosos de su fiesta nacional. En Melbourne, un joven ejecutivo que volvía a esta ciudad asiática preguntaba con interés: «¿Han estado el día que celebramos la independencia?». La descolonización produjo el milagro económico de esta república que mide 600 kilómetros cuadrados.

Ni rastro de chabolas
Los malayos emigraron como mano de obra y los trabajadores fueron asentados en barrios con viviendas dignas. No se aprecia el chabolismo de otras grandes ciudades. Unos siguen conduciendo
las bicicletas de los turistas mientras otros prosperaron y dirigen emporios desde sus elevados despachos del puerto malayo.

Sólo en Little India y Chinatown se puede apreciar un resquicio de la vieja Asia: vendedoras de pescado seco o viejos jugando a las damas. Uno tiene la sensación de que en este diminuto país hay sitio para todo el que quiera ganar dinero. Las mujeres hindúes, vestidas con sus tradicionales sharis, salen y entran de las joyerías y las boutiques de moda, y los turistas europeos toman un daikiri en el mítico hotel colonial Raffest.

Pero esta república tiene sus reglas: el billete de avión advierte que traficar con drogas está penado con la ejecución inmediata.

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India, ¿nuevo gigante económico?


(La Voz de Galicia, E.V.Pita, 5 noviembre 2006)
Publicado en

http://www.lavozdegalicia.es/hemeroteca/2004/09/18/3035444.shtml

el 5 de noviembre del 2006, sección Economía

Crónica | Examen al futuro tigre asiático

India, ¿nuevo gigante económico?

La patria de Gandhi crece a un ritmo del 8% anual y los expertos vaticinan que será una superpotencia en pocas décadas. Pero la mayoría del país vive en la miseria.

E. Vázquez Pita
(Nueva Delhi)

Una turista entra un poco asustada en la lúgubre consulta de una astróloga del pueblo de Malawa, en las afueras de Nueva Delhi. La cliente se sorprende al oír la inconfundible musiquilla que abre el sistema operativo Windows.

La vidente examina la pantalla y teclea la fecha, hora y lugar de nacimiento de la mujer que desea conocer su futuro. Un sofisticado programa matemático calcula las posiciones de los planetas y
elabora en unos minutos la carta astral completa, que sale por la impresora.

Éste podría ser un símbolo de los grandes cambios económicos que acontecen en la India, el futuro tigre asiático, cuyo producto interior bruto crece a un ritmo del 8% anual desde hace tres años. Y eso a pesar de su pésimas infraestructuras viales.

Quizás el lugar donde mejor se aprecien estos avances es Bangalore, la ciudad preferida de los hindúes para vivir y la segunda para ganar dinero (después de Bombay). No es extraño. Bangalore es la meca de los más brillantes informáticos de la India, que trabajan
en pulcros campus que poco tienen que envidiar a Silicon Valley.

Por este motivo, las empresas de telefonía de Estados Unidos acuden aquí a subcontratar empleados para atender los servicios 902 al cliente. La gran ventaja es que los teleoperadores hindúes
hablan inglés, tienen una gran formación académica y cobran diez veces menos que un norteamericano.

El salario medio mensual en la India es de 15.000 rupias (270 euros), cantidad con la que «se puede vivir dignamente». Lo normal es cobrar tres veces menos.

La alianza con Estados Unidos parece casi natural. Por todo el país proliferan las academias y colegios privados que ofrecen másteres para preparar el examen de ingreso en las universidades del socio americano. Cada año, salen de las 292 universidades dos millones de licenciados, de los que 150.000 son ingenieros. Una de sus especialidades es el software, que exportan incluso a China. El negocio ya alcanza los 50.000 millones de dólares anuales. Las divisas son el triple.

La bonanza se percibe desde el 2003. El país tiene 1.100 millones de habitantes y, según las estimaciones, existen 98 millones de personas que ingresan entre 200.000 y un millón de rupias anuales (de 4.000 a 20.000 euros). Es decir, la clase media es superior a toda la población de Alemania. Otros ya hablan de 40 millones de personas que mejoran cada año su nivel de vida, tantos como españoles. Y el club de millonarios equivale a Suiza o Portugal.

Este poder adquisitivo hace que el mercado hindú sea suculento para las firmas de consumo, si se tiene en cuenta que cuatro de cada diez habitantes del planeta viven en China e India.

Anuncios
Las televisiones por cable muestran anuncios de champús, golosinas de chocolate o los últimos éxitos de rock y discotecas. Incluso las teleseries muestran una imagen de clase media, con familias adorablesque visten a la moda y residen en chalés adosados con una cuidada decoración más propia de un edulcorado filme de Bollywood. Si un visitante no saliese del hotel e hiciese zapping en el centenar de canales por satélite, pensaría que la patria de Gandhi es el colmo del glamur.

Sólo a veces se deslizan algunas imágenes salidas del guión como una concursante de la tele que hacía equilibrios con varias jarras sobre su cabeza mientras caminaba sobre cristales con sus pies desnudos. ¿Una aprendiz de faquir?

En la capital, Nueva Delhi, los modernos rascacielos acristalados crecen a las afueras como setas. La autopista sigue en obras de ampliación, y la primera línea de metro ya está operativa. Marcas como Adidas o Rolex copan los escaparates de las tiendas exclusivas de la plaza Cognaught. En el suburbio de Gurgaon crecen las fábricas de electrónica y automóviles.

Y en las avenidas de Jaipur, las mujeres circulan en potentes motos de marca japonesa sin mancharse su colorido sari.

Habría que desplazarse al rural para percibir el grado de penetración de Internet. En un remoto pueblo de Malawa, un pequeño colmado anuncia en la pared: Cibercafé. En la mesa, dos viejos monitores listos para navegar o hablar vía telefónica por el Skipe.

Los expertos vaticinan que India será el tercer gigante económico, tras China y Estados Unidos, pero ¿qué pasa con los otros mil millones de habitantes restantes que no usan la tarjeta de crédito?

El 65% de los hindúes vive de la agricultura, la mayoría tiene menos de 24 años, cuatro de cada diez no sabe leer y ganan entre 750 y 2.500 dólares al año.

No hay más que darse un paseo por las chabolas de lonas de plástico que proliferana escasos metros de los nuevos rascacielos de
Nueva Delhi. A su lado, en los vertederos, juegan los niños y pacen los puercos salvajes.

India logró fabricar la bomba atómica en 1997 pero, paradójicamente,
los apagones de luz son el símbolo de las dificultades estructurales del país. Se necesitaría una fuerte inversión para convencer al empresario extranjero quese ha quedado atrapado en el ascensor del hotel de Delhi por un apagón.

La red de ferrocarril es la más extensa del mundo pero no ha sido renovada. Los cambios de vía aún se hacen por el sistema manual. Las estaciones, como la Central de Agra, disponen de modernos marcadores digitales pero los niños abandonados cruzan las vías, y los perros callejeros se pelean en los andenes. La cruda realidad desluce la postal de los parques del Taj Mahal.

Quizás el talón de Aquiles sean las pésimas comunicaciones por carretera. Para cubrir 100 kilómetros se necesitan dos o tres horas, tantas como para salir de un atasco en Nueva Delhi, siempre que no cruce una vaca la mediana.

Otro obstáculo a la libre movilidad son las pésimas vías comarcales que unen grandes capitales del interior. Sólo tienen dos carriles pero cobran un peaje de 120 rupias (2 euros).

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India: la cara fea de Bollywood  (2009)

Publicado en páginas 6 y 7 de Los Domingos de La Voz de Galicia, el 1 de marzo del 2009

REPORTAJE | LOS ESCENARIOS DE «SLUMDOG MILLIONAIRE»

La cara fea del glamur de Bollywood

Enlace permamente: http://reportajesdeevazquezpita.blogspot.com/2011/09/india-la-cara-fea-de-bollywood-2009.html

El mayor suburbio de Asia nada tiene que ver con los tonos pastel
de las superproducciones indias

E. VÁZQUEZ PITA | TEXTO

Si el cine es soñar, la India es el mejor ejemplo. La ganadora de ocho estatuillas de los Oscar de este año, Slumdog Millionaire, tuvo que ser escrita y dirigida por extranjeros porque unos productores de Bollywood, la meca de la industria cinematográfica de Bombay, jamás aceptarían filmarla.

¿Cuál es la razón? Pues que el aplaudido filme británico no cumplía las cuatro reglas de oro de la industria cinematográfica india: tonos pastel, feliz historia de amor y música alegre. El lector observará que falta la cuarta regla. No es ningún despiste, consiste en la ley invisible de silenciar la miseria. No puede salir nada que afee la gran pantalla.

Sin embargo, Slumdog Millionaire, se saltó las reglas no escritas y recrea la miserable vida de los niños del barrio de Dharavi, el mayor suburbio de Asia.

El extranjero que pasa unos días en la India no puede ignorar la pobreza extrema en que malviven millones de habitantes porque asoma delante de sus narices. El turista pasea por calles sucias y
llenas de basura, donde los monos y las vacas pastan libremente, se topa con familias enteras que acampan en las medianas de las autopistas o flacos hombres que tiran de los rickshaws o carromatos.

La pobreza está siempre presente en la vida cotidiana, es difícil acostumbrarse. Aunque los nuevos rascacielos y áreas de negocios en Nueva Delhi o en Bombay crecen como setas, a escasos metros son visibles los niños desarrapados que juegan sobre los tejados de las chabolas.

Sin embargo, como por arte de magia, todas esas imágenes son borradas de las películas, que se convierten en asépticos escenarios de cartón piedra. Sus protagonistas viven en un irreal mundo multicolor de clase media americana en plan anuncio publicitario. El forastero acaba por entender que Bollywood tiene éxito porque el público paga por unas horas de sueños y fantasías, que le
permiten escapar precisamente de la miseria real del día a día.

La película «Slumdog Millionaire» se rodó en Bombay. Este antiguo puerto portugués y luego colonia británica en el Índico es la capital financiera de la India y corazón de Metro Cinema Bombay, capital de la industria cinematográfica. La ciudad genera por sí sola el 38% del producto interior bruto del país. Tiene casi doce millones de habitantes, con una densidad de 27.000 personas por kilómetro cuadrado.

Dharavi, el barrio marginal de Bombay tiene 400.000 habitantes por kilómetro cuadrado, hacinados en chabolas y chamizos. Un millón de almas comparten tres kilómetros cuadrados de terrenos inundables.

CIUDAD DE PARIAS
La vida en Dharavi

El sistema segregador de castas está prohibido en la India, pero la mayoría de los barrenderos son de la casta inferior o intocable, los únicos autorizados por la religión a tener contacto con la basura. El auge económico de Bombay atrae a estos parias que finalmente acaban recluidos en Dharavi, atrapados nuevamente en la miseria de la que solo un héroe, como el protagonista de «Slumdog Millionaire», ha logrado salir. Este hogar de miles de familias solo tiene agua potable dos horas al día y está rodeado de canales de aguas fecales. Un proyecto urbanístico pretende demoler toda la llanura para construir nuevas oficinas de la «City».

BULLICIOSAS CALLEJUELAS.

Todas las capitales de la India tienen sus suburbios pobres. En las afueras de Jaipur, los monos y los cerdos salvajes se disputan la comida de los basureros con los niños. En los barrios apartados de Nueva Delhi, los carniceros muestran sus productos al aire y rodeados de moscas. En Agra, a pocos metros del mausoleo del Taj Mahal, los inmigrantes llegados a la ciudad duermen en las aceras, protegidos por una lona tendida sobre dos palos.

En el distrito de Dharavi (Bombay), en la foto, la miseria es tal que sus habitantes no hacen los pagos con monedas sino con trocitos de plásticos de colores. Los negocios, como en toda la India, son pequeños cubículos donde los barberos cortan el pelo a la vista o los artesanos muestran sus mercancías rodeados de dos vías férreas.

EN DIRECTO | LA SALA MÁS FAMOSA DE LA INDIA

SESIÓN DOBLE EN EL CINE RAJ MANDIR

El Raj Mandir es el cine más famoso y de mayor glamur de la India. Está en Jaipur, la capital de color rosa de los marajás del Rajastán. Su gran anfiteatro de butacas, de paredes color pastel y techos con lámparas de cristal, acoge al público de todas las castas deseoso de ver los últimos estrenos de Bollywood.

El moderno recinto atrae a vistosas damas con sus coloridos saris y a nuevos ricos que aparcan sucoche de alta gama a las puertasde la meca del cine. Pero también es un gancho para los turistas que llegan al lugar en un motorickshaw de alquiler. A pocos metros, hay un atestado restaurante de comida rápida McDonald’s. Su menú, lógicamente, es vegetariano, pues en la India las vacas son sagradas y no se puede hacer hamburguesas con ellas.

Pero la entrada al Raj Mandir requiere paciencia, pues primero hay que sortear las colas de las taquillas, que se dividen en billetes separados por sexos. Por ello, los varones aguardan su turno en una cola y las mujeres en otra. Los extranjeros que tengan prisa pueden presentarse en una taquilla exprés, situada en una discreta esquina, que vende billetes al doble o triple de precio y donde, evidentemente, no hay cola.

COLAS EN LA TAQUILLA.
El cine Raj Mandir, situado en un lateral de la calle Bhawandas Road de Jaipur, es la sala más famosa de la India. El público masculino aguarda pacientemente su turno en la cola de la taquilla para ver el último éxito de Bollywood. La sala de proyección fue inaugurada en 1976 y destaca por su estilo de arte modernista. Tiene capacidad para 1.273 espectadores.

El portero, vestido de uniforme de gala, hace pasar al público dentro del magnífico vestíbulo, de estilo victoriano, con vistosos espejos, colores pastel y escaleras por las que podrían desfilar grandes estrellas del celuloide. El auditorio parece tan extenso como un campo de fútbol, con mas de un millar de butacas, y las paredes y balcones decorados en tonos pastel.

Bienvenidos a Bollywood.
Empieza la sesión, con un espectacular baile en una zona turística de Nueva Delhi. Los personajes hablan en indi, uno de los idiomas oficiales del país, y hay que imaginarse los diálogos. En mitad de la película, entra una espectadora con su hijo envuelto en la espalda, en su sari y al que consuela. Al poco, suena un móvil y alguien del público se pone a hablar.

Por suerte, el cine es un lenguaje universal y la historia es fácil de seguir sin comprender los diálogos. El chico enamora a su novia tras una edulcorante escena que cumple otra regla no escrita de Bollywood: nada de sexo ni desnudos.Se trata de cine familiar para todos los públicos. Al final de la primera parte, que duró dos horas, el público descubre que el amante de la protagonista, con la que ha tenido un hijo, es un sanguinario terrorista.

Tras el descanso, arranca la segunda parte. Ahora cambia de género: drama, tiros, acción y persecuciones estilo Hollywood. Al salir, busco una tienda para comprar el cedé con la pegadiza banda sonora de la película.

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Nepal, paz en el Everest (2006)

19 DE NOVIEMBRE DEL 2006 | LOS DOMINGOS DE LA VOZ | 15

Enlace permanente: http://reportajesdeevazquezpita.blogspot.com/2011/09/nepal-paz-en-el-everest-2006.html 

La paz vuelve al pie del Everest

Nepal pondrá fin a la guerra civil de diez años que enfrentó a la monarquía y a los guerrilleros de ideología comunista

E. VÁZQUEZ PITA | TEXTO Y FOTOS


Dice un chiste nepalí que en ese país hay cuatro formas de casarse: una mujer con dos o más hombres, un hombre con varias mujeres, un matrimonio por conveniencia y la elección de pareja por amor. «Esta última es la más rara», bromea un nativo criado en el campo.

Dicen que el amor fue lo que empujó al príncipe heredero Dipendra a masacrar con una ametralladora a toda la familia real en junio del 2001, disparó a la familia real porque se opuso a su boda. Estaba furioso porque sus padres, instauradores de un régimen parlamentario, habían desaprobado su elección de esposa. El asesino murió en el hospital tras ser coronado rey y el trono pasó a su tío Gyanendra, el único superviviente de la dinastía.

La tragedia perdura en la mente colectiva de los nepalíes, impacientes por contar esta historia a los recién llegados. Pero la paz vuelve a Nepal, un país situado a los pies del Himalaya y tan grande como Portugal pero con el cuádruple de población.

Desde el inicio del verano, los habitantes de Katmandú, la capital, respiran un inusitado optimismo. Es cuestión de días que un pacto cierre las heridas de una guerra civil que enfrentó durante diez años a la monarquía y a los guerrilleros maoístas de ideología comunista.

La calma sólo se vio interrumpida en agosto por una huelga general del transporte que provocó una imagen inaudita en Asia: no circulaba un sólo cocheni motocarro por la calle. Un silencio sepulcral que agradecen los forasteros recién llegados del bullicioso y caótico país de la India.

Durante días, Katmandú estuvo cortado por barricadas levantadas por ciudadanos airados que protestaban por la subida de la gasolina hasta casi 80 céntimos de euro, un lujo en un país que está a la cola por renta per cápita. Los motoristas y conductores hacían largas esperas a la entrada de los surtidores públicos. «Las gasolineras privadas han cerrado porque almacenan el combustible a la espera de que la tarifa suba», comenta un curioso que observa las colas y una fila de militares que ronda a pie por la carretera.

Katmandú fue la gran ciudad desde la que el explorador Edmund Hillary partió en su hazaña de escalar el monte Everest. Desde la avioneta que sobrevuela las cumbres nevadas y rodeadas de nubes, uno no puede más que sobrecogerse ante la grandeza de la cordillera del Himalaya, el techo del mundo que tocó la porriñesa Chus Lago.

El Everest (los nepalíes lo llaman Sagarmatha) es visible, cuando no hace niebla, desde un pequeño mirador situado a 30 kilómetros de Katmandú. Al caminar por las aldeas cercanas se puede sentir un remanso de paz, lo que no oculta la dureza de la montaña. Sus pobladores viven en la calle. Se pueden ver ancianos agricultores que cargan fardos de arroz o cuidan los rebaños, amas de casa semidesnudas que se asean en la acera porque carecen de agua o campesinas sentadas en la calzada mientras mallan la pimienta o secan las hojas.

Sólo los niños parecen ajenos a esa crudeza y elevan distraídos sus cometas de colores sobre los tejados de ciudades milenarias. Y es que las escuelas no están para lujos: los maestros,algunos veinteañeros, tienen que mendigar a los extranjeros lápices y libretas para sus alumnos. Otros son huérfanos y frecuentan los templos hindúes, algunos tan curiosos que tienen como dioses a las ratas, a las que sus cuidadores dejan corretear en el altar.

Tres adolescentes pasan el tiempo en las aldeas con sus bicis y comentan sus ansias de ir a la ciudad a trabajar. No saben dónde está España, pero hablan maravillas del Real Madrid. Otros aprenden idiomas con los turistas que hacen senderismo por los campos de arroz, que llenan el paisaje de un verde luminoso jamás visto en Galicia. Y algún joven monje budista juega al ajedrez en la acera con sus amigos mientras los viejos beben té en una tasca cercana.

Estas montañas han curtido a los 30 millones habitantes de este país, la mitad analfabetos y la otra mitad menores de edad. Un ejemplo de la dureza de carácter son los serpas. Es fácil toparse con ellos por las concurridas calles de Katmandú. Éstos, delgados y de baja estatura, caminan impertérritos con sus hombros cargados con dos sofás, sólo sujetos con una cinta a la frente. Estos porteadores tienen una habilidad especial para doblar su espalda. Fue uno de ellos, Norgay, quien compartió la gloria de alcanzar la cumbre del Everest.

Katmandú no sólo atrae a montañeros que consiguen zamarras de goretex a 50 euros. En los años sesenta fue la meca de los hippies que llegaron para practicar el budismo. Hay un barrio que se llama
El Pequeño Tíbet. Se trata de un complejo de templos a donde se han exiliado muchos monjes que huyeron del país vecino invadido hace décadas por China. El retrato del Dalái Lama preside, a los pies de Buda, los edifi cios en forma de campana y dominados por dos grandes ojos azules pintados en su frontal.

Pero quizás sea más impresionante el palacio de madera de la diosa viviente Kumari, en el centro de la ciudad. Una niña, a la que unos religiosos han reconocido como diosa, vive recluida allí y sólo se asoma por el balcón al oír el bullicio de los visitantes.
Cuando la saludan, ésta se ofende y se retira a sus aposentos. Llegará un día en que la niña tenga su primera menstruación y será destronada. Algunos creen que es una forma de robar la infancia a
una menor. La última diosa siguió sus estudios en Nueva York.


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Publicado en  La Voz de Galicia

Suplemento Fugas

Viernes, 8 de noviembre del 2013

Por: E.V.Pita

APUNTES DE VIAJE [ NEPAL ]

Vuelo sobre el Everest (2007)


E. V. PITA | [..] En un viaje a Nepal de hace unos años,tras salir de las calles llenas de miseria de la India, la pobreza seguía presente en las cordilleras nepalís. En su capital, Katmandú, una mujer pedía a los transeúntes dinero para comprarle leche a sus hijos. Una turista no le dio dinero, pero fue a la tienda que había a escasos metros y le compró un litro. Dijo que jamás su conciencia permitiría que un niño se quedase sin leche, fuese verdad o no la historia de la mujer.
Pero en Nepal la pobreza está presente en todos lados y es una forma de vida ante las escaseces de este país aislado entre las cumbres más altas del mundo. Por ejemplo, sherpas con la espalda doblada cargaban hasta dos sofás a sus hombros. La capital estaba repleta de estos formidables porteadores que cargaban pesos increíbles. Por algo, los sherpas fueron los primeros en escalar junto a Edmund Hillary el monte Everest. Para quienes no somos escaladores del nivel de Chus Lago, la mejor forma de rozar la cumbre del Himalaya es pagar 125 dólares. Basta con subir a una avioneta,de esas que pondrían los pelos de punta al mismísimo Indiana Jones.
El vuelo parte de Katmandú y en una hora se avista la cima del Everest, que asoma por encima de nubes tan negras que a uno se le quitan las ganas de intentar escalarlo. Para obtener la mejor foto, el piloto deja que los viajeros entren en su cabina.