Descarga libre en PDF del ensayo on line (40 páginas) "Los gurús de la crisis".
http://eleconomistavago.files.wordpress.com/2011/09/losgurusdelacrisis.pdf
Autor de los resúmenes y anotaciones: E.V.Pita, periodista licenciado en Sociología y Derecho.
Resúmenes comentados de los autores que analizaron la crisis del 2008 en libros como "Caída libre" de Stiglitz, "Algo va mal", de Tony Judt, "El retorno a la economía de la depresión", de Krugman, "El crash de 2010", de Niño Becerra, "La tierra es plana", de Friedman, "¿Cómo salimos de esta?", de Roubini, "La crisis de 1929", de Galbraith, y otros autores como Mokyr, Toffler, o Naomi Klein entre otros.
Novels, comicbooks and short stories written by E.V.Pita (format PDF or iPad are avaliable). Reading is free but some short stories are protected by Spanish Law of Intellectual Property. / Libros e relatos cortos escritos por E.V.Pita para baixar en PDF para o iPad. Algúns están rexistrados na Propiedade Intelectual. / Relatos cortos de E.V.Pita para descargar libremente y leer on line en PDF con iPad. Algunos textos están protegidos por la ley de Propiedad Intelectual. Autores galegos.
Páginas
- Página principal
- ÍNDICE
- Coronavirus. Álbum de cómic "Cuando todo esto acabe..." (E.V.Pita, 2020)
- Coronavirus: once resúmenes de libros para compren...
- Coronavirus / Cómic / Sansón Troleyro, estudiante ...
- Tesis doctoral sobre la Economía Colaborativa de Internet y el periodismo ciudadano (E.V.Pita, 2016 / USC)
- Grandes rutas
- Héroes literarios
- Reportajes de viajes
- Turbulencias económicas del siglo XXI (1999-2017)
- La era "smartphone" (crónica de 1989 a 2015) (E.V.Pita)
- Novela: Sansón Troleyro
- Novela: O Ouro de Agrícola
- Novela: Europa na mochila
- A Coruña. 800 años de Historia (guión)
- 150 resúmenes de libros de Economía
- Comic book: "Forza Depor!" / Tebeo "Forza Dépor" (...
- Técnicas de maestros del cómic contemporáneo
- CÓMIC - HISTORIA DE LA ECONOMÍA (1776-2019)
- Historia económica de la Humanidad y las Civilizac...
- De Adam Smith a Piketty en 400 resúmenes de libros...
- 350 resúmenes de libros de Economía
sábado, 24 de septiembre de 2011
"Los consejos de los gurús de la crisis", de E.V.Pita (resúmenes y anotaciones) en PDF
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domingo, 24 de julio de 2011
Capítulo 6 novela online "El robo del Códice Calixtino" (6) / (E.V.Pita, 2011)
Novela Online
“El robo del Codex Calixtinus”
Por E.V.Pita
Capítulo 6
Resumen del capítulo 1 al 5: La policía de Santiago de Compostela busca a la historiadora Alexandra Bidueira para interrogarla sobre el robo del Códice Calixtino. En la pensión en la que vivía, la policía halló una nota con la palabra “Palimpsesto”, un documento escrito en pergamino que fue raspado para escribir otro texto encima. Si se trata de la copia de un texto clásico perdido, su valor podría dispararse. Un buen móvil para el robo. Pero hay más sospechosos: los tres guardianes de la llave del arcón donde era guardado el Códice y otros tres eruditos que tenían acceso a los textos.
Capítulo 6
El inspector Filgueira caminaba por la cripta ensimismado. Se paró ante una ventana y observó distraído como la lluvia golpeaba los cristales. Los turistas y peregrinos caminaban con paraguas de múltiples colores. Había recibido un fogonazo mental como él llamaba a esas imágenes que le venían a la mente cuando se hallaba en mitad de la investigación de un caso. Se trataba de una casita de madera situada en la inmensa soledad escandinava, que reconoció como una escena de una de las novelas de Camilla Labeck. Tenía el título en la punta de la lengua cuando interrumpió sus pensamientos el sonido del móvil. Era el comisario jefe.
-¿Qué tenemos?-, dijo secamente el jefe.
-De momento, nada.
-Dame algo. Este es un marrón de los gordos, el delegado del Gobierno me acaba de llamar y quiere respuestas.
-Es lo que pasa siempre, los de arriba siempre presionan.
-No presiona, solo quiere saber si tenemos idea del tema o no.
-Llevamos horas en esto, no he parado ni para comer…
-Es lo que hay. La noticia ya está saliendo en todos los telediarios, hasta en el Washington Post. Algo tendrás…
-Dile al jefe que no podemos levantar la liebre.
El comisario jefe guardó silencio al otro lado del hilo. La respuesta no le convenció.
-Creemos que fue un robo por encargo.
La otra voz pareció más relajada.
-¿Quién?
-Algún coleccionista forrado de pasta.
-¿Quién iba a querer comprar en una subasta una obra tan famosa? No tendría salida en el mercado. Ese tipo solo podría ver en su casa y si se lo enseña a alguna visita, caerá pronto.
-Quizás el Códice oculte algo muy valioso.
-Estamos hablando del códice Calixtino, no del Código Da Vinci. ¿Qué película me estás contando? Si no tienes nada, pues dilo, pero no vengas con conspiraciones y otras paranoias. ¿Quieres que llame a los de Madrid? Esos tipos encontraron los mapas robados de la Biblioteca Nacional en una subasta en Nueva York. Son buenos.
Filgueira respiró antes de contestar. No le gustaba que le metieran presión.
-Tenemos una pista, una historiadora, la estamos buscando.
-¿La habéis visto en las cámaras saliendo con el libro? Te consigo la orden de detención ahora para todo el territorio nacional.
-No había cámaras en el entorno del libro, solo en el claustro.
-Pero, ¿se ve algo?
-Hay 400 personas, la mayoría turistas desconocidos, que pasaron por el claustro en una semana de grabaciones. Ni siquiera sabemos cuando ocurrió el robo. Nos llevará meses. Pero nos hemos centrado en seguir los pasos de la historiadora. Ya sabemos cuando fue la última vez que pasó por el claustro.
-¿Salió con una bolsa o un bulto?
-Unos minutos antes entró normal, como todos los días, pero, al poco, sale, solo la vemos de espaldas, con paso apresurado y llamando por el móvil.
-¿Tenemos ya la lista de llamadas?
-El juez acaba de pedirle la lista a su operadora.
-Entonces sí tenemos algo.
-Que posiblemente fue ella la primera en descubrir el robo.
-Pero no avisó al archivero ni al deán…
-Quizás no tuvo tiempo.
-Entonces, nuestra principal sospechosa se cae.
-Supongo que sí. Descubrió algo importante y ahora ha volado.
El comisario jefe tosió y se rascó la cabeza.
-Entonces, también está pringada.
-No sabemos qué intenciones tenía. Quizás tenía un plan y alguien se le adelantó, estas bandas de profesionales de robos de arte tienen buenos informantes. Alguien les sopla de que fulano de tal va a intentar algo y los otros se lo birlan.
-¿Por qué no llamas al famoso ladrón de arte, ese que vive retirado en la Costa del Sol?
A Filgueira aquello le recordó la escena de “El Silencio de los corderos”, donde la detective del FBI, Clarisa, va a la celda a pedir colaboración a Anibal Lecter.
-Hablaré con Udev-Málaga para que le hagan una visita.
-Gutiérrez te hace la gestión. ¿Y qué hay de los otros estudiosos?
-El caballero templario viene ahora mismo para aquí.
-¿Un templario, como esas sectas, los Illuminati, que salen en el Código Da Vinci?
-En realidad es un catedrático francés que, por casualidad, es miembro de la venerable Orden de Malta, experto en el medievo. También he mandado a una patrulla a buscar al profesor de Oxford a su hotel. A ver qué nos pueden aclarar estos dos eruditos. En las cámaras de grabación, se les ve entrar por última vez, hace una semana.
-¿Y los tres que guardaban la llave?
-El arzobispo está en Francia. Hay que esperar a que estén los tres reunidos y hacer un careo. Quizás alguno se dejó la llave puesta en el arcón, pasó por allí un electricista con guantes en plena faena, vio el libro y se lo llevó.
-Ojalá fuese tan sencillo. Esto parece muy profesional.
-Creo que no, se han olvidado de robar el Tumbo A, mucho más valioso, según el deán.
-¿El Tumbo A? ¿Qué me estás diciendo?
-Son documentos muy antiguos de la catedral, recopilaciones que valen su peso en oro. Y los pasaron por alto. Por eso, creo que pudo ser algo muy precipitado.
-Lo que encaja con la salida a toda mecha de la historiadora.
-Me vendría bien que Gutiérrez llamase a la operadora y le metiese prisa con la lista de llamadas del móvil.
El comisario jefe tamborileó en la mesa.
-O sea, que ahora mismo todo está en el aire y son especulaciones.
-Ya le dije que no teníamos nada.
-Llamaré a los de Madrid.
El comisario jefe colgó y Filgueira miró por la ventana a la plaza del Obradoiro. Los indignados del movimiento 15-M desmontaban sus tiendas de campaña bajo una intensa lluvia.
(fin del capítulo 6)
“El robo del Codex Calixtinus”
Por E.V.Pita
Capítulo 6
Resumen del capítulo 1 al 5: La policía de Santiago de Compostela busca a la historiadora Alexandra Bidueira para interrogarla sobre el robo del Códice Calixtino. En la pensión en la que vivía, la policía halló una nota con la palabra “Palimpsesto”, un documento escrito en pergamino que fue raspado para escribir otro texto encima. Si se trata de la copia de un texto clásico perdido, su valor podría dispararse. Un buen móvil para el robo. Pero hay más sospechosos: los tres guardianes de la llave del arcón donde era guardado el Códice y otros tres eruditos que tenían acceso a los textos.
Capítulo 6
El inspector Filgueira caminaba por la cripta ensimismado. Se paró ante una ventana y observó distraído como la lluvia golpeaba los cristales. Los turistas y peregrinos caminaban con paraguas de múltiples colores. Había recibido un fogonazo mental como él llamaba a esas imágenes que le venían a la mente cuando se hallaba en mitad de la investigación de un caso. Se trataba de una casita de madera situada en la inmensa soledad escandinava, que reconoció como una escena de una de las novelas de Camilla Labeck. Tenía el título en la punta de la lengua cuando interrumpió sus pensamientos el sonido del móvil. Era el comisario jefe.
-¿Qué tenemos?-, dijo secamente el jefe.
-De momento, nada.
-Dame algo. Este es un marrón de los gordos, el delegado del Gobierno me acaba de llamar y quiere respuestas.
-Es lo que pasa siempre, los de arriba siempre presionan.
-No presiona, solo quiere saber si tenemos idea del tema o no.
-Llevamos horas en esto, no he parado ni para comer…
-Es lo que hay. La noticia ya está saliendo en todos los telediarios, hasta en el Washington Post. Algo tendrás…
-Dile al jefe que no podemos levantar la liebre.
El comisario jefe guardó silencio al otro lado del hilo. La respuesta no le convenció.
-Creemos que fue un robo por encargo.
La otra voz pareció más relajada.
-¿Quién?
-Algún coleccionista forrado de pasta.
-¿Quién iba a querer comprar en una subasta una obra tan famosa? No tendría salida en el mercado. Ese tipo solo podría ver en su casa y si se lo enseña a alguna visita, caerá pronto.
-Quizás el Códice oculte algo muy valioso.
-Estamos hablando del códice Calixtino, no del Código Da Vinci. ¿Qué película me estás contando? Si no tienes nada, pues dilo, pero no vengas con conspiraciones y otras paranoias. ¿Quieres que llame a los de Madrid? Esos tipos encontraron los mapas robados de la Biblioteca Nacional en una subasta en Nueva York. Son buenos.
Filgueira respiró antes de contestar. No le gustaba que le metieran presión.
-Tenemos una pista, una historiadora, la estamos buscando.
-¿La habéis visto en las cámaras saliendo con el libro? Te consigo la orden de detención ahora para todo el territorio nacional.
-No había cámaras en el entorno del libro, solo en el claustro.
-Pero, ¿se ve algo?
-Hay 400 personas, la mayoría turistas desconocidos, que pasaron por el claustro en una semana de grabaciones. Ni siquiera sabemos cuando ocurrió el robo. Nos llevará meses. Pero nos hemos centrado en seguir los pasos de la historiadora. Ya sabemos cuando fue la última vez que pasó por el claustro.
-¿Salió con una bolsa o un bulto?
-Unos minutos antes entró normal, como todos los días, pero, al poco, sale, solo la vemos de espaldas, con paso apresurado y llamando por el móvil.
-¿Tenemos ya la lista de llamadas?
-El juez acaba de pedirle la lista a su operadora.
-Entonces sí tenemos algo.
-Que posiblemente fue ella la primera en descubrir el robo.
-Pero no avisó al archivero ni al deán…
-Quizás no tuvo tiempo.
-Entonces, nuestra principal sospechosa se cae.
-Supongo que sí. Descubrió algo importante y ahora ha volado.
El comisario jefe tosió y se rascó la cabeza.
-Entonces, también está pringada.
-No sabemos qué intenciones tenía. Quizás tenía un plan y alguien se le adelantó, estas bandas de profesionales de robos de arte tienen buenos informantes. Alguien les sopla de que fulano de tal va a intentar algo y los otros se lo birlan.
-¿Por qué no llamas al famoso ladrón de arte, ese que vive retirado en la Costa del Sol?
A Filgueira aquello le recordó la escena de “El Silencio de los corderos”, donde la detective del FBI, Clarisa, va a la celda a pedir colaboración a Anibal Lecter.
-Hablaré con Udev-Málaga para que le hagan una visita.
-Gutiérrez te hace la gestión. ¿Y qué hay de los otros estudiosos?
-El caballero templario viene ahora mismo para aquí.
-¿Un templario, como esas sectas, los Illuminati, que salen en el Código Da Vinci?
-En realidad es un catedrático francés que, por casualidad, es miembro de la venerable Orden de Malta, experto en el medievo. También he mandado a una patrulla a buscar al profesor de Oxford a su hotel. A ver qué nos pueden aclarar estos dos eruditos. En las cámaras de grabación, se les ve entrar por última vez, hace una semana.
-¿Y los tres que guardaban la llave?
-El arzobispo está en Francia. Hay que esperar a que estén los tres reunidos y hacer un careo. Quizás alguno se dejó la llave puesta en el arcón, pasó por allí un electricista con guantes en plena faena, vio el libro y se lo llevó.
-Ojalá fuese tan sencillo. Esto parece muy profesional.
-Creo que no, se han olvidado de robar el Tumbo A, mucho más valioso, según el deán.
-¿El Tumbo A? ¿Qué me estás diciendo?
-Son documentos muy antiguos de la catedral, recopilaciones que valen su peso en oro. Y los pasaron por alto. Por eso, creo que pudo ser algo muy precipitado.
-Lo que encaja con la salida a toda mecha de la historiadora.
-Me vendría bien que Gutiérrez llamase a la operadora y le metiese prisa con la lista de llamadas del móvil.
El comisario jefe tamborileó en la mesa.
-O sea, que ahora mismo todo está en el aire y son especulaciones.
-Ya le dije que no teníamos nada.
-Llamaré a los de Madrid.
El comisario jefe colgó y Filgueira miró por la ventana a la plaza del Obradoiro. Los indignados del movimiento 15-M desmontaban sus tiendas de campaña bajo una intensa lluvia.
(fin del capítulo 6)
jueves, 21 de julio de 2011
Capítulo 5 novela online "El robo del Codex Calixtinus" (5)
Novela online
“EL ROBO DEL CODEX CALIXTINUS”
Capítulo 5
Por E.V.Pita (2011)
Novela online
Resumen de los capítulos 1 – 4: La Policía de Santiago busca a la historiadora Alexandra Bidueiro desaparecida. Solo ella, otros tres estudiosos y los tres religiosos que guardaban las llaves tenían acceso al original del Codex Calixtinus, la primera guía de viajes sobre el Camino de Santiago, valioso libro de pergamino que fue robado a primeros de junio. En el registro de la pensión donde residía la historiadora, la Policía Científica halla una rápida anotación con la palabra “Palimpsesto”.
Descargar en PDF los capítulos 1 a 4 de "El robo del Códex Calixtinus":
http://evpitafreebooks.files.wordpress.com/2011/07/robocodex1a4.pdf
CAPÍTULO 5
Por E.V.Pita (2011)
El agente de la Policía Científica sacó una foto con su móvil de la nota que hallaron en la mesa de la pensión donde se alojaba la historiadora desaparecida. Envió la imagen al número del inspector Filgueira, que seguía buscando pistas en la catedral con el deán y el archivero jefe.
El detective de la Udev-Robos de la comisaría de Compostela examinó la foto que apareció en su pantalla. Las letras borrosas no ayudaban.
-Esta mujer tiene letra de médico, inteligible. ¿Qué pone? ¿Pan Bimbo Sexto?
Los agentes de la Policía Científica soltaron una carcajada.
-Creemos que ha querido escribir “Palimpsesto”. Ya lo hemos consultado con la sección de Grafología. Los sesgos torcidos de las “s” y las “p” son inconfudibles, y la “i” se distingue bien de la “t”. No nos cabe duda. Además, tratándose de una estudiosa de libros mediavales...
-Buen trabajo.
El inspector jefe Filgueira consultó en Google a través de su teléfono móvil. Tecleó la palabra “Palimpsesto” y salieron miles de referencias. La primera era de la enciclopedia libre Wikipedia que daba una rápida definición. Por lo que pudo entender Filgueira, el palimpsesto era un pergamino escrito con un texto en la Edad Media y que había sido reutilizado para aprovechar el pliego de piel. Gracias a los aparatos de rayos X y otros sofisticados sistemas de radiografía se habían rescatado fragmentos de obras antiguas, del mismo Arquímedes entre otros, que dormían bajo una escritura moderna. Filgueira sonrió. Le recordó el juego de la tinta invisible o de los mensajes que salen a luz con jugo de limón. Lo que más le gustaba es que, por fin, veía un razonable móvil para el robo. Enseguida le vino a la mente el best seller, El Códice Da Vinci, de Dan Brown. Era una buena historia llena de sectas secretas, códigos ocultos...
-Entre los que tenían acceso al libro no había una orden de los caballeros templarios o algo así.
-Es un caballero de la Orden de Malta, pero eso es anecdótico. Monseiur Jules destaca más por sus estudios sobre el Camino de Santiago, un amigo de la casa.- intervino el archivero jefe.
-No podemos descartar a nadie, ni siquiera a ustedes- dijo severamente Filgueira. Vamos a interrogar a todos exhaustivamente.
Pero la gran pregunta que se hacía Filgueira era si esto tenía relación con el caso. Por suerte, las órdenes de registro que había firmado el juez, junto a la autorización de las escuchas telefónicas, no solo incluían a los tres sacerdotes que guardaban las llaves de la cámara donde estaba custodiado el Codex Calixtinus. También se extendía a los cuatro investigadores que tenían acceso a la magna obra.
Llamo a los agentes que seguían en la pensión donde residía la historiadora desaparecida.
-No estaría de más que rebuscaseis en algún cajón, a ver si aparece una bitácora donde anotaba sus avances la investigadora. Necesitamos saber si la palabra “palimpsesto” tiene alguna relación con el Códex.
Filgueira miró para el deán y el archivero jefe, que le acompañaban, y pulsó una tecla en su teléfono.
-He encendido el altavoz para que nos oigan los responsables de la Catedral. Señor deán, puede intervenir en cualquier momento para corregirnos o hacer aclaraciones. Como ven, sospechamos que la historiadora pudo hallar un texto oculto bajo el Codex Calixtinus.
-Jefe, tengo mis dudas de que, técnicamente, esa profesora tuviese acceso a la alta tecnología lumínica- interrumpió el agente de la Policía Científica, que registraba la pensión - No es tan fácil leer un palimpsesto, hay que tener luces especiales, al menos una linterna de luz ultravioleta.
-Quizás la historiadora usaba algún aparato similar al de esa serie televisiva, el CSI Las Vegas, que con luces especiales hallan manchas de sangre en la pared y la alfombra.- propuso Filgueira.
Al experto de la Policía Científica le molestaba que le comparasen con el CSI.
-Esto no es una película. Ella tendría que entrar con un laboratorio portátil en la cámara donde se custodiaba el Codex. Incluso con un maletín llamaría la atención de los vigilantes y de los curiosos del Claustro. Nadie se puede pasear la catedral con un maletín blanco que lleva impreso el símbolo de la radioactividad sin que le hagan un par de preguntas.
-Pero ella podría ocultar una linterna de luz ultravioleta en el bolso o en algún portadocumentos. Algo que no despertase sospechas, quizás los estudiosos de los libros están familiarizados con estas nuevas tecnologías, no solo al wifi y los iPhones.
-Posiblemente. He visto esas linternas ultravioletas en Internet de tamaño pequeño por 200 euros. Seguramente, se puedan conseguir en un bazar chino por 15 euros.
Filgueira sonrió. Filgueira recordó unas palabras del detective sueco Kurt Wallander, en La Quinta Mujer, “alguien con la mejor voluntad quiso hacer Justicia, pero se le fue la mano”. En apenas cinco minutos, habían resuelto cómo la historiadora había aplicado luz ultravioleta al Códex y halló debajo el texto oculto. Pero seguía sin explicar por qué, en tal caso, no había comunicado su hallazgo al deán y al archivero, ni tampoco por qué lo había robado, si es que había sido ella.
-Supongamos que la historiadora descubre las obras perdidas de algún filósofo griego, ocultas bajo el pergamino y se calla la información para sacar tajada con el mejor postor. ¿Cuánto crees que iba a sacar?
-Un millón de euros como anticipo,- dijo su interlocutor, el policía que estaba en la pensión.
El archivero, que oía la conversación, se acercó al inspector y meneó la cabeza.
-Ustedes no lo entienden. Para un científico es más valioso el prestigio de hallar una obra clásica que se creía perdida que el montón de dinero que le pueda dar un coleccionista que le exigirá anonimato. Va contra la lógica del profesional. Todos los hallazgos son publicados en revistas especializadas. Si esta mujer ha identificado el texto oculto, estaría interesada en escribir una reseña internacional, al día siguiente le lloverían patrocinadores para su investigación, desde fundaciones al mismo archivo del Vaticano. El arzobispado le estaría muy agradecido y correría a anunciar la noticia, una vez comprobada, porque coincidiría con el 800 aniversario de la consagración de la catedral de Santiago. La profesora saldría en todos los telediarios.
-Emborracharse de gloria también es un buen móvil para el robo. Si usted hallase una copia de la obra completa de Sócrates bajo el Códice, ¿no se sentiría deseoso de que nadie le quitase o pisase “su” descubrimiento hasta tener plena certeza de su hallazgo? - objetó Filgueira.
-Líbrenos el Señor del pecado de la soberbia y también... del de la ignorancia- dijo con sorna el archivero jefe y guiñó un ojo.
Al deán se le escapó la risa y el inspector les miró enfadado.
-¿He dicho algo gracioso?
-Sócrates dictaba las lecciones, pronunció la famosa frase: “Solo sé que no sé nada”, pero jamás escribió ningún libro porque, según él, la letra escrita hacía perder la memoria, tan importante para la cultura de transmisión oral, como la celta.
Filgueira asintió humilde. Las obras del tal Sócrates quedaban descartadas. Era evidente que no podían estar ocultas tras el palimpsesto porque simplemente no existían.
-Sócrats tenía miedo de que la gente dejase de memorizar continuó el deán- porque siempre podía consultas sus notas, como esas enciclopedias por Internet, Google o Wikipedia, o como se llame eso, que sabes que lo tienes ahí arriba, en la Nube, y no necesitas recordar nada.
-¿Y algún pasaje del Evangelio perdido o una versión del Beato de Liébana?
-No, se trata de una copia medieval que fue borrada. En todo caso, sería una copia de otra copia, pero los Evangelios apenas han variado. En todo caso, el hallazgo sería anecdótico, no creemos que aportase información de gran relieve.
-O sea, que la historiadora Bidueira tendría que darse cuenta de que tenía algo muy gordo delante, un texto único y tan valioso como para arriesgarse a robar el Códice, que pasaría a ser secundario. Si esta teoría se confirma, su nuevo poseedor podría raspar el texto para leer lo más antiguo.
-Jefe, perdone – intervino el policía científico desde el móvil -, bastaría con tener una aparato de resonancia, como esos en los que te hacen un escaner en el hospital, para fotografiar el texto oculto sin dañarlo. Hace falta mucha pasta pero hay millonarios que tienen acceso ilimitado a los aparatos médicos, pueden reservar una hora para escanear todo el códice y computerizar los datos.
Filgueira asintió y se rascó el mentón. Aquello parecía razonable.
-Huele a robo por encargo.
-Claro, el coleccionista millonario no querría el Códex para admirarlo en una vitrina sino para escanear el texto oculto. Imagínese que ese texto explica con gran precisión donde está la tumba de Cleopatra o de Alejandro, uno de los grandes misterios de la Historia. Esa información vale cientos de miles de millones, el Códice solo es una minucia. Podría devolverlo y nadie se daría cuenta, pensaríamos que había sido un extravío y el caso quedaría cerrado.
-Es cierto que no podemos hablar de robo porque no hay ladrón. Solo sabemos que el Códice ha desaparecido. Si mañana aparece perdido en un cajón de la sacristía, nadie podría sospechar que ha sido escaneado.
-Nadie salvo Alexandra, la historiadora...
-Y eso explicaría que haya desaparecido o que haya puesto pies en polvorosa. Quiero un informe completo de esa mujer, es la clave de este caso.
Filgueira miró por la ventana y vio cómo los acampados del 15-M recogían sus cosas. Apagó el móvil y se sentó sobre un banco de piedra del palacio de Xelmirez, por lo menos, tan antiguo como el Códice.
-Señor deán, ¿usted que ha pasado las páginas del Códice en innumerables ocasiones cree realmente que oculta otro libro debajo? ¿Ha encontrado algún indicio? Para considerar en serio esa teoría, necesito alguna prueba. Hasta ahora, solo hemos especulado con el encargo de un millonario que querría escanear los pergaminos en busca de otros textos.
-No es imposible que oculte otros textos más antiguos debajo- admitió el deán-. En todo caso, serían textos escritos por monjes medievales, amanuenses que copiarían obras clásicas para que no se perdiesen. En la catedral, nadie se ha preocupado por ello porque harían falta esos medios de los que antes hablaba su policía: escáneres, luces ultravioletas, algo que solo disponen en el archivo del Castel de San Angelo, en Roma.
El archivero jefe se sentó. Estaba nervioso.
-Tenemos los medios que tenemos, esto no es la Biblioteca del Congreso, ni la Universidad de Olkahoma ni nada parecido. Hemos conseguido algunas becas para enviar arqueólogos a Roma para seguir con sus estudios del sepulcro de Santiago y la reconstrucción histórica. Pero lo cierto es que a nadie se le ocurrió comprobar si el Códex tenía textos ocultos. Solo lo hemos escaneado para editar piezas facsímiles y divulgar su contenido, que es más valioso que las miniaturas.
-Y, técnicamente, ¿es posible que contenga un palimpsesto?
-No le diría que no. El Códice fue escrito en la Corte Papal, su autoría se atribuye en el prólogo al mismísimo papa Calixto II aunque creemos que lo redactó el viajero Picaud, a mediados del siglo XII, sobre 1130. Es muy posible que los escribas del Papado reaprovechasen y reciclasen pergaminos antiguos o copias defectuosas porque eran fabricados con piel de animales, muy caras pero fáciles de borrar con un mero raspado de la superficie escrita. Ya ha visto que este códice ha llegado entero hasta nuestros días, nueve siglos después. Si Picaud corrió a cargo de los costes de la obra, aunque parece de encargo, sería altamente probable que comprase pergaminos usados, más baratos, y los raspase él mismo. Como los estudiantes que escriben sus apuntes por la cara en blanco de las fotocopias.
-O sea, que nuestra teoría de la tinta invisible no se puede descartar. Pero, la pregunta que yo le hago es muy clara y directa. Usted, que pudo examinar personalmente el Códice, ¿vio alguna vez restos de tinta antigua en las páginas?
-Jamás. Las únicas manchas son de humedad pero ni rastro de letras. A no ser que...
(fin del capítulo 5)
“EL ROBO DEL CODEX CALIXTINUS”
Capítulo 5
Por E.V.Pita (2011)
Novela online
Resumen de los capítulos 1 – 4: La Policía de Santiago busca a la historiadora Alexandra Bidueiro desaparecida. Solo ella, otros tres estudiosos y los tres religiosos que guardaban las llaves tenían acceso al original del Codex Calixtinus, la primera guía de viajes sobre el Camino de Santiago, valioso libro de pergamino que fue robado a primeros de junio. En el registro de la pensión donde residía la historiadora, la Policía Científica halla una rápida anotación con la palabra “Palimpsesto”.
Descargar en PDF los capítulos 1 a 4 de "El robo del Códex Calixtinus":
http://evpitafreebooks.files.wordpress.com/2011/07/robocodex1a4.pdf
CAPÍTULO 5
Por E.V.Pita (2011)
El agente de la Policía Científica sacó una foto con su móvil de la nota que hallaron en la mesa de la pensión donde se alojaba la historiadora desaparecida. Envió la imagen al número del inspector Filgueira, que seguía buscando pistas en la catedral con el deán y el archivero jefe.
El detective de la Udev-Robos de la comisaría de Compostela examinó la foto que apareció en su pantalla. Las letras borrosas no ayudaban.
-Esta mujer tiene letra de médico, inteligible. ¿Qué pone? ¿Pan Bimbo Sexto?
Los agentes de la Policía Científica soltaron una carcajada.
-Creemos que ha querido escribir “Palimpsesto”. Ya lo hemos consultado con la sección de Grafología. Los sesgos torcidos de las “s” y las “p” son inconfudibles, y la “i” se distingue bien de la “t”. No nos cabe duda. Además, tratándose de una estudiosa de libros mediavales...
-Buen trabajo.
El inspector jefe Filgueira consultó en Google a través de su teléfono móvil. Tecleó la palabra “Palimpsesto” y salieron miles de referencias. La primera era de la enciclopedia libre Wikipedia que daba una rápida definición. Por lo que pudo entender Filgueira, el palimpsesto era un pergamino escrito con un texto en la Edad Media y que había sido reutilizado para aprovechar el pliego de piel. Gracias a los aparatos de rayos X y otros sofisticados sistemas de radiografía se habían rescatado fragmentos de obras antiguas, del mismo Arquímedes entre otros, que dormían bajo una escritura moderna. Filgueira sonrió. Le recordó el juego de la tinta invisible o de los mensajes que salen a luz con jugo de limón. Lo que más le gustaba es que, por fin, veía un razonable móvil para el robo. Enseguida le vino a la mente el best seller, El Códice Da Vinci, de Dan Brown. Era una buena historia llena de sectas secretas, códigos ocultos...
-Entre los que tenían acceso al libro no había una orden de los caballeros templarios o algo así.
-Es un caballero de la Orden de Malta, pero eso es anecdótico. Monseiur Jules destaca más por sus estudios sobre el Camino de Santiago, un amigo de la casa.- intervino el archivero jefe.
-No podemos descartar a nadie, ni siquiera a ustedes- dijo severamente Filgueira. Vamos a interrogar a todos exhaustivamente.
Pero la gran pregunta que se hacía Filgueira era si esto tenía relación con el caso. Por suerte, las órdenes de registro que había firmado el juez, junto a la autorización de las escuchas telefónicas, no solo incluían a los tres sacerdotes que guardaban las llaves de la cámara donde estaba custodiado el Codex Calixtinus. También se extendía a los cuatro investigadores que tenían acceso a la magna obra.
Llamo a los agentes que seguían en la pensión donde residía la historiadora desaparecida.
-No estaría de más que rebuscaseis en algún cajón, a ver si aparece una bitácora donde anotaba sus avances la investigadora. Necesitamos saber si la palabra “palimpsesto” tiene alguna relación con el Códex.
Filgueira miró para el deán y el archivero jefe, que le acompañaban, y pulsó una tecla en su teléfono.
-He encendido el altavoz para que nos oigan los responsables de la Catedral. Señor deán, puede intervenir en cualquier momento para corregirnos o hacer aclaraciones. Como ven, sospechamos que la historiadora pudo hallar un texto oculto bajo el Codex Calixtinus.
-Jefe, tengo mis dudas de que, técnicamente, esa profesora tuviese acceso a la alta tecnología lumínica- interrumpió el agente de la Policía Científica, que registraba la pensión - No es tan fácil leer un palimpsesto, hay que tener luces especiales, al menos una linterna de luz ultravioleta.
-Quizás la historiadora usaba algún aparato similar al de esa serie televisiva, el CSI Las Vegas, que con luces especiales hallan manchas de sangre en la pared y la alfombra.- propuso Filgueira.
Al experto de la Policía Científica le molestaba que le comparasen con el CSI.
-Esto no es una película. Ella tendría que entrar con un laboratorio portátil en la cámara donde se custodiaba el Codex. Incluso con un maletín llamaría la atención de los vigilantes y de los curiosos del Claustro. Nadie se puede pasear la catedral con un maletín blanco que lleva impreso el símbolo de la radioactividad sin que le hagan un par de preguntas.
-Pero ella podría ocultar una linterna de luz ultravioleta en el bolso o en algún portadocumentos. Algo que no despertase sospechas, quizás los estudiosos de los libros están familiarizados con estas nuevas tecnologías, no solo al wifi y los iPhones.
-Posiblemente. He visto esas linternas ultravioletas en Internet de tamaño pequeño por 200 euros. Seguramente, se puedan conseguir en un bazar chino por 15 euros.
Filgueira sonrió. Filgueira recordó unas palabras del detective sueco Kurt Wallander, en La Quinta Mujer, “alguien con la mejor voluntad quiso hacer Justicia, pero se le fue la mano”. En apenas cinco minutos, habían resuelto cómo la historiadora había aplicado luz ultravioleta al Códex y halló debajo el texto oculto. Pero seguía sin explicar por qué, en tal caso, no había comunicado su hallazgo al deán y al archivero, ni tampoco por qué lo había robado, si es que había sido ella.
-Supongamos que la historiadora descubre las obras perdidas de algún filósofo griego, ocultas bajo el pergamino y se calla la información para sacar tajada con el mejor postor. ¿Cuánto crees que iba a sacar?
-Un millón de euros como anticipo,- dijo su interlocutor, el policía que estaba en la pensión.
El archivero, que oía la conversación, se acercó al inspector y meneó la cabeza.
-Ustedes no lo entienden. Para un científico es más valioso el prestigio de hallar una obra clásica que se creía perdida que el montón de dinero que le pueda dar un coleccionista que le exigirá anonimato. Va contra la lógica del profesional. Todos los hallazgos son publicados en revistas especializadas. Si esta mujer ha identificado el texto oculto, estaría interesada en escribir una reseña internacional, al día siguiente le lloverían patrocinadores para su investigación, desde fundaciones al mismo archivo del Vaticano. El arzobispado le estaría muy agradecido y correría a anunciar la noticia, una vez comprobada, porque coincidiría con el 800 aniversario de la consagración de la catedral de Santiago. La profesora saldría en todos los telediarios.
-Emborracharse de gloria también es un buen móvil para el robo. Si usted hallase una copia de la obra completa de Sócrates bajo el Códice, ¿no se sentiría deseoso de que nadie le quitase o pisase “su” descubrimiento hasta tener plena certeza de su hallazgo? - objetó Filgueira.
-Líbrenos el Señor del pecado de la soberbia y también... del de la ignorancia- dijo con sorna el archivero jefe y guiñó un ojo.
Al deán se le escapó la risa y el inspector les miró enfadado.
-¿He dicho algo gracioso?
-Sócrates dictaba las lecciones, pronunció la famosa frase: “Solo sé que no sé nada”, pero jamás escribió ningún libro porque, según él, la letra escrita hacía perder la memoria, tan importante para la cultura de transmisión oral, como la celta.
Filgueira asintió humilde. Las obras del tal Sócrates quedaban descartadas. Era evidente que no podían estar ocultas tras el palimpsesto porque simplemente no existían.
-Sócrats tenía miedo de que la gente dejase de memorizar continuó el deán- porque siempre podía consultas sus notas, como esas enciclopedias por Internet, Google o Wikipedia, o como se llame eso, que sabes que lo tienes ahí arriba, en la Nube, y no necesitas recordar nada.
-¿Y algún pasaje del Evangelio perdido o una versión del Beato de Liébana?
-No, se trata de una copia medieval que fue borrada. En todo caso, sería una copia de otra copia, pero los Evangelios apenas han variado. En todo caso, el hallazgo sería anecdótico, no creemos que aportase información de gran relieve.
-O sea, que la historiadora Bidueira tendría que darse cuenta de que tenía algo muy gordo delante, un texto único y tan valioso como para arriesgarse a robar el Códice, que pasaría a ser secundario. Si esta teoría se confirma, su nuevo poseedor podría raspar el texto para leer lo más antiguo.
-Jefe, perdone – intervino el policía científico desde el móvil -, bastaría con tener una aparato de resonancia, como esos en los que te hacen un escaner en el hospital, para fotografiar el texto oculto sin dañarlo. Hace falta mucha pasta pero hay millonarios que tienen acceso ilimitado a los aparatos médicos, pueden reservar una hora para escanear todo el códice y computerizar los datos.
Filgueira asintió y se rascó el mentón. Aquello parecía razonable.
-Huele a robo por encargo.
-Claro, el coleccionista millonario no querría el Códex para admirarlo en una vitrina sino para escanear el texto oculto. Imagínese que ese texto explica con gran precisión donde está la tumba de Cleopatra o de Alejandro, uno de los grandes misterios de la Historia. Esa información vale cientos de miles de millones, el Códice solo es una minucia. Podría devolverlo y nadie se daría cuenta, pensaríamos que había sido un extravío y el caso quedaría cerrado.
-Es cierto que no podemos hablar de robo porque no hay ladrón. Solo sabemos que el Códice ha desaparecido. Si mañana aparece perdido en un cajón de la sacristía, nadie podría sospechar que ha sido escaneado.
-Nadie salvo Alexandra, la historiadora...
-Y eso explicaría que haya desaparecido o que haya puesto pies en polvorosa. Quiero un informe completo de esa mujer, es la clave de este caso.
Filgueira miró por la ventana y vio cómo los acampados del 15-M recogían sus cosas. Apagó el móvil y se sentó sobre un banco de piedra del palacio de Xelmirez, por lo menos, tan antiguo como el Códice.
-Señor deán, ¿usted que ha pasado las páginas del Códice en innumerables ocasiones cree realmente que oculta otro libro debajo? ¿Ha encontrado algún indicio? Para considerar en serio esa teoría, necesito alguna prueba. Hasta ahora, solo hemos especulado con el encargo de un millonario que querría escanear los pergaminos en busca de otros textos.
-No es imposible que oculte otros textos más antiguos debajo- admitió el deán-. En todo caso, serían textos escritos por monjes medievales, amanuenses que copiarían obras clásicas para que no se perdiesen. En la catedral, nadie se ha preocupado por ello porque harían falta esos medios de los que antes hablaba su policía: escáneres, luces ultravioletas, algo que solo disponen en el archivo del Castel de San Angelo, en Roma.
El archivero jefe se sentó. Estaba nervioso.
-Tenemos los medios que tenemos, esto no es la Biblioteca del Congreso, ni la Universidad de Olkahoma ni nada parecido. Hemos conseguido algunas becas para enviar arqueólogos a Roma para seguir con sus estudios del sepulcro de Santiago y la reconstrucción histórica. Pero lo cierto es que a nadie se le ocurrió comprobar si el Códex tenía textos ocultos. Solo lo hemos escaneado para editar piezas facsímiles y divulgar su contenido, que es más valioso que las miniaturas.
-Y, técnicamente, ¿es posible que contenga un palimpsesto?
-No le diría que no. El Códice fue escrito en la Corte Papal, su autoría se atribuye en el prólogo al mismísimo papa Calixto II aunque creemos que lo redactó el viajero Picaud, a mediados del siglo XII, sobre 1130. Es muy posible que los escribas del Papado reaprovechasen y reciclasen pergaminos antiguos o copias defectuosas porque eran fabricados con piel de animales, muy caras pero fáciles de borrar con un mero raspado de la superficie escrita. Ya ha visto que este códice ha llegado entero hasta nuestros días, nueve siglos después. Si Picaud corrió a cargo de los costes de la obra, aunque parece de encargo, sería altamente probable que comprase pergaminos usados, más baratos, y los raspase él mismo. Como los estudiantes que escriben sus apuntes por la cara en blanco de las fotocopias.
-O sea, que nuestra teoría de la tinta invisible no se puede descartar. Pero, la pregunta que yo le hago es muy clara y directa. Usted, que pudo examinar personalmente el Códice, ¿vio alguna vez restos de tinta antigua en las páginas?
-Jamás. Las únicas manchas son de humedad pero ni rastro de letras. A no ser que...
(fin del capítulo 5)
jueves, 14 de julio de 2011
Capítulos 1 a 4 en PDF de la novela de intriga "El robo del Codex Calixtinus"
Autor: E.V.Pita (2011)
El inspector jefe Filgueira investiga el robo limpio del Códice Calixtino en la catedral de Santiago de Compostela. Solo tres personas tenían la llave de la cámara de seguridad, sin ventanas y con una puerta blindada. La única pista podría darla una historiadora que estudiaba el libro pero la cual lleva dos días desaparecida tras escribir una anotación en su diario de trabajo: "Palimpsesto".
Descargar aquí los capítulos 1 a 4 en formato PDF de la novela de intriga "El robo del Codex Calixtinus".
http://evpitafreebooks.files.wordpress.com/2011/07/robocodex1a4.pdf
El inspector jefe Filgueira investiga el robo limpio del Códice Calixtino en la catedral de Santiago de Compostela. Solo tres personas tenían la llave de la cámara de seguridad, sin ventanas y con una puerta blindada. La única pista podría darla una historiadora que estudiaba el libro pero la cual lleva dos días desaparecida tras escribir una anotación en su diario de trabajo: "Palimpsesto".
Descargar aquí los capítulos 1 a 4 en formato PDF de la novela de intriga "El robo del Codex Calixtinus".
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sábado, 9 de julio de 2011
(Cap. 4) Novela online "El robo del Códex Calixtinus" (4)
Novela online
Por E.V.Pita (2011)
EL ROBO DEL CÓDEX CALIXTINUS
Capítulo 4
Resumen del capítulo 1 a 3: La historiadora Alexandra Bidueira es una de las últimas personas en examinar el Códex Calixtinus, una joya literaria medieval. A medida que pasan las horas, la policía tiene más claro que ella es una de las principales sospechosas, sobre todo ahora que está ilocalizable.
Capítulo 4
El inspector jefe Filgueira dejó paso a tres hombres con batas y maletines. Estos se colocaron en el centro de la habitación sin ventanas.
-El libro estaba colocado en el centro, sobre aquella mesa-expositor.
Un policía científico pasó un dispositivo con luz infrarroja sobre la superficie de vetusta madera.
-Nada, ni una huella.
-Comprobad la puerta.
-Aquí hay muchas, nos llevará tiempo. La cerradura no está forzada.
-O sea, que abrieron con las llaves o unas copias. Eso reduce la lista de sospechosos a tres.
A Filgueira le gustaba que las inspecciones oculares se llevasen con sumo rigor y eficiencia. Por experiencia, sabía que las primeras indagaciones eran claves para resolver un caso porque luego las huellas se desvanecían.
El mando policial volvió junto al deán y el archivero. Su expresión parecía seria.
-Podrían ser profesionales, gente lista que no deja huellas. ¿Cuánto valía el libro? ¿Merecía la pena dedicar tantos esfuerzos como para planificar un golpe limpio?
-Su valor es incalculable,- explicó el archivero jefe.
-Necesito cifras. ¿Un millón de euros?
Los dos religiosos callaron.
-¿Diez millones? El que se lo llevó fue directamente a por el Códice. Sabía lo que iba a ganar.
-Como mínimo 16.600 millones de las antiguas pesetas, cien millones de euros, pero podría ser más,- explicó el arzobispo.
-Nunca se podrá vender en una subasta legal, el libro es demasiado bien conocido, es un símbolo del Camino de Santiago y del nacimiento de la Europa Cristiana,- añadió el archivero.
-Eso implica que un coleccionista con mucho dinero pudo haber encargado el robo. No podrá mostrarla en congresos, solo a su círculo más íntimo. Se habrá gastado una pasta en un capricho. Parece obra de profesionales, no han dejado huella, todo limpio.
Los agentes de la Científica cubrieron de polvo el suelo cercano a la mesa que sujetaba el libro.
-Señores, ¿me dejan ver las suelas de sus zapatos?- pidió Filgueira a los religiosos,- Es para descartarlos.
Estos obedecieron y Filgueira bajó por las escaleras hasta el atrio. En las paredes vio apoyados numerosas lápidas y escudos de casas nobiliarias. ¿No les bastaría esto al ladrón?
-Dígame, ¿por qué es tan valioso este libro? ¿Tiene ilustraciones bonitas?
-En realidad son cinco libros, que fueron unidos. Las miniaturas tienen menos interés que su texto, prácticamente es un guía de la peregrinación en el siglo XII. El Códex tiene casi mil años de historia. Posiblemente sea uno de los libros de pergamino más antiguos del mundo y que mejor se conserva. Ese libro es la historia del Camino y está vinculado al papa Calixto o al arzobispo Xelmirez, personajes de primera magnitud.
Filgueira tomo un poco de aire.
-¿Qué tamaño tenía?
-Unas 500 páginas, del tamaño de un periódico.
-Fácil de esconder en una maleta o una mochila,o salir con él en la mano. Mucho me temo que el Códice ya está fuera del país,- murmuró Filgueira. Aunque su intuición le decía que la clave estaba en aquellas personas más cercanas al libro, las tres que tenían las llaves, o esa historiadora que no daba señales de vida. Justo en ese momento, recibió una llamada de móvil.
-Jefe, estamos en el hostal de la sospechosa.
-Me habéis leído el pensamiento. ¿Qué tenéis?
-La patrona dice que hace dos días que no ve a su inquilina. Hemos abierto la puerta y todas sus pertenencias siguen en su sitio.
-¿Ha dejado alguna nota?
-Tiene una agenda abierta en la mesa, en la que con fecha de hace dos días, escribió: “Palimpsesto” ¿Alguien sabe que es eso? Suena a tecnicismo arqueológico.
-Compruébalo en Google, no podemos despreciar ninguna pista por humilde que sea.
(Fin del capítulo 4)
Por E.V.Pita (2011)
EL ROBO DEL CÓDEX CALIXTINUS
Capítulo 4
Resumen del capítulo 1 a 3: La historiadora Alexandra Bidueira es una de las últimas personas en examinar el Códex Calixtinus, una joya literaria medieval. A medida que pasan las horas, la policía tiene más claro que ella es una de las principales sospechosas, sobre todo ahora que está ilocalizable.
Capítulo 4
El inspector jefe Filgueira dejó paso a tres hombres con batas y maletines. Estos se colocaron en el centro de la habitación sin ventanas.
-El libro estaba colocado en el centro, sobre aquella mesa-expositor.
Un policía científico pasó un dispositivo con luz infrarroja sobre la superficie de vetusta madera.
-Nada, ni una huella.
-Comprobad la puerta.
-Aquí hay muchas, nos llevará tiempo. La cerradura no está forzada.
-O sea, que abrieron con las llaves o unas copias. Eso reduce la lista de sospechosos a tres.
A Filgueira le gustaba que las inspecciones oculares se llevasen con sumo rigor y eficiencia. Por experiencia, sabía que las primeras indagaciones eran claves para resolver un caso porque luego las huellas se desvanecían.
El mando policial volvió junto al deán y el archivero. Su expresión parecía seria.
-Podrían ser profesionales, gente lista que no deja huellas. ¿Cuánto valía el libro? ¿Merecía la pena dedicar tantos esfuerzos como para planificar un golpe limpio?
-Su valor es incalculable,- explicó el archivero jefe.
-Necesito cifras. ¿Un millón de euros?
Los dos religiosos callaron.
-¿Diez millones? El que se lo llevó fue directamente a por el Códice. Sabía lo que iba a ganar.
-Como mínimo 16.600 millones de las antiguas pesetas, cien millones de euros, pero podría ser más,- explicó el arzobispo.
-Nunca se podrá vender en una subasta legal, el libro es demasiado bien conocido, es un símbolo del Camino de Santiago y del nacimiento de la Europa Cristiana,- añadió el archivero.
-Eso implica que un coleccionista con mucho dinero pudo haber encargado el robo. No podrá mostrarla en congresos, solo a su círculo más íntimo. Se habrá gastado una pasta en un capricho. Parece obra de profesionales, no han dejado huella, todo limpio.
Los agentes de la Científica cubrieron de polvo el suelo cercano a la mesa que sujetaba el libro.
-Señores, ¿me dejan ver las suelas de sus zapatos?- pidió Filgueira a los religiosos,- Es para descartarlos.
Estos obedecieron y Filgueira bajó por las escaleras hasta el atrio. En las paredes vio apoyados numerosas lápidas y escudos de casas nobiliarias. ¿No les bastaría esto al ladrón?
-Dígame, ¿por qué es tan valioso este libro? ¿Tiene ilustraciones bonitas?
-En realidad son cinco libros, que fueron unidos. Las miniaturas tienen menos interés que su texto, prácticamente es un guía de la peregrinación en el siglo XII. El Códex tiene casi mil años de historia. Posiblemente sea uno de los libros de pergamino más antiguos del mundo y que mejor se conserva. Ese libro es la historia del Camino y está vinculado al papa Calixto o al arzobispo Xelmirez, personajes de primera magnitud.
Filgueira tomo un poco de aire.
-¿Qué tamaño tenía?
-Unas 500 páginas, del tamaño de un periódico.
-Fácil de esconder en una maleta o una mochila,o salir con él en la mano. Mucho me temo que el Códice ya está fuera del país,- murmuró Filgueira. Aunque su intuición le decía que la clave estaba en aquellas personas más cercanas al libro, las tres que tenían las llaves, o esa historiadora que no daba señales de vida. Justo en ese momento, recibió una llamada de móvil.
-Jefe, estamos en el hostal de la sospechosa.
-Me habéis leído el pensamiento. ¿Qué tenéis?
-La patrona dice que hace dos días que no ve a su inquilina. Hemos abierto la puerta y todas sus pertenencias siguen en su sitio.
-¿Ha dejado alguna nota?
-Tiene una agenda abierta en la mesa, en la que con fecha de hace dos días, escribió: “Palimpsesto” ¿Alguien sabe que es eso? Suena a tecnicismo arqueológico.
-Compruébalo en Google, no podemos despreciar ninguna pista por humilde que sea.
(Fin del capítulo 4)
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(Cap. 3) Novela online: "El robo del Codex Calixtinus" (3)
Novela online
Por E.V.Pita (2011)
"EL ROBO DEL CODEX CALIXTINUS"
Capítulo 3
Resumen de los capítulos 1 y 2: Cuando la historiadora Alexandra Bidueira se marchó del cuarto donde se custodiaba el Códice Calixtino todo estaba en orden. Dos días después, el inspector Filgueira ordenaba el precinto de la zona y el examen de la Policía Científica.
Capítulo 3
La jueza de Instrucción número 2 de Santiago, en funciones de guardia, hizo pasar a los dos agentes de la Judicial que le entregaron un sobre con documentación. Los policías iban vestidos de paisanos, con una pequeña cartera en bandolera. Eran una mujer rubia y alta, de unos 30 años, Maruxa, y un veterano de bigotes, García.
-¿Qué tenemos?- preguntó la magistrada mientras examinaba las solicitudes de registros, exámenes de grabaciones y escuchas.
-No mucho. Nadie se dio cuenta del robo,- refunfuñó García.
-¿Quién fue el último que vio el libro?,- preguntó la magistrada. El "último" solía ser siempre el principal sospechoso.
-Una historiadora. La hemos llamado al móvil pero no contesta.
La agente Maruxa señaló a uno de los papeles.
-Esa es la solicitud para la intervención de su teléfono y el examen de las llamadas.
La jueza la firmó.
-¿Cuando sabremos algo?
-El inspector Filgueira dice que el caso llevará tiempo porque se trata del típico robo de la cámara cerrada: sin ventanas y una sola entrada.- la expresión de García no denotaba entusiasmo.
-¿Y las cámaras? ¿Han reconocido a algún "habitual"?
-Estamos en ello, son 400 horas de grabación, hay que examinar los últimos diez días.
-Solo necesitamos 48 horas, ¿no? ¿No han localizado la secuencia en que desapareció el libro?
-Estamos en ello.
-¿Qué hay de las llaves?- preguntó la magistrada.
-La tenían tres religiosos y también personal de confianza. Habrá que interrogarlos a todos.
-¿El jefe archivero tiene móvil?- preguntó la jueza.
-Le llaman a la casa religiosa o al despacho,- dijo un agente y le pasó un papel.
-¿Es necesario?
-Filgueira ha dicho que todos son sospechosos y nadie está descartado.
La magistrada firmó mientras murmuraba "Todos son sospechosos".
Los agentes salieron del juzgado cuando sonó el móvil de uno. Era el inspector jefe. Contestó García. La voz del jefe parecía nerviosa.
-Id a la casa de la historiadora. Está hospedada en la plaza de la facultad de Historia, a solo 500 metros de la catedral. Sigue sin contestar al móvil y todo esto me "cheira" mal.
García colgó e hizo una señal a su colega.
-El maldito libro nos va a dar más trabajo del que pensábamos. Olvídate del fin de semana.
-Vamos, tanto lío por un libro.
-El robo es gordo. Dice Filgueira que el arzobispo le ha dicho que es como si roban la Torre Eiffel o la Estatua de la Libertad.
La agente Maruxa cerró la puerta del coche camuflado y le siguió García.
-O sea, que van a venir los de Madrid.
-¿Pensabas que ibas a resolver tú solita el caso? Esto tiene pinta de tener alcance internacional, grandes conexiones, mucho dinero...
(Fin del capítulo 3)
Por E.V.Pita (2011)
"EL ROBO DEL CODEX CALIXTINUS"
Capítulo 3
Resumen de los capítulos 1 y 2: Cuando la historiadora Alexandra Bidueira se marchó del cuarto donde se custodiaba el Códice Calixtino todo estaba en orden. Dos días después, el inspector Filgueira ordenaba el precinto de la zona y el examen de la Policía Científica.
Capítulo 3
La jueza de Instrucción número 2 de Santiago, en funciones de guardia, hizo pasar a los dos agentes de la Judicial que le entregaron un sobre con documentación. Los policías iban vestidos de paisanos, con una pequeña cartera en bandolera. Eran una mujer rubia y alta, de unos 30 años, Maruxa, y un veterano de bigotes, García.
-¿Qué tenemos?- preguntó la magistrada mientras examinaba las solicitudes de registros, exámenes de grabaciones y escuchas.
-No mucho. Nadie se dio cuenta del robo,- refunfuñó García.
-¿Quién fue el último que vio el libro?,- preguntó la magistrada. El "último" solía ser siempre el principal sospechoso.
-Una historiadora. La hemos llamado al móvil pero no contesta.
La agente Maruxa señaló a uno de los papeles.
-Esa es la solicitud para la intervención de su teléfono y el examen de las llamadas.
La jueza la firmó.
-¿Cuando sabremos algo?
-El inspector Filgueira dice que el caso llevará tiempo porque se trata del típico robo de la cámara cerrada: sin ventanas y una sola entrada.- la expresión de García no denotaba entusiasmo.
-¿Y las cámaras? ¿Han reconocido a algún "habitual"?
-Estamos en ello, son 400 horas de grabación, hay que examinar los últimos diez días.
-Solo necesitamos 48 horas, ¿no? ¿No han localizado la secuencia en que desapareció el libro?
-Estamos en ello.
-¿Qué hay de las llaves?- preguntó la magistrada.
-La tenían tres religiosos y también personal de confianza. Habrá que interrogarlos a todos.
-¿El jefe archivero tiene móvil?- preguntó la jueza.
-Le llaman a la casa religiosa o al despacho,- dijo un agente y le pasó un papel.
-¿Es necesario?
-Filgueira ha dicho que todos son sospechosos y nadie está descartado.
La magistrada firmó mientras murmuraba "Todos son sospechosos".
Los agentes salieron del juzgado cuando sonó el móvil de uno. Era el inspector jefe. Contestó García. La voz del jefe parecía nerviosa.
-Id a la casa de la historiadora. Está hospedada en la plaza de la facultad de Historia, a solo 500 metros de la catedral. Sigue sin contestar al móvil y todo esto me "cheira" mal.
García colgó e hizo una señal a su colega.
-El maldito libro nos va a dar más trabajo del que pensábamos. Olvídate del fin de semana.
-Vamos, tanto lío por un libro.
-El robo es gordo. Dice Filgueira que el arzobispo le ha dicho que es como si roban la Torre Eiffel o la Estatua de la Libertad.
La agente Maruxa cerró la puerta del coche camuflado y le siguió García.
-O sea, que van a venir los de Madrid.
-¿Pensabas que ibas a resolver tú solita el caso? Esto tiene pinta de tener alcance internacional, grandes conexiones, mucho dinero...
(Fin del capítulo 3)
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(Cap. 2) Novela online "El robo del Codex Calixtinus" (2)
Por E.V.Pita (2011)
EL ROBO DEL CÓDEX CALIXTINUS
Capítulo 2
Resumen del capítulo 1: La historiadora Alexandra Biduiera investiga un tramo del Camino de Santiago recogido en la guía para peregrinos de Picaud, el libro 5 del Códex Calixtinus, milenaria joya del medievo.
Capítulo 2.
Dos días después.
El jefe de la Unidad de Robos de la comisaría de Santiago, inspector Filgueira, caminó apresurado por el interior de la catedral sin prestar atención al espectáculo del botafumeiro. El sacerdote que le acompañaba le mostró el camino hacia el despacho del deán y del jefe del archivo. Sonó su móvil y el policía lo silenció hasta que salió del recinto religioso y entró en los pasillos del Tesoro. El comisario jefe pedía novedades, ya se había enterado el delegado del Gobierno.
-¿Qué sabemos del libro?
-No tenemos nada aún. He ordenado una discreta vigilancia en la plaza del Obradoiro mientras ponemos todas las piezas sobre la mesa.
-¿Crees que esto nos va a superar?
-Parece ser que el libro es muy importante, quizás haya que avisar a Madrid y la Interpol.
-¿Qué hay de las grabaciones?
-He mandado a un subinspector a buscarlas. Creo que no habia cámaras en el cuarto blindado.
El sacerdote lo confirmó y negó con la cabeza.
-Nada, no tenían.
-¿Quienes accedían habitualmente?
-En las últimas semanas, estaban autorizados un profesor de Literatura Medieval de Oxford, una religiosa de Roma, un caballero de la Orden de Malta y una historiadora de la Biblioteca Nacional.
-O sea, ratas de biblioteca. Llámeme cuando termine la entrevista con el jefe del archivo y el arzobispo.
El inspector jefe Filgueira asintió y apagó el móvil. El sacerdote le guió hasta el archivo. Allí dos religiosos, uno de pelo blanco y avanzada edad, daban vueltas nerviosos y se echaban las manos a la cabeza.
-No entiendo cómo pudo ocurrir,- dijo el deán.- Cuando el arzobispo regrese de Francia, se va a llevar un disgusto.
El policía examinó el cuarto detenidamente. Sin ventanas, muros gruesos y una puerta de mucha anchura que parecía blindada. Sonrió desafiante. Estaba ante el típico caso del cuarto cerrado de las novelas de intriga de Edgar Allan Poe. Filgueira era muy aficionado a leer novelas negras pero aquí haría falta emplear algo más que deducción.
-¿Han movido algo?
Los dos religiosos negaron con la cabeza. Se acababan de enterar del robo apenas 20 minutos antes.
-¿Donde estaba el libro?
El jefe archivero señaló a una mesa vacía en el centro del cuarto.
El inspector se rascó la cabeza. Hubiese esperado un cristal blindado, rayos láser de detección de movimientos. Pero si el grial era un vaso de madera de carpintero y no una copa de oro, tampoco tenía sentido dar mayor protección a un libro. ¿No?
Filgueira buscó cobertura, salió fuera del cuarto y llamó al comisario.
-Ha habido suerte. Necesito que vengan los chicos de la brigada de la Policía Científica. El escenario sigue limpio.
(Fin del capítulo 2)
EL ROBO DEL CÓDEX CALIXTINUS
Capítulo 2
Resumen del capítulo 1: La historiadora Alexandra Biduiera investiga un tramo del Camino de Santiago recogido en la guía para peregrinos de Picaud, el libro 5 del Códex Calixtinus, milenaria joya del medievo.
Capítulo 2.
Dos días después.
El jefe de la Unidad de Robos de la comisaría de Santiago, inspector Filgueira, caminó apresurado por el interior de la catedral sin prestar atención al espectáculo del botafumeiro. El sacerdote que le acompañaba le mostró el camino hacia el despacho del deán y del jefe del archivo. Sonó su móvil y el policía lo silenció hasta que salió del recinto religioso y entró en los pasillos del Tesoro. El comisario jefe pedía novedades, ya se había enterado el delegado del Gobierno.
-¿Qué sabemos del libro?
-No tenemos nada aún. He ordenado una discreta vigilancia en la plaza del Obradoiro mientras ponemos todas las piezas sobre la mesa.
-¿Crees que esto nos va a superar?
-Parece ser que el libro es muy importante, quizás haya que avisar a Madrid y la Interpol.
-¿Qué hay de las grabaciones?
-He mandado a un subinspector a buscarlas. Creo que no habia cámaras en el cuarto blindado.
El sacerdote lo confirmó y negó con la cabeza.
-Nada, no tenían.
-¿Quienes accedían habitualmente?
-En las últimas semanas, estaban autorizados un profesor de Literatura Medieval de Oxford, una religiosa de Roma, un caballero de la Orden de Malta y una historiadora de la Biblioteca Nacional.
-O sea, ratas de biblioteca. Llámeme cuando termine la entrevista con el jefe del archivo y el arzobispo.
El inspector jefe Filgueira asintió y apagó el móvil. El sacerdote le guió hasta el archivo. Allí dos religiosos, uno de pelo blanco y avanzada edad, daban vueltas nerviosos y se echaban las manos a la cabeza.
-No entiendo cómo pudo ocurrir,- dijo el deán.- Cuando el arzobispo regrese de Francia, se va a llevar un disgusto.
El policía examinó el cuarto detenidamente. Sin ventanas, muros gruesos y una puerta de mucha anchura que parecía blindada. Sonrió desafiante. Estaba ante el típico caso del cuarto cerrado de las novelas de intriga de Edgar Allan Poe. Filgueira era muy aficionado a leer novelas negras pero aquí haría falta emplear algo más que deducción.
-¿Han movido algo?
Los dos religiosos negaron con la cabeza. Se acababan de enterar del robo apenas 20 minutos antes.
-¿Donde estaba el libro?
El jefe archivero señaló a una mesa vacía en el centro del cuarto.
El inspector se rascó la cabeza. Hubiese esperado un cristal blindado, rayos láser de detección de movimientos. Pero si el grial era un vaso de madera de carpintero y no una copa de oro, tampoco tenía sentido dar mayor protección a un libro. ¿No?
Filgueira buscó cobertura, salió fuera del cuarto y llamó al comisario.
-Ha habido suerte. Necesito que vengan los chicos de la brigada de la Policía Científica. El escenario sigue limpio.
(Fin del capítulo 2)
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Santiago de Compostela
(Cap.1) Novela on line: "El robo del Codex Calixtinus" (1)
Por E.V.Pita (2011)
Novela on line
"EL ROBO DEL CODEX CALIXTINUS"
Capítulo 1
Para estar a primeros de julio, la tarde era lluviosa. Un verano típico de Galicia, de los de antes del efecto invernadero y el calentamiento global. Varios peregrinos caminaban por la plaza de O Obradoiro, mezclados entre los jóvenes músicos de la tuna y decenas de indignados del movimiento 15-M que recogían sus tiendas tras casi dos meses de acampada y protestas. Un joven, vestido con camiseta y pantalones cortos, entró en el museo arqueológico de la Catedral tras mostrar su tique a un colaborador del Cabildo vestido de calle. El visitante caminó tranquilamente por la exposición del Coro Pétreo y después observó algunas lápidas. En la segunda planta, correspondiente al palacio del obispo Xelmirez se perdió entre los pasillos. Subió por unos escalones y llegó hasta la puerta del archivo diocesano. Allí, un sacerdote le indicó que la entrada estaba reservada a investigadores con acreditación y vedada a los turistas. El joven asintió y se perdió por el atrio de la catedral sin mayores incidencias.
En el archivo, la historiadora Alexandra Bidueira se quitó las gafas y apagó su iPad. Había pasado una larga tarde en la cámara estudiando con detenimiento un pasaje del libro 5 del Códex Calixtinus, una guía medieval del Camino de Santiago y auténtica joya bibliográfica. Le parecía asombroso que sus páginas hubiesen sido tocadas por las manos de Xelmirez o de reyes como Alfonso X el Sabio o doña Urraca. Quizás alguno de los pelos que había hallado en los fondos de las páginas pertenecían a alguno de los monarcas. Bastaría una prueba de ADN. Trató de centrarse en lo que la había traído allí durante aquellos meses. Miró por la ventana y vio que seguía lloviendo. ¿Cuando duraría aquel mal tiempo? Miró el reloj en su iPhone y consultó el correo electrónico. Ninguna novedad, salvo que la Biblioteca Nacional le apremiaba para que terminase su investigación sobre el tramo de Villafranca a Astorga. La idea era estudiar el Códice Calixtino para detectar pistas sobre calzadas romanas, mansiones, topónimos prerrománicos y hallar la localización del anfiteatro de Asturica Augusta. Cuando el peregrino Picaud recorrió la ruta fue muy meticuloso y su latín era correcto. Por tanto, era un observador fiable pese a los múltiples peligros que tuvo que sortear para que el libro supuestamente escrito por el Papa Calixto llegase sin un rasguño a Compostela. La estudiosa pasó otra página, que tenía un agujero en el centro, producto posiblemente de la combustión de un poco de cera ardiente que descuidadamente vertió un sacerdote. El pergamino incluso tenía más señales de maltrato, además de las huellas de la humedad. Por ejemplo, una de las páginas había sido burdamente raspada como si el autor hubiese querido borrar el contenido anterior, algo que era muy usual en la Edad Media para aprovechar las hojas y reescribir encima.
Alexandra inclinó su cabeza para examinar con más detalle la superficie del pergamino e intuyó unas formas de tinta azul diluidas en el papel, entremezcladas con las líneas escritas en negro. La historiadora se rascó la punta de la nariz y rebuscó entre su material hasta que halló una lupa. Examinó concienzudamente la mancha azul y su sonrisa dejó entrever un triunfo. Aquellos trazos habían pasado inadvertidos durante 900 años pero al ampliar la imagen podía distinguir, de forma muy débil, la letra alfa del alfabeto griego y otros caracteres que interpretó como griegos. Comprobó que en la sala no había nadie en ese momento y usó la cámara de su tableta iPad para fotografiar su hallazgo. Impaciente, guardó el fichero y lo adjuntó en un correro electrónico, en el que escribió un breve mensaje: "Vas a flipar con esto".
Bidueira recogió su tableta electrónica y la guardó en su maletín. Al salir de la cámara, de gruesos muros, llamó a un vigilante, que recogió el libro con casi 1.000 años de historia, que lo devolvió a su mesa de exposiciones. La profesional abrió la puerta y cruzó su mirada con un joven turista despistado al que el vigilante le echaba una regañina. La historiadora se encaminó al atrio y entró en el interior de la catedral, en el ala sur, justo cuando el botafumeiros oscilaba sobre cientos de peregrinos sobre los que vertía humo de incienso.
(Fin del primer capítulo)
Novela on line
"EL ROBO DEL CODEX CALIXTINUS"
Capítulo 1
Para estar a primeros de julio, la tarde era lluviosa. Un verano típico de Galicia, de los de antes del efecto invernadero y el calentamiento global. Varios peregrinos caminaban por la plaza de O Obradoiro, mezclados entre los jóvenes músicos de la tuna y decenas de indignados del movimiento 15-M que recogían sus tiendas tras casi dos meses de acampada y protestas. Un joven, vestido con camiseta y pantalones cortos, entró en el museo arqueológico de la Catedral tras mostrar su tique a un colaborador del Cabildo vestido de calle. El visitante caminó tranquilamente por la exposición del Coro Pétreo y después observó algunas lápidas. En la segunda planta, correspondiente al palacio del obispo Xelmirez se perdió entre los pasillos. Subió por unos escalones y llegó hasta la puerta del archivo diocesano. Allí, un sacerdote le indicó que la entrada estaba reservada a investigadores con acreditación y vedada a los turistas. El joven asintió y se perdió por el atrio de la catedral sin mayores incidencias.
En el archivo, la historiadora Alexandra Bidueira se quitó las gafas y apagó su iPad. Había pasado una larga tarde en la cámara estudiando con detenimiento un pasaje del libro 5 del Códex Calixtinus, una guía medieval del Camino de Santiago y auténtica joya bibliográfica. Le parecía asombroso que sus páginas hubiesen sido tocadas por las manos de Xelmirez o de reyes como Alfonso X el Sabio o doña Urraca. Quizás alguno de los pelos que había hallado en los fondos de las páginas pertenecían a alguno de los monarcas. Bastaría una prueba de ADN. Trató de centrarse en lo que la había traído allí durante aquellos meses. Miró por la ventana y vio que seguía lloviendo. ¿Cuando duraría aquel mal tiempo? Miró el reloj en su iPhone y consultó el correo electrónico. Ninguna novedad, salvo que la Biblioteca Nacional le apremiaba para que terminase su investigación sobre el tramo de Villafranca a Astorga. La idea era estudiar el Códice Calixtino para detectar pistas sobre calzadas romanas, mansiones, topónimos prerrománicos y hallar la localización del anfiteatro de Asturica Augusta. Cuando el peregrino Picaud recorrió la ruta fue muy meticuloso y su latín era correcto. Por tanto, era un observador fiable pese a los múltiples peligros que tuvo que sortear para que el libro supuestamente escrito por el Papa Calixto llegase sin un rasguño a Compostela. La estudiosa pasó otra página, que tenía un agujero en el centro, producto posiblemente de la combustión de un poco de cera ardiente que descuidadamente vertió un sacerdote. El pergamino incluso tenía más señales de maltrato, además de las huellas de la humedad. Por ejemplo, una de las páginas había sido burdamente raspada como si el autor hubiese querido borrar el contenido anterior, algo que era muy usual en la Edad Media para aprovechar las hojas y reescribir encima.
Alexandra inclinó su cabeza para examinar con más detalle la superficie del pergamino e intuyó unas formas de tinta azul diluidas en el papel, entremezcladas con las líneas escritas en negro. La historiadora se rascó la punta de la nariz y rebuscó entre su material hasta que halló una lupa. Examinó concienzudamente la mancha azul y su sonrisa dejó entrever un triunfo. Aquellos trazos habían pasado inadvertidos durante 900 años pero al ampliar la imagen podía distinguir, de forma muy débil, la letra alfa del alfabeto griego y otros caracteres que interpretó como griegos. Comprobó que en la sala no había nadie en ese momento y usó la cámara de su tableta iPad para fotografiar su hallazgo. Impaciente, guardó el fichero y lo adjuntó en un correro electrónico, en el que escribió un breve mensaje: "Vas a flipar con esto".
Bidueira recogió su tableta electrónica y la guardó en su maletín. Al salir de la cámara, de gruesos muros, llamó a un vigilante, que recogió el libro con casi 1.000 años de historia, que lo devolvió a su mesa de exposiciones. La profesional abrió la puerta y cruzó su mirada con un joven turista despistado al que el vigilante le echaba una regañina. La historiadora se encaminó al atrio y entró en el interior de la catedral, en el ala sur, justo cuando el botafumeiros oscilaba sobre cientos de peregrinos sobre los que vertía humo de incienso.
(Fin del primer capítulo)
domingo, 22 de mayo de 2011
(3) Spanish Revolution (the novel) Chapter 3 / Spanish Revolution (la novela) Capítulo 3
Autor: E.V.Pita (2011)
SPANISH REVOLUTION
CAPÍTULO 3 - CAMINO DE LA ACAMPADA DE SOL
Resumen capítulo 1 y 2: Los estudiantes Brais y Amanda se ven sorprendidos por numerosos tweets de sus amigos durante un viaje en tren desde Berlín a Disneyland Paris. Tras diversas averiguaciones, descubren que ha estallado en España la Spanish Revolution de los indignados y deciden seguir su viaje a Madrid para unirse a las protestas en la acampada de la Puerta del Sol. Sin embargo, sus motivos son diferentes.
Sumary chapter 1 -2 : The students Brais and Amanda travel from Berlin to Paris when they recived a lot of messages from their friends in Twitter. There is a Spanish Revolution in the big square Puerta del Sol in Madrid and they decided suspend their holidays and go by night train to Madrid.
Al regresar a la Gare du Nort, compramos unas botellas de agua y buscamos los equipajes en las consignas.
-¿Estás dispuesta a renunciar al viaje a Disneyland Paris? Si pillamos el tren, ya no podremos ir a ver al ratón Mickey.
-Ahora tenemos que estar en la acampada de Sol y apoyar a nuestros amigos.
-Ya te dije que ni siquiera sabemos quienes están detrás de esas siglas, Democracia Real Ya.
-Es gente buena, todos mis amigos están ya en Sol.
Sonreí. Nunca había escuchado un argumento tan malo para unirse a una causa. Eché unas monedas en el cajero de la taquilla y se abrió la puerta automáticamente. Tiré de mi mochila. Amanda arrastró la suya y guardó unos mapas. Luego, me miró seriamente.
-Sé lo que estás pensado. Pero te recuerdo que estudio tercero de Ciencias Políticas, a estas alturas sé distinguir perfectamente entre una kedada para ir de botellón y una acampada a favor de cambiar las cosas.
-Ni siquiera sabemos por qué protestan. ¿Por qué vamos a recorrer 1.000 kilómetros a ciegas?
-Ya te he dicho que iré yo sola. Quienes están allí son otros indignados como tú y yo. ¿Tú no estás indignado?
Me rasqué la cabeza y fruncí el ceño.
-Olvidaba que en vuestra facultad os enseñan a ser parte del Sistema,-dijo ella malhumorada.
-Te equivocas. Lo que ocurre es que no entiendes lo que está pasando ahora en el mundo. Es muy fácil echarle la culpa a los banqueros o los políticos pero el problema es mucho más profundo. Estamos ante una crisis sistémica.
-¿Crisis qué?
-Crisis sistémica, como la subida al trono del Emperador Augusto de Roma, que inauguró una nueva era que sustituyó a la republicana, la Revolución Industrial que inauguró el capitalismo, la Revolución Francesa que enterró el feudalismo o la Gran Depresión de 1929, que dejó paso al Estado de Bienestar. Esas crisis fueron puntos de inflexión que dejaron un mundo atrás y empezaron un nuevo rumbo.
-Si estamos en una crisis sistémica, como dices, ¿qué es lo que ha cambiado? Todo sigue igual.
-Te lo voy a resumir. Nuestros abuelos han vivido en una economía de la demanda, que es la que explica el pleno empleo, el estado del Bienestar, la sociedad de consumo y el alto crecimiento entre la Segunda Guerra Mundial y 1973, año de la crisis del petróleo. Nuestros padres han crecido con la economía de la oferta, en la que prima la reducción de costes a través de la globalización y la deslocalización. Sobran empleos porque la economía es más eficiente y la oferta de los factores productivos más competitiva. En consecuencia, si todo es más barato, también bajan los salarios, de ahi los mileuristas y los contratos basura. Seguimos el modelo "just in time" de Toyota, en el que todo debe estar en su justo momento, por lo que las plantillas deben ser temporales, según los picos de producción, y de ahí la precariedad laboral que han vivido nuestros padres.
-Tú lo llamas con el eufemismo de economía de oferta pero para mí es simplemente una cara más del neoliberalismo que implantaron Reagan y Thatcher y que se basa en el tijerazo a los recortes sociales. Si hemos heredado de nuestros padres este mundo "just in time" de mileuristas e hipotecas basura, ¿no crees que tenemos que cambiarlo?
-¿Cambiarlo? ¿No has leído a Krugman o a Stiglitz? Ellos lo explican muy bien y apostaría que esos tipos que acampan en Sol jamás han leído libros como Caída Libre o Retorno a la Economía de la Depresión, ni a nuestro amigo Hessel, el indignado.
Amanda sacó de su bolso dos libros: "Fharenheit 451" de Ray Brabdury y "1984" de Orwell.
-Y tú no has leído estos.
Los títulos me sonaban de autores clásicos de literatura y leí el argumento en la contrapartada.
-¿De qué van?
-Son relatos distópicos, es decir, la utopía de un mundo feliz convertida en pesadilla: un Gran Hermano que vigila a sus ciudadanos, quema de libros... Hablan de la importancia del individuo. ¿No has leido a John Locke?
-No tuve Filosofía como optativa,- admití.
-Un tipo que presume de haber leído a los grandes "popes" de la Economía y ¿no conoces al padre del liberalismo, al que esbozó el contrato social y la libertad del individuo?
Reconocí que la estudiante de Ciencias Políticas tenía razón.
Cerré la puerta de las taquillas y cargué mi mochila.
-Vale, hubo tipos que cambiaron ellos solos el mundo con un par de libros. Pero, no es tan fácil cambiar la economía de Oferta, porque hace 30 años que vivimos con ese sistema. Habría que cambiarlo todo otra vez y existe un grave problema: la eficiencia es necesaria porque este planeta tiene recursos escasos que hemos ido agotando en la época de bonanza. No podemos permitirnos ser ineficientes, y eso supone reducir aún más los empleos y abaratar costes. No le veo una salida tan sencilla.
-Entoces, ¿para qué estudias si vas a ir directo al paro?
-Por lo mismo que tú, para no quedarme en el vagón de cola.
Amanda cargó con su mochila y se volvió hacia mi.
-Prefiero vivir en un mundo que fomente el pleno empleo. A veces, la eficiencia es cruel e inhumana. ¿No hay algo de perverso en eliminar constantemente puestos de trabajo para repartir más beneficios?
-Hablas como Krugman. Él dice que tenemos que recuperar las economías keynesianas para fomentar el empleo. Así que tanto tú como los acampados en Sol sois neokeynesianos.
-Ni siquiera sé quien es Keynes, creo que estudié algo de él en la asignatura de Pensamiento Político I. ¿No era el tipo que sacó a Estados Unidos de la crisis, el del programa New Deal?
-Tienes buena memoria. Keynes fue el que encontró la solución para salir de la crisis de 1929, la del crack de la Bolsa de Wall Street. Dijo que habia que estimular la demanda mediante políticas públicas de inversión. Y ahora se hace lo contrario, los estados deben reducir el déficit, como Grecia o Irlanda, por lo que los consumidores compran menos, las empresas despiden más y la recesión se agrava.
-Pues eso es lo que piden en la acampada de Sol, que las cosas mejores.
-¿Cómo? ¿Aumentando el déficit público?
-A veces, los estudiantes de Económicas pensais erróneamente que es la economía la que gobierno el mundo y vuestros profesores os han tomado el pelo. Es el pueblo y el parlamento elegidos democráticamente los que gobiernan por el bien común. La acampada de Sol solo recuerda esto y pide que las cosas vuelvan a su cauce, castigando a los banqueros que provocaron esto y a los políticos que lo permitieron.
-No es tan fácil cambiar las cosas.
-Entonces, no me acompañes a Sol. No te lo he pedido. Quédate ahí sentado esperando a que la economía de Demanda y Oferta alcancen el punto de equilibrio. ¿No es así como lo llamáis en la facultad de Economía?
Refunfuñé pero no dije nada.
Bajamos las escaleras del metro y buscamos en los mapas la Gare d'Austerlitz. Echamos una carrer hacia la plataforma seguidos de un tipo con boina y aspecto bohemio que entró en el mismo vagón que nosotros. Este entabló conversación con Amanda en el asiento del vagón. ¡Por favor! Aquellos parisinos se tenían creído su supuesto irresistible glamour que les hacía considerar como una obligación el conquistar a cualquier pasajera extranjera que viesen povr la calle. Bueno, la ley de probabilidades jugaba a favor de ellos. Amanda le enseño la portada de "¡Indignez-vous!" y el bohemio soltó una larga parrafada mientras hacía gestos con las manos entusiasmado. Creí entenderle que por fin alguien honrado había abierto la boca y denunciado lo que pasaba en el mundo. Él, por supuesto, estaba a favor de cambiar las cosas.
Nos despedimos del tipo en la parada de la gare d'Austerlitz y subimos al trote las escaleras mecánicas. Teníamos prisa. Queríamos llegar con veinte minutos de adelanto para buscar un compartimento sin reservar en el vagón.
-No entiendo como me has convencido,- protesté. El tren talgo hotel era lo único libre que habíamos encontrado para viajar a Madrid.
-Tus padres no se enterarán, nadie tiene por qué saberlo. Volveremos a Berlín por nuestras cosas y volveremos como si nada. Se trata de que estemos solo dos días en Madrid.
Asentí sin decir nada. No sabía muy bien por qué me embarcaba en aquella aventura.
Siempre había peleas entre los mochileros por conseguir el mejor asiento. Y ya se oían los vozarrones de los pasajeros del sur de Francia. Con aquellos tipos de dos metros no íbamos a poder discutir, así que optamos por meternos en una estancia próxima al grupo de italianos, que nos parecían de confianza porque cantaban con una guitarra. El compartimento que elegimos tenía la ventanilla cerrada y hacía mucho calor en el interior. Amanda probó a abrir el ventanuco sin éxito. Hice un intento sin resultado. La manilla parecía estar soldada al metal. Amanda salió al compartimento de al lado, y unos grandullones de Burdeos, que les habíamos oído protestar por lo mismo, ya habían aireado la estancia. Yo seguía intentándolo pero no lograba nada.
Luego, mi compañera de viaje bajó al andén a fumar un cigarro a escondidas porque la estación era un edificio público y aprovechó para tomar el aire. La discusión anterior le hacía bullir cientos de ideas en la cabeza, de cómo cada día asistían a cosas más indignantes: dinero público despilfarrado en socorrer a quienes habían tenido perdidas millonarias, censura en Internet, si eras joven sabían que no tendrías empleo o este sería precario...
Me quedé dentro para poder vigilar las mochilas. Había actuado en plan protector con Amanda, que regresó al vagón, aliviada por respirar aire. Pero le horrorizaba la idea de tener que dormir con aquella calefación a tope. Era tarde para lamentaciones. El tren salía hacia a Madrid y nos acomodamos agotados en las respectivas butacas.
-Democracia Real Ya, eso era lo que ponía el tweet,- dijo Amanda pensativa.
-Hemos hecho una locura pero seguramente merezca la pena. Supongo que todos estamos indignados.
-¿Tú por qué estás indignada? No te privas de nada, hasta tienes un móvil de última generación.
-Por que las cosas están mal pero aún hay tiempo de cambiarlas.
-¿No te has preguntado por qué la gente se indigna una semana antes de las elecciones?
-Algún día tenía que estallar.
Los dos se quedaron dormidos en sus butacas mientras el tren ponía rumbo a Madrid.
Sonó un último tweet que nadie leyó.
Lili: carga policial para desalojar Puerta del Sol
Miguel: volvemos más tarde.
SPANISH REVOLUTION
CAPÍTULO 3 - CAMINO DE LA ACAMPADA DE SOL
Resumen capítulo 1 y 2: Los estudiantes Brais y Amanda se ven sorprendidos por numerosos tweets de sus amigos durante un viaje en tren desde Berlín a Disneyland Paris. Tras diversas averiguaciones, descubren que ha estallado en España la Spanish Revolution de los indignados y deciden seguir su viaje a Madrid para unirse a las protestas en la acampada de la Puerta del Sol. Sin embargo, sus motivos son diferentes.
Sumary chapter 1 -2 : The students Brais and Amanda travel from Berlin to Paris when they recived a lot of messages from their friends in Twitter. There is a Spanish Revolution in the big square Puerta del Sol in Madrid and they decided suspend their holidays and go by night train to Madrid.
Al regresar a la Gare du Nort, compramos unas botellas de agua y buscamos los equipajes en las consignas.
-¿Estás dispuesta a renunciar al viaje a Disneyland Paris? Si pillamos el tren, ya no podremos ir a ver al ratón Mickey.
-Ahora tenemos que estar en la acampada de Sol y apoyar a nuestros amigos.
-Ya te dije que ni siquiera sabemos quienes están detrás de esas siglas, Democracia Real Ya.
-Es gente buena, todos mis amigos están ya en Sol.
Sonreí. Nunca había escuchado un argumento tan malo para unirse a una causa. Eché unas monedas en el cajero de la taquilla y se abrió la puerta automáticamente. Tiré de mi mochila. Amanda arrastró la suya y guardó unos mapas. Luego, me miró seriamente.
-Sé lo que estás pensado. Pero te recuerdo que estudio tercero de Ciencias Políticas, a estas alturas sé distinguir perfectamente entre una kedada para ir de botellón y una acampada a favor de cambiar las cosas.
-Ni siquiera sabemos por qué protestan. ¿Por qué vamos a recorrer 1.000 kilómetros a ciegas?
-Ya te he dicho que iré yo sola. Quienes están allí son otros indignados como tú y yo. ¿Tú no estás indignado?
Me rasqué la cabeza y fruncí el ceño.
-Olvidaba que en vuestra facultad os enseñan a ser parte del Sistema,-dijo ella malhumorada.
-Te equivocas. Lo que ocurre es que no entiendes lo que está pasando ahora en el mundo. Es muy fácil echarle la culpa a los banqueros o los políticos pero el problema es mucho más profundo. Estamos ante una crisis sistémica.
-¿Crisis qué?
-Crisis sistémica, como la subida al trono del Emperador Augusto de Roma, que inauguró una nueva era que sustituyó a la republicana, la Revolución Industrial que inauguró el capitalismo, la Revolución Francesa que enterró el feudalismo o la Gran Depresión de 1929, que dejó paso al Estado de Bienestar. Esas crisis fueron puntos de inflexión que dejaron un mundo atrás y empezaron un nuevo rumbo.
-Si estamos en una crisis sistémica, como dices, ¿qué es lo que ha cambiado? Todo sigue igual.
-Te lo voy a resumir. Nuestros abuelos han vivido en una economía de la demanda, que es la que explica el pleno empleo, el estado del Bienestar, la sociedad de consumo y el alto crecimiento entre la Segunda Guerra Mundial y 1973, año de la crisis del petróleo. Nuestros padres han crecido con la economía de la oferta, en la que prima la reducción de costes a través de la globalización y la deslocalización. Sobran empleos porque la economía es más eficiente y la oferta de los factores productivos más competitiva. En consecuencia, si todo es más barato, también bajan los salarios, de ahi los mileuristas y los contratos basura. Seguimos el modelo "just in time" de Toyota, en el que todo debe estar en su justo momento, por lo que las plantillas deben ser temporales, según los picos de producción, y de ahí la precariedad laboral que han vivido nuestros padres.
-Tú lo llamas con el eufemismo de economía de oferta pero para mí es simplemente una cara más del neoliberalismo que implantaron Reagan y Thatcher y que se basa en el tijerazo a los recortes sociales. Si hemos heredado de nuestros padres este mundo "just in time" de mileuristas e hipotecas basura, ¿no crees que tenemos que cambiarlo?
-¿Cambiarlo? ¿No has leído a Krugman o a Stiglitz? Ellos lo explican muy bien y apostaría que esos tipos que acampan en Sol jamás han leído libros como Caída Libre o Retorno a la Economía de la Depresión, ni a nuestro amigo Hessel, el indignado.
Amanda sacó de su bolso dos libros: "Fharenheit 451" de Ray Brabdury y "1984" de Orwell.
-Y tú no has leído estos.
Los títulos me sonaban de autores clásicos de literatura y leí el argumento en la contrapartada.
-¿De qué van?
-Son relatos distópicos, es decir, la utopía de un mundo feliz convertida en pesadilla: un Gran Hermano que vigila a sus ciudadanos, quema de libros... Hablan de la importancia del individuo. ¿No has leido a John Locke?
-No tuve Filosofía como optativa,- admití.
-Un tipo que presume de haber leído a los grandes "popes" de la Economía y ¿no conoces al padre del liberalismo, al que esbozó el contrato social y la libertad del individuo?
Reconocí que la estudiante de Ciencias Políticas tenía razón.
Cerré la puerta de las taquillas y cargué mi mochila.
-Vale, hubo tipos que cambiaron ellos solos el mundo con un par de libros. Pero, no es tan fácil cambiar la economía de Oferta, porque hace 30 años que vivimos con ese sistema. Habría que cambiarlo todo otra vez y existe un grave problema: la eficiencia es necesaria porque este planeta tiene recursos escasos que hemos ido agotando en la época de bonanza. No podemos permitirnos ser ineficientes, y eso supone reducir aún más los empleos y abaratar costes. No le veo una salida tan sencilla.
-Entoces, ¿para qué estudias si vas a ir directo al paro?
-Por lo mismo que tú, para no quedarme en el vagón de cola.
Amanda cargó con su mochila y se volvió hacia mi.
-Prefiero vivir en un mundo que fomente el pleno empleo. A veces, la eficiencia es cruel e inhumana. ¿No hay algo de perverso en eliminar constantemente puestos de trabajo para repartir más beneficios?
-Hablas como Krugman. Él dice que tenemos que recuperar las economías keynesianas para fomentar el empleo. Así que tanto tú como los acampados en Sol sois neokeynesianos.
-Ni siquiera sé quien es Keynes, creo que estudié algo de él en la asignatura de Pensamiento Político I. ¿No era el tipo que sacó a Estados Unidos de la crisis, el del programa New Deal?
-Tienes buena memoria. Keynes fue el que encontró la solución para salir de la crisis de 1929, la del crack de la Bolsa de Wall Street. Dijo que habia que estimular la demanda mediante políticas públicas de inversión. Y ahora se hace lo contrario, los estados deben reducir el déficit, como Grecia o Irlanda, por lo que los consumidores compran menos, las empresas despiden más y la recesión se agrava.
-Pues eso es lo que piden en la acampada de Sol, que las cosas mejores.
-¿Cómo? ¿Aumentando el déficit público?
-A veces, los estudiantes de Económicas pensais erróneamente que es la economía la que gobierno el mundo y vuestros profesores os han tomado el pelo. Es el pueblo y el parlamento elegidos democráticamente los que gobiernan por el bien común. La acampada de Sol solo recuerda esto y pide que las cosas vuelvan a su cauce, castigando a los banqueros que provocaron esto y a los políticos que lo permitieron.
-No es tan fácil cambiar las cosas.
-Entonces, no me acompañes a Sol. No te lo he pedido. Quédate ahí sentado esperando a que la economía de Demanda y Oferta alcancen el punto de equilibrio. ¿No es así como lo llamáis en la facultad de Economía?
Refunfuñé pero no dije nada.
Bajamos las escaleras del metro y buscamos en los mapas la Gare d'Austerlitz. Echamos una carrer hacia la plataforma seguidos de un tipo con boina y aspecto bohemio que entró en el mismo vagón que nosotros. Este entabló conversación con Amanda en el asiento del vagón. ¡Por favor! Aquellos parisinos se tenían creído su supuesto irresistible glamour que les hacía considerar como una obligación el conquistar a cualquier pasajera extranjera que viesen povr la calle. Bueno, la ley de probabilidades jugaba a favor de ellos. Amanda le enseño la portada de "¡Indignez-vous!" y el bohemio soltó una larga parrafada mientras hacía gestos con las manos entusiasmado. Creí entenderle que por fin alguien honrado había abierto la boca y denunciado lo que pasaba en el mundo. Él, por supuesto, estaba a favor de cambiar las cosas.
Nos despedimos del tipo en la parada de la gare d'Austerlitz y subimos al trote las escaleras mecánicas. Teníamos prisa. Queríamos llegar con veinte minutos de adelanto para buscar un compartimento sin reservar en el vagón.
-No entiendo como me has convencido,- protesté. El tren talgo hotel era lo único libre que habíamos encontrado para viajar a Madrid.
-Tus padres no se enterarán, nadie tiene por qué saberlo. Volveremos a Berlín por nuestras cosas y volveremos como si nada. Se trata de que estemos solo dos días en Madrid.
Asentí sin decir nada. No sabía muy bien por qué me embarcaba en aquella aventura.
Siempre había peleas entre los mochileros por conseguir el mejor asiento. Y ya se oían los vozarrones de los pasajeros del sur de Francia. Con aquellos tipos de dos metros no íbamos a poder discutir, así que optamos por meternos en una estancia próxima al grupo de italianos, que nos parecían de confianza porque cantaban con una guitarra. El compartimento que elegimos tenía la ventanilla cerrada y hacía mucho calor en el interior. Amanda probó a abrir el ventanuco sin éxito. Hice un intento sin resultado. La manilla parecía estar soldada al metal. Amanda salió al compartimento de al lado, y unos grandullones de Burdeos, que les habíamos oído protestar por lo mismo, ya habían aireado la estancia. Yo seguía intentándolo pero no lograba nada.
Luego, mi compañera de viaje bajó al andén a fumar un cigarro a escondidas porque la estación era un edificio público y aprovechó para tomar el aire. La discusión anterior le hacía bullir cientos de ideas en la cabeza, de cómo cada día asistían a cosas más indignantes: dinero público despilfarrado en socorrer a quienes habían tenido perdidas millonarias, censura en Internet, si eras joven sabían que no tendrías empleo o este sería precario...
Me quedé dentro para poder vigilar las mochilas. Había actuado en plan protector con Amanda, que regresó al vagón, aliviada por respirar aire. Pero le horrorizaba la idea de tener que dormir con aquella calefación a tope. Era tarde para lamentaciones. El tren salía hacia a Madrid y nos acomodamos agotados en las respectivas butacas.
-Democracia Real Ya, eso era lo que ponía el tweet,- dijo Amanda pensativa.
-Hemos hecho una locura pero seguramente merezca la pena. Supongo que todos estamos indignados.
-¿Tú por qué estás indignada? No te privas de nada, hasta tienes un móvil de última generación.
-Por que las cosas están mal pero aún hay tiempo de cambiarlas.
-¿No te has preguntado por qué la gente se indigna una semana antes de las elecciones?
-Algún día tenía que estallar.
Los dos se quedaron dormidos en sus butacas mientras el tren ponía rumbo a Madrid.
Sonó un último tweet que nadie leyó.
Lili: carga policial para desalojar Puerta del Sol
Miguel: volvemos más tarde.
Pasados unos minutos, apareció el revisor, y pidió los billetes. Amanda ocultó con disimulo su cajetilla de tabaco entre el vestido y el asiento y miró hacia la ventana.
-Hace mucho calor. ¿No pueden bajar las ventanillas?
-Están cerradas automáticamente pero pueden ustedes regular el aire acondicionado.
-Disculpe, ¿sabe algo de lo que está pasando en Madrid?
-No mucho, dicen que hay una concentración pero no sé más.
Amanda se enfurruñó durante el resto de la noche. Hacía tanto calor que tuvimos que abrir la puerta. Nos repartimos los sitios. Cada uno ocupó tres butacas, a lo largo, como si fuera una cama. Habíamos tenido suerte al encontrar sitio libre. Pero aún nos podían incordiar durante la noche. Siempre subía algún viajero sin reserva. Para ahuyentarlos, recomendé a Amanda que nos descalzásemos y dejásemos los calcetines bien a la vista. Esta olorosa precaución bastaría para espantar a los futuros visitantes nocturnos. Por último, corrimos las cortinas para dejar bien clarito que aquel compartimento nos pertenecía. Amanda extrajo de su mochila una almohadilla de viaje que le ayudé a inflar. Luego guardó sus lentillas en unas cajas con líquidos-. Y. por último, se colocó los cascos de música. Hoy no tenía ganas de charlar. Debía ser enfadada por la dichosa ventanilla. De fondo, se oía el ruido de los italianos. Entre el calor y las voces era difícil dormir. En algunas paradas, se oían paseos por el pasillo, abriendo y cerrando las puertas del compartimento. Alguien corrió nuestra cortina e hizo ademán de entrar pero al ver nuestros pies descalzos, siguió de largo. Así transcurrió la noche de camino a Madrid. Realmente, el viaje había resultado cansado y ahora teníamos la oportunidad de dormir un poco.
(continuará en capítulo 4)
(continuará en capítulo 4)
Etiquetas:
libros,
literatura galega,
novela,
Spanish Revolution
sábado, 21 de mayo de 2011
(2) Spanish Revolution 2011 (the novel) / Spanish Revolution 2011 (la novela)
Autor: E.V.Pita (2011)
Resumen del capitulo 1: Los estudiantes Brais y Amanda salen de Berlín para pasar unos días en París cuando, a través de Twitter, se enteran en el tren de que algo está pasando en España. En su escala en París, tendrán que decidir si regresan a su país urgentemente.
Sumary of chapter 1: Two Spaniards young students, Brais and Amanda, live in Berlin and they travel to Paris to spend some days off. When they go by train, they recieved some tweets about big problems in Spain. They must decided if they come back to his country inmediatly.
THE SPANISH REVOLUTION
CAPÍTULO 2 - LA DECISIÓN
El tren pasó por la zona del aeropuerto Charles De Gaulle y siguió por el casco urbano mientras se cruzaba con los trenes de cercanías de París y de la SCNF.
-¿Has estado alguna vez en la Ciudad de la Luz?- dije, mientras miraba los tejados con buhardillas.
Amanda gruñó.
-El año pasado, en el viaje de fin de curso del instituto. Mis compañeros se colaron en el Metro. Uno pasaba el billete y los demás entraban gratis antes de que se cerrasen las puertas. Nadie nos dijo nada.
-A mí, lo que más me gustaría es callejear por el barrio de Saint Michel, atestado de pintores y libreros. Tiene cierto aire bohemio, como aquel mayo francés del 68, vi las fotos en un libro.
Amanda me miró divertida.
-¿Qué es el mayo francés?
-Los jóvenes se lanzaron a la calle para pedir un mundo mejor, lo mismo que ocurrió en la primavera de Praga o los campus de América contra la guerra de Vietnam.
-No sabía que un friki como tú tuviese su punto de romanticismo. Creí que estudiabas Económicas para convertirte en un tiburón financiero, como los que vendieron las hipotecas basura.
-Algunos economistas son buenos. Los consejos de Keynes ayudaron a salir de la crisis de la Gran Depresión de 1929.
-¿Qué hizo?
-El Gobierno invirtió en carreteras y acabó con el paro. Al terminar la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos había salido de la crisis.
-Claro, eran menos a repartir y tuvieron que reconstruirlo todo.
Preferí ignorar ese ácido comentario y bostecé. A palabras necias, oídos sordos.
-Además, ese Keynes no tenía ni idea por un motivo: el plan E que se puso en marcha ahora, no solo ha acabado con el paro sino que lo ha incrementado;- volvió a la carga Amanda.
-Pero hay paro porque lo prioritario es reducir el déficit del Estado.
-Lo prioritario es que la gente tenga empleo y pueda comer, ¿no?
-Sí, pero para conseguirlo, primero hay que reducir los gastos y no endeudarse más, porque sino los demás países no comprarán tu moneda ni invertirán. Genera una recesión, pero leve.
-Díselo a todos mis amigos, que han terminado la carrera y están en el paro. No sé qué os enseñan en esa facultad pero las recetas son un poco flojas.
-Bueno, si el Gobierno lo hiciese tan mal, ¿porqué no salen a la calle los 5 millones de parados a protestar?
-Quizás ya lo hayan hecho. ¿No te has enterado de la movida que se ha montado en la Puerta del Sol?
-Esos tweets que nos están llegando, ¿hablan de una manifestación? Creí que era para un concierto de rock.
Amanda resopló y miró para otro lado.
Por la ventanilla, distinguí unos amenazantes nubarrones sobre la torre Montparnasse. El día estaba inusualmente gris para ser primavera. Algunos pasajeros se levantaban impacientes de sus asientos y la voz enlatada de megafonía anunciaba la llegada a nuestro primer destino: "Gare de Nord á Paris". Así que aquella etapa del viaje llegaba a su fin. Descargamos las mochilas de las barras superiores. Pesaban como bloques de hormigón. Coloqué la bolsa en el sillón, me agaché, incorporé mi espalda vertical respecto al bulto, pasé los brazos por las tiras, resoplé y me erguí levantando todo el peso. Este truco de carga me lo había enseñado un excursionista canadiense y decidí usarlo porque creía que ahorraba esfuerzo. Amanda se quedó mirando mientras permanecía de cuclillas para colocarme la bolsa. Por su expresión, intuí que opinaba que la operación era demasiado aparatosa.
Salimos al pasillo y nos estrujamos hacia la ventanilla para dejar pasar a algunos pasajeros. El joven bohemio había olvidado su libro "Indignez-vous!" sobre la mesa y Amanda se acercó amablemente a devolvérselo.
-Merci beocoup,- dijo el joven. Este se nos quedó mirando y se rascó la cabeza.
-Es que vous sous spagnoles?
-España, sí, torero,- dijo Amanda sonriente, y lanzó un Olé!.
El bohemio tomó solemnemente su libro en las manos y se lo entregó a Amanda:
-Pour vous, mademosielle! Indignation! Brave pour des spagnoles!
Amanda se quedó con el libro en la mano y el joven saltó al andén.
-Indignez-vous!- gritó solemne y se desapareció entre una miríada de viajeros que inundaban los andenes de la estación del Norte.
-¡Ese tío está majareta perdido!- dije, mientras Amanda leía la contraportada del libro.- ¿Entiendes lo que dice?
Parpadeé un poco y traduje a mi manera.
-"Indignez-vous!" es un libro escrito por Hessel, un miembro de la resistencia francesa y único miembro vivo que relató la Declaración de los Derechos Humanos. Tiene 93 años y en su libro anima a los jóvenes a rebelarse pacíficamente contra los que han creado la crisis.
-¿Y por qué ese chico me lo ha regalado a mí?
-Te habrá visto cara de indignada- bromeé.
-No, él me lo dio porque era española. Le entendí: "Bravo por España" o algo así.
Meneé la cabeza. Para mí, estaba claro, el tío había querido ligar. Además, ese libro-panfleto solo costaba 5 euros, el precio de un café en París.
-No les des más vueltas, simple cortesía francesa.
-¿Pero, y si tuviese relación con los tweets sobre la kedada de la Puerta del Sol?
-¿El botellón de Puerta del Sol?
-´Creímos que era una kedada para hacer un botellón pero podía ser otra cosa.
-Manda un tweet y que te lo aclaren.
Amanda: hola, para qué es la kedada Puerta del Sol?
Cuando se abrieron las puertas del Thalys, dimos un brinco como si fuésemos astronautas y pisamos con una pequeña inclinación de rodillas el andén de la Gare du Nord. Levemente aturdidos, fuimos arrastrados por una marea humana. Nos sorprendió el bullicio, el ajetreo de los trabajadores escupidos por la boca del Metro y que tomaban el tren para ir a la oficina. El silencio de los campos de lavanda contrastaba con el ruido de la megafonía, los pitidos de los revisores o el ensordecedor piar de los gorriones que volaban bajo el techo de hierro... Aquella estación era gigantesca. Amanda encendió un cigarrillo y lanzó unos aros de humo. Nuestros ojos buscaban letreros que indicasen la oficina de Información Internacional, ya que queríamos conocer los horarios de tren hacia Disneyland Paris. Amandase habia olvidado de imprimirlos cuando lo consultó por Internet. Resuelto eso, quedaríamos libres para disfrutar de París por unas horas. Bastaba con guardar las mochilas en unas taquillas y subirse al Metro.
Parecíamos dos panolis arrastrados por la masa de viajeros que caminaban apresuradamente por el andén, justo en el momento en que una máquina del tren de alta velocidad TGV entraba en la estación.
-Lo primero que haré será beberme un buen café au lait - dijo Amanda.
-No te hagas ilusiones. Estamos sin blanca.
-Te dije que tenías que sacar más dinero del cajero en Berlín.
-No te acuerdas que nos lo fundimos todo al pagar el suplemento del ICE. Como la señorita es tan fina que no quería viajar en un tren regional...
-Sabes de sobra que no hubiésemos tardado una eternidad.
-No tenemos prisa, tenemos tres días por delante.
-Llegamos con retraso y todo por tu culpa.
-Tú quisiste esperarme. Podías haber viajado sola.
Amanda me miró enfadada, con los ojos rojos como una fiera, pero se mordió la lengua.
-Podría decirte un par de cosas pero no quiero hacerte daño.
Bajé la cabeza.
-Los dos estamos muy cansados por el viaje. Llevamos toda la noche metidos en ese tren sin comer apenas y es normal que estemos de mal humor.
Ambos se separaron al llegar a las toilletes.
-¿Tienes unas monedas sueltas? Aquí hay que pagar como en Alemania por ir al baño.
-Pagar por todo es una forma de aumentar el PIB,- bromeé.
Removí en el bolsillo y saqué un billete de 10 euros.
-Creo que ya tenemos para el baño y un buen desayuno.
Amanda se quitó la mochila y se dejó caer sentada en el suelo.
Cuando salimos del baño, nos sentamos en la mesa de una cafetería y pedimos dos baguettes y un café au lait para cada uno. Eso nos daría energía. En ese momento, sonó un tweet.
Lisi: Acampada en Puerta del Sol.
Amanda abrió los ojos como platos.
-¿Una acampada?
-Tu colega nos quiere tomar el pelo, pasa de ella.
Mi compañera de viaje tecleó:
Amanda: ¿Acampada, qué acampada?
Con el estomago lleno, nos dirigimos a la sala de Consultas estaba compuesta de un mostrador con siete operadores. Cada dependiente pulsaba una tecla y saltaba en una pantalla digital el número de orden al público. Recogimos nuestro turno y nos sentamos en unas sillas de plástico barato. Nos acompañaban unos pasajeros muy curiosos, como una joven mendiga tirada en el suelo que comía el contenido de un paquete con un menú de comida rápida. Otro aparentaba el típico francés sacado de una película rollo de Jacques Truffeau. Nos observaba una jubilada alemana de camisa floreada y melena rizada. También observé a los inmigrantes arabes y a modernas mujeres cubiertas con el chador. Cuando la dependienta de Información nos llamó por nuestro número, dudamos entre hacer las preguntas en francés (que supuestamente dominaba yo) o inglés (cosa de Amanda, más viajada).
-Si sabes francés, podemos intentarlo- dijo Amanda, ingenuamente.
Eso le había hecho creer yo, pero sólo tenía conocimientos básicos del idioma.
Busqué una excusa. Si resultaba que el dependiente soltaba una parrafada, yo no entendería nada y Amanda tampoco. O lo que era peor, comprendería todas las instrucciones al revés y perderíamos el tren a Disneyland Paris. Se me ocurrió una mentirijilla piadosa.
-Es preferible que hablemos en inglés, no vaya a ser que metamos la pata con el francés- me disculpé, con un gesto fallido al pasar la mano por la punta de la nariz y ponerme colorado. ¡Qué embuste!
Así que Amanda gruñó y tomó las riendas. En este viaje, se empezaba a dar cuenta de que a ella siempre le tocaba pringar. Casualmente, siempre le caían todos los marrones. Con una amplia sonrisa se dirigió hacia la dependienta del mostrador. ¡Estaba espléndida cuando se hacía la niña buena! La operadora explicó que para viajar a Disneyland Paris era necesario hacer un transbordo en metro para tomar otro tren en dirección al oeste. Sólo nos valdría un tren que no requiriese reserva y que, por tanto, fuese gratis para los viajeros con el billete de Rail Exprés. Pero, ¿cómo se preguntaba eso?
Entonces intervine yo y chapurreé en plan bruto.
-Rail Exprés, no suplement, Rail Exprés, no suplement, no reservé.
La azafata se quedó pensativa mientras Amanda se llevaba las manos a la cabeza.
-¡Y este tío presume de hablar tres idiomas!
Milagrosamente, la dependiente comprendió y sin perder el tiempo explicó el mejor recorrido. Nuestro tren partía dentro de tres horas y llegaría a Disneyland Paris una hora después. Teníamos tiempo para dar una vuelta por el centro.
-Llegaremos a Disneyland Paris a la hora de comer, cerca de la una de la tarde.
Para asegurarnos de que la información era correcta, nos lo imprimió por ordenador.
-Merci, beacoup!
Arrastramos las mochilas como si fuese un saco de ladrillos y salimos a los pasillos. Había leído en una guía que la estación tenía una sala donde estaban las taquillas, en dirección al Metro. Había un montón de armarios y gasté mis últimas monedas en guardar las mochilas hasta la noche, cuando volviesemos del parque de atracciones. Nos metimos en la boca del metro en dirección a lo Campos Eliseos. Habíamos oído que allí se compraban los tickects para Disneyland Paris.
-Debimos haber hecho la reserva por Internet.
-Te dije que te encargases tú.
-Me olvidé.
Amanda se sentó en el atestado vagón de metro y quedé de pie. Me fijé en que parpadeaba la pantalla de su móvil.
-Tienes un tweet. Quizás tu amiga nos aclare qué es lo que está pasando en Madrid.
Lili: Ya estoy. Hay un montón de peña.
Miguel: Yo también estoy indignado.
La joven escribió un mensaje.
Amanda: ¿Quien organiza la kedada? ¿De qué va esto?
Salimos a la calle y seguimos la flecha de un anuncio de McDonalds. En unos minutos nos encontramos en el Hotel de la Ville, el ayuntamiento de París. El día estaba demasiado nuboso y amenazaba con caer una tormenta.
Nos sentamos agotados en el restaurante de comida rápida e invité a Amanda, ya que ella no había cambiado sus cheques de viaje.
-Cuando volvamos a Berlín te lo devuelvo- me prometió, mientras sorbía con su pajita el vaso de Coca-Cola.
Fuera comenzaba a lloviznar.
Después, cuando escampó, caminamos por la plaza del Centro George Pompidou, un lugar obligado para los jóvenes. Allí había una fuente y unas esculturas de estilo picasiano. Nos sacamos unas fotos bajo las gotas de la lluvia. Ante la amenaza de que empeorarse la tormenta, continuamos paseando arrimados a los portales del barrio del Sena y Saint Michel. La chica comenzó a quejarse de que le dolían los pies y tuvimos que hacer un alto para que se descalzase y se quitase las sandalias.
Llegó otro tweet.
Lili: Democracia Real Ya, Spanish Revolution, No les votes.
Los dos jóvenes alzaron las cejas sorprendidos.
-¿Spanish Revolution? ¿Pero qué está pasando en Madrid?
Los dos jóvenes entraron en el centro Pompidou y buscaron un servicio de Internet gratuito. Amanda se sentó y tecleó en el buscador Google: "Spanish Revolution" "Puerta del Sol"
Aparecieron 2.460.576 entradas.
-Fíjate, hasta Wikipedia tiene una entrada.
Los dos se miraron asombrados. Los titulares no dejaban lugar a dudas: "Cientos de jóvenes indignados se concentran en la Puerta del Sol contra la crisis económica y social", "Democraria Real Ya irrumpe en campaña".
-La que se está armando, y nosotros aquí, perdiéndosnolo.
-¿Y si fuésemos a Madrid?
-Dentro de una semana acabamos el curso, me parece buena idea.
-Digo ahora.
-¿Ahora? ¿Tú estás loca?
-Podemos buscar vuelos baratos, el primero que nos lleve alli.
-A ver si nos aclaramos. Primero, me convenciste para acompañarte a Disneyland Paris, pues era la mayor ilusion de tu vida, ver al ratón Mickey y al pato Donald. Ahora, quieres ir con tus colegas a la Puerta del Sol para luchar contra la crisis. Genial!
-¿Genial?
-Por supuesto, te acompañaré al aeropuerto.
-Se trataba de ir los dos juntos.
-No se me ha perdido nada allí.
-Pero es algo histórico, la gente sale a protestar porque está indignada.
-Ni siquiera sabemos por qué protestan. ¿Quién está detrás de todo esto?
Resumen del capitulo 1: Los estudiantes Brais y Amanda salen de Berlín para pasar unos días en París cuando, a través de Twitter, se enteran en el tren de que algo está pasando en España. En su escala en París, tendrán que decidir si regresan a su país urgentemente.
Sumary of chapter 1: Two Spaniards young students, Brais and Amanda, live in Berlin and they travel to Paris to spend some days off. When they go by train, they recieved some tweets about big problems in Spain. They must decided if they come back to his country inmediatly.
THE SPANISH REVOLUTION
CAPÍTULO 2 - LA DECISIÓN
El tren pasó por la zona del aeropuerto Charles De Gaulle y siguió por el casco urbano mientras se cruzaba con los trenes de cercanías de París y de la SCNF.
-¿Has estado alguna vez en la Ciudad de la Luz?- dije, mientras miraba los tejados con buhardillas.
Amanda gruñó.
-El año pasado, en el viaje de fin de curso del instituto. Mis compañeros se colaron en el Metro. Uno pasaba el billete y los demás entraban gratis antes de que se cerrasen las puertas. Nadie nos dijo nada.
-A mí, lo que más me gustaría es callejear por el barrio de Saint Michel, atestado de pintores y libreros. Tiene cierto aire bohemio, como aquel mayo francés del 68, vi las fotos en un libro.
Amanda me miró divertida.
-¿Qué es el mayo francés?
-Los jóvenes se lanzaron a la calle para pedir un mundo mejor, lo mismo que ocurrió en la primavera de Praga o los campus de América contra la guerra de Vietnam.
-No sabía que un friki como tú tuviese su punto de romanticismo. Creí que estudiabas Económicas para convertirte en un tiburón financiero, como los que vendieron las hipotecas basura.
-Algunos economistas son buenos. Los consejos de Keynes ayudaron a salir de la crisis de la Gran Depresión de 1929.
-¿Qué hizo?
-El Gobierno invirtió en carreteras y acabó con el paro. Al terminar la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos había salido de la crisis.
-Claro, eran menos a repartir y tuvieron que reconstruirlo todo.
Preferí ignorar ese ácido comentario y bostecé. A palabras necias, oídos sordos.
-Además, ese Keynes no tenía ni idea por un motivo: el plan E que se puso en marcha ahora, no solo ha acabado con el paro sino que lo ha incrementado;- volvió a la carga Amanda.
-Pero hay paro porque lo prioritario es reducir el déficit del Estado.
-Lo prioritario es que la gente tenga empleo y pueda comer, ¿no?
-Sí, pero para conseguirlo, primero hay que reducir los gastos y no endeudarse más, porque sino los demás países no comprarán tu moneda ni invertirán. Genera una recesión, pero leve.
-Díselo a todos mis amigos, que han terminado la carrera y están en el paro. No sé qué os enseñan en esa facultad pero las recetas son un poco flojas.
-Bueno, si el Gobierno lo hiciese tan mal, ¿porqué no salen a la calle los 5 millones de parados a protestar?
-Quizás ya lo hayan hecho. ¿No te has enterado de la movida que se ha montado en la Puerta del Sol?
-Esos tweets que nos están llegando, ¿hablan de una manifestación? Creí que era para un concierto de rock.
Amanda resopló y miró para otro lado.
Por la ventanilla, distinguí unos amenazantes nubarrones sobre la torre Montparnasse. El día estaba inusualmente gris para ser primavera. Algunos pasajeros se levantaban impacientes de sus asientos y la voz enlatada de megafonía anunciaba la llegada a nuestro primer destino: "Gare de Nord á Paris". Así que aquella etapa del viaje llegaba a su fin. Descargamos las mochilas de las barras superiores. Pesaban como bloques de hormigón. Coloqué la bolsa en el sillón, me agaché, incorporé mi espalda vertical respecto al bulto, pasé los brazos por las tiras, resoplé y me erguí levantando todo el peso. Este truco de carga me lo había enseñado un excursionista canadiense y decidí usarlo porque creía que ahorraba esfuerzo. Amanda se quedó mirando mientras permanecía de cuclillas para colocarme la bolsa. Por su expresión, intuí que opinaba que la operación era demasiado aparatosa.
Salimos al pasillo y nos estrujamos hacia la ventanilla para dejar pasar a algunos pasajeros. El joven bohemio había olvidado su libro "Indignez-vous!" sobre la mesa y Amanda se acercó amablemente a devolvérselo.
-Merci beocoup,- dijo el joven. Este se nos quedó mirando y se rascó la cabeza.
-Es que vous sous spagnoles?
-España, sí, torero,- dijo Amanda sonriente, y lanzó un Olé!.
El bohemio tomó solemnemente su libro en las manos y se lo entregó a Amanda:
-Pour vous, mademosielle! Indignation! Brave pour des spagnoles!
Amanda se quedó con el libro en la mano y el joven saltó al andén.
-Indignez-vous!- gritó solemne y se desapareció entre una miríada de viajeros que inundaban los andenes de la estación del Norte.
-¡Ese tío está majareta perdido!- dije, mientras Amanda leía la contraportada del libro.- ¿Entiendes lo que dice?
Parpadeé un poco y traduje a mi manera.
-"Indignez-vous!" es un libro escrito por Hessel, un miembro de la resistencia francesa y único miembro vivo que relató la Declaración de los Derechos Humanos. Tiene 93 años y en su libro anima a los jóvenes a rebelarse pacíficamente contra los que han creado la crisis.
-¿Y por qué ese chico me lo ha regalado a mí?
-Te habrá visto cara de indignada- bromeé.
-No, él me lo dio porque era española. Le entendí: "Bravo por España" o algo así.
Meneé la cabeza. Para mí, estaba claro, el tío había querido ligar. Además, ese libro-panfleto solo costaba 5 euros, el precio de un café en París.
-No les des más vueltas, simple cortesía francesa.
-¿Pero, y si tuviese relación con los tweets sobre la kedada de la Puerta del Sol?
-¿El botellón de Puerta del Sol?
-´Creímos que era una kedada para hacer un botellón pero podía ser otra cosa.
-Manda un tweet y que te lo aclaren.
Amanda: hola, para qué es la kedada Puerta del Sol?
Cuando se abrieron las puertas del Thalys, dimos un brinco como si fuésemos astronautas y pisamos con una pequeña inclinación de rodillas el andén de la Gare du Nord. Levemente aturdidos, fuimos arrastrados por una marea humana. Nos sorprendió el bullicio, el ajetreo de los trabajadores escupidos por la boca del Metro y que tomaban el tren para ir a la oficina. El silencio de los campos de lavanda contrastaba con el ruido de la megafonía, los pitidos de los revisores o el ensordecedor piar de los gorriones que volaban bajo el techo de hierro... Aquella estación era gigantesca. Amanda encendió un cigarrillo y lanzó unos aros de humo. Nuestros ojos buscaban letreros que indicasen la oficina de Información Internacional, ya que queríamos conocer los horarios de tren hacia Disneyland Paris. Amandase habia olvidado de imprimirlos cuando lo consultó por Internet. Resuelto eso, quedaríamos libres para disfrutar de París por unas horas. Bastaba con guardar las mochilas en unas taquillas y subirse al Metro.
Parecíamos dos panolis arrastrados por la masa de viajeros que caminaban apresuradamente por el andén, justo en el momento en que una máquina del tren de alta velocidad TGV entraba en la estación.
-Lo primero que haré será beberme un buen café au lait - dijo Amanda.
-No te hagas ilusiones. Estamos sin blanca.
-Te dije que tenías que sacar más dinero del cajero en Berlín.
-No te acuerdas que nos lo fundimos todo al pagar el suplemento del ICE. Como la señorita es tan fina que no quería viajar en un tren regional...
-Sabes de sobra que no hubiésemos tardado una eternidad.
-No tenemos prisa, tenemos tres días por delante.
-Llegamos con retraso y todo por tu culpa.
-Tú quisiste esperarme. Podías haber viajado sola.
Amanda me miró enfadada, con los ojos rojos como una fiera, pero se mordió la lengua.
-Podría decirte un par de cosas pero no quiero hacerte daño.
Bajé la cabeza.
-Los dos estamos muy cansados por el viaje. Llevamos toda la noche metidos en ese tren sin comer apenas y es normal que estemos de mal humor.
Ambos se separaron al llegar a las toilletes.
-¿Tienes unas monedas sueltas? Aquí hay que pagar como en Alemania por ir al baño.
-Pagar por todo es una forma de aumentar el PIB,- bromeé.
Removí en el bolsillo y saqué un billete de 10 euros.
-Creo que ya tenemos para el baño y un buen desayuno.
Amanda se quitó la mochila y se dejó caer sentada en el suelo.
Cuando salimos del baño, nos sentamos en la mesa de una cafetería y pedimos dos baguettes y un café au lait para cada uno. Eso nos daría energía. En ese momento, sonó un tweet.
Lisi: Acampada en Puerta del Sol.
Amanda abrió los ojos como platos.
-¿Una acampada?
-Tu colega nos quiere tomar el pelo, pasa de ella.
Mi compañera de viaje tecleó:
Amanda: ¿Acampada, qué acampada?
Con el estomago lleno, nos dirigimos a la sala de Consultas estaba compuesta de un mostrador con siete operadores. Cada dependiente pulsaba una tecla y saltaba en una pantalla digital el número de orden al público. Recogimos nuestro turno y nos sentamos en unas sillas de plástico barato. Nos acompañaban unos pasajeros muy curiosos, como una joven mendiga tirada en el suelo que comía el contenido de un paquete con un menú de comida rápida. Otro aparentaba el típico francés sacado de una película rollo de Jacques Truffeau. Nos observaba una jubilada alemana de camisa floreada y melena rizada. También observé a los inmigrantes arabes y a modernas mujeres cubiertas con el chador. Cuando la dependienta de Información nos llamó por nuestro número, dudamos entre hacer las preguntas en francés (que supuestamente dominaba yo) o inglés (cosa de Amanda, más viajada).
-Si sabes francés, podemos intentarlo- dijo Amanda, ingenuamente.
Eso le había hecho creer yo, pero sólo tenía conocimientos básicos del idioma.
Busqué una excusa. Si resultaba que el dependiente soltaba una parrafada, yo no entendería nada y Amanda tampoco. O lo que era peor, comprendería todas las instrucciones al revés y perderíamos el tren a Disneyland Paris. Se me ocurrió una mentirijilla piadosa.
-Es preferible que hablemos en inglés, no vaya a ser que metamos la pata con el francés- me disculpé, con un gesto fallido al pasar la mano por la punta de la nariz y ponerme colorado. ¡Qué embuste!
Así que Amanda gruñó y tomó las riendas. En este viaje, se empezaba a dar cuenta de que a ella siempre le tocaba pringar. Casualmente, siempre le caían todos los marrones. Con una amplia sonrisa se dirigió hacia la dependienta del mostrador. ¡Estaba espléndida cuando se hacía la niña buena! La operadora explicó que para viajar a Disneyland Paris era necesario hacer un transbordo en metro para tomar otro tren en dirección al oeste. Sólo nos valdría un tren que no requiriese reserva y que, por tanto, fuese gratis para los viajeros con el billete de Rail Exprés. Pero, ¿cómo se preguntaba eso?
Entonces intervine yo y chapurreé en plan bruto.
-Rail Exprés, no suplement, Rail Exprés, no suplement, no reservé.
La azafata se quedó pensativa mientras Amanda se llevaba las manos a la cabeza.
-¡Y este tío presume de hablar tres idiomas!
Milagrosamente, la dependiente comprendió y sin perder el tiempo explicó el mejor recorrido. Nuestro tren partía dentro de tres horas y llegaría a Disneyland Paris una hora después. Teníamos tiempo para dar una vuelta por el centro.
-Llegaremos a Disneyland Paris a la hora de comer, cerca de la una de la tarde.
Para asegurarnos de que la información era correcta, nos lo imprimió por ordenador.
-Merci, beacoup!
Arrastramos las mochilas como si fuese un saco de ladrillos y salimos a los pasillos. Había leído en una guía que la estación tenía una sala donde estaban las taquillas, en dirección al Metro. Había un montón de armarios y gasté mis últimas monedas en guardar las mochilas hasta la noche, cuando volviesemos del parque de atracciones. Nos metimos en la boca del metro en dirección a lo Campos Eliseos. Habíamos oído que allí se compraban los tickects para Disneyland Paris.
-Debimos haber hecho la reserva por Internet.
-Te dije que te encargases tú.
-Me olvidé.
Amanda se sentó en el atestado vagón de metro y quedé de pie. Me fijé en que parpadeaba la pantalla de su móvil.
-Tienes un tweet. Quizás tu amiga nos aclare qué es lo que está pasando en Madrid.
Lili: Ya estoy. Hay un montón de peña.
Miguel: Yo también estoy indignado.
La joven escribió un mensaje.
Amanda: ¿Quien organiza la kedada? ¿De qué va esto?
Salimos a la calle y seguimos la flecha de un anuncio de McDonalds. En unos minutos nos encontramos en el Hotel de la Ville, el ayuntamiento de París. El día estaba demasiado nuboso y amenazaba con caer una tormenta.
Nos sentamos agotados en el restaurante de comida rápida e invité a Amanda, ya que ella no había cambiado sus cheques de viaje.
-Cuando volvamos a Berlín te lo devuelvo- me prometió, mientras sorbía con su pajita el vaso de Coca-Cola.
Fuera comenzaba a lloviznar.
Después, cuando escampó, caminamos por la plaza del Centro George Pompidou, un lugar obligado para los jóvenes. Allí había una fuente y unas esculturas de estilo picasiano. Nos sacamos unas fotos bajo las gotas de la lluvia. Ante la amenaza de que empeorarse la tormenta, continuamos paseando arrimados a los portales del barrio del Sena y Saint Michel. La chica comenzó a quejarse de que le dolían los pies y tuvimos que hacer un alto para que se descalzase y se quitase las sandalias.
Llegó otro tweet.
Lili: Democracia Real Ya, Spanish Revolution, No les votes.
Los dos jóvenes alzaron las cejas sorprendidos.
-¿Spanish Revolution? ¿Pero qué está pasando en Madrid?
Los dos jóvenes entraron en el centro Pompidou y buscaron un servicio de Internet gratuito. Amanda se sentó y tecleó en el buscador Google: "Spanish Revolution" "Puerta del Sol"
Aparecieron 2.460.576 entradas.
-Fíjate, hasta Wikipedia tiene una entrada.
Los dos se miraron asombrados. Los titulares no dejaban lugar a dudas: "Cientos de jóvenes indignados se concentran en la Puerta del Sol contra la crisis económica y social", "Democraria Real Ya irrumpe en campaña".
-La que se está armando, y nosotros aquí, perdiéndosnolo.
-¿Y si fuésemos a Madrid?
-Dentro de una semana acabamos el curso, me parece buena idea.
-Digo ahora.
-¿Ahora? ¿Tú estás loca?
-Podemos buscar vuelos baratos, el primero que nos lleve alli.
-A ver si nos aclaramos. Primero, me convenciste para acompañarte a Disneyland Paris, pues era la mayor ilusion de tu vida, ver al ratón Mickey y al pato Donald. Ahora, quieres ir con tus colegas a la Puerta del Sol para luchar contra la crisis. Genial!
-¿Genial?
-Por supuesto, te acompañaré al aeropuerto.
-Se trataba de ir los dos juntos.
-No se me ha perdido nada allí.
-Pero es algo histórico, la gente sale a protestar porque está indignada.
-Ni siquiera sabemos por qué protestan. ¿Quién está detrás de todo esto?
Etiquetas:
crisis 2011,
novela,
Spanish Revolution
(1) Spanish Revolution 2011 (the novel) / capítulo 1 Spanish Revolution (la novela)
Autor: E.V.Pita (2011)
Resumen: Novela basada en los hechos reales ocurridos entre los días 15 y 23 de mayo de 2011 en España.
Sumary: A novel based in the real social protest of Spaniards the days from 15th to 24th of May in Spain.
Título: "Spanish Revolution" (by E.V.Pita)
SPANISH REVOLUTION
CAPÍTULO 1 - ALGO ESTÁ PASANDO
15 de mayo de 2011.
El sonido de un mensaje de tweet en el teléfono móvil me despertó. Mi reproductor MP4 hacía sonar una canción de Lady Gaga y reduje el volumen. Levanté la cabeza y miré cómo resbalaban las gota por la ventanilla. Un paisaje gris y nebuloso dejaba ver las siluetas de las naves industriales y depósitos que se reflejaban en los charcos. La lluvia caía atronadora sobre las chabolas con antenas parabólicas que se extendían a lo largo de la vía junto a pequeños huertos con una casita, cientos de ellos, separados por una valla vegetal. La mayoría eran vigilados por un enanito o gnomo que aguantaba estoicamente de pie el aguacero. Dos ciclistas con chubasqueros pedaleaban por el camino, aparentemente muy ocupados.
Me llamo Brais, flaco como un palo, con una nariz más larga que la de mi héroe Ciranno de Bergerac, con una espalda tan quebrada como la de Quasimodo (el peso de la mochila me aplasta) y gafas redondas al estilo John Lennon. Amanda me dice que soy un nostálgico, que debería llevar esa horribles gafas redondas de pasta negra tan de moda. Ahora mismo estoy reclinado sobre la butaca de un vagón de segunda clase del tren de alta velocidad alemán ICE que cruza a gran velocidad Alemania.
-Köln Banhof- sonó una voz metálica por la megafonía.
En unos minutos, nos apearíamos en la estación de Colonia, esa vieja villa romana dominada por una catedral que guardaba misteriosos enigmas de la orden de los templarios. Lástima que no tuviésemos tiempo a visitarla.
Amanda, delgada, con un cómodo vestido y de melena con mechas azules y cortada a lo egipcio, volvió del baño, y ocupó su asiento a mi lado. Guardó en su bolso un libro titulado: "Fharenheit 451". Consultó su teléfono móvil aprovechando que en los andenes de la Bahnhof habia buena cobertura. De repente, dio un respingo.
-El Twitter está que arde.
Miré la ventanilla con indiferencia. Perdido en un andén, asomaba un tren de la DB de dos pisos, que entraba en la estación, y el morro aerodinámico de una locomotoria que recordaba la silueta de un dragón. Ese tenía que ser el Thalys.
-Ya veo el tren de París, ¿quieres que te ayude a bajar la mochila?
-No gracias, ya me arreglo yo solita- dijo Amanda, y se encaminó a buscar su mochila al compartimento.
Miré el teléfono móvil. Yo también tenía más mensajes y comentarios de lo habitual en el Facebook pero ni siquiera me digné a echarles un vistazo.
-Tenemos cinco minutos de margen,- dije, mientras guardaba el móvil.
Caminamos por el pasillo del ICE y, tras esperar la cola, tiramos las mochilas al andén y saltamos a la plataforma. Pronto fuimos arrastrados por cientos de pasajeros se movían por la estación de Köln a toda prisa. Nosotros nos sumamos a aquella masa.
El Thalys, el tren de alta velocidad que unía Holanda, Bélgica y Francia con Alemania, estaba en el otro extremo de la estación y apuramos el paso.
El aire acondicionado del vagón nos dio la bienvenida. Una voz femenina me dijo en francés: "Excusemoi" y eché la mochila para atrás para dejar paso a una trajeada ejecutiva. Quizás fuese una europarlamentaria que iba a Bruselas.
Amanda se sentó desplomada y consultó los tweets de su móvil táctil de última generación.
-Tengo 20 tweets, debe de estar pasando algo.
-Será el cumpleaños de alguna amiga tuya, algún cotilleo de Gran Hermano o cantante famoso.
-Hay demasiados mensajes acumulados, no es normal.
-Quizás estén hablando del terremoto de Lorca, ¿no lo viste el otro día en el Facebook? O más noticias de lo de Bin Laden o las revueltas árabes.
-Seguramente.
Amanda tecleó en su teléfono táctil y envió un tweet.
-Amanda: pasa algo en España?
Pasaron unos minutos y no llegó ninguna respuesta.
-Será una tontería, le dije. ¿Quieres que entre en mi Facebook y en el Tuenti, y pregunte a mis colegas?
Amanda sonrió y continúo leyendo su libro "Fharenheit 451" pero, súbitamente, ladeó la cabeza y se quedó dormida profundamente.
Me acomodé sobre la ventanilla. Yo también quería echar una cabezada. El tren entró en una ciudad de Holanda llamada Maastrich. El aparcamiento estaba repleto de bicicletas, miles, y sonreí. Vivíamos tiempos difíciles en los que no paran de ocurrir importantes acontecimientos en el mundo. Si la crisis esto, si la crisis lo otro. En Alemania, le propuse a Amanda buscar trabajo, de camino a la residencia de estudiantes habiamos visto muchos carteles donde se ofrecían puestos. Viviríamos en Berlín un año, ahorraríamos y luego ya veríamos. Pero ella lo meditó y a la mañana siguiente, en el desayuno en la residencia, se acercó con su bandeja a mi mesa y me dijo: "nos volvemos". No hablamos más sobre el asunto. Estaba decidido. Lo prioritario era terminar los exámenes finales de junio y que luego tendríamos todo el verano para empreder una aventura.
Cruzar en tren la vieja Alemania del Este, me impresionó.Ya no quedaban ruinas de las fábricas que había visto en los libros. Dice mi viejo que, para él, lo más gordo fue lo que aconteció en 1989, cuando se cayó el muro de Berlín y el telón de acero. Veinte años después, afirma, el mundo está irreconocible. Cuando nací, mi padre tenía miedo de que la Unión Soviética lanzase un misil con cabeza nuclear y abrasase nuestra ciudad. Un buen día, el presidente soviético Gorbachov anunció la revolución Perestroika, disolvió la URSS y trajo la libertad a los países de Europa del Este. Pensé en todo aquello cuando, por la noche, salimos de Berlín tras pasar dos semanas en un programa de intercambio. La guerra fría solo era un mal recuerdo. EN veinte años, Europa había abierto sus fronteras y respirado un aire de libertad y alegría por todo el continente. Eso fue lo que siempre me contó mi padre. Tengo 20 años y soy lo bastante mayor para darme cuenta de que ahora vivimos otra época histórica. Aunque pueda parecer contradictorio, todo el mundo hablando de la crisis, para mí estos son unos años emocionantes y llenos de optimismo.
Me acomodé en la butaca aterciopelada del vagón y me recreé con estos reconfortantes pensamientos. Eso me recordó que tenía que cumplir una obligación urgente en cuanto el tren parase en París, la escala donde deberiamos hacer el transbordo. Miré de reojo a Amanda, que seguía dormitando a mi lado, con su rostro oculto por el flequillo de su melenita. Apoyaba despreocupada sus sandalias sobre la butaca vacía de enfrente. Pasé distraído las hojas de mi diario, que hablaba de Berlín, la ciudad en la que pasamos las dos semanas en una residencia repleta de estudiantes de todo el mundo. Fue estupendo, mejor de lo que me imaginaba, todo el día de fiesta. Las chicas caían rendidas ante mi labia. Nuestro barrio era famoso porque alli había pasado unos años Bach o Haendel, no recuerdo bien. Se trataba de uno de esos organistas barrocos que se pavoenaban con una abundante peluca blanca. Nuestra zona, cercana al triángulo de los museos reales, había sido rehabilitada y el casco histórico se alzaba con iglesias espigadas y cúpulas de cobre verde. Si mirabas por la ventana, aún quedaba algún descampado con las ruinas de una fábrica de corte soviético. Además, la residencia tenía cerca un parque tranquilo al que podías llegar en bicicleta, justo lo que yo necesitaba. Por suerte, la lectora hizo la vista gorda y nos dejó escapar el último fin de semana a Viena para visitar a una colega de Amanda, con quien había charlado durante horas y horas en el bar de la Escuela de Idiomas. En Internet, ella consiguió un vuelo por 20 euros con Ryanair.
Amanda se despertó, se desperezó sin disimulo y miró embelesada los extensos campos de lavanda a través de la ventanilla. En el asiento de enfrente, se había sentando un atractivo joven barbudo y con boina, con aspecto bohemio, que leía un libro titulado "Indignez-vous!" de un tal Hessel. Jamás había oído hablar de ese tipo. Atrás, oyó conversar a una madre y su hija en un idioma que le sonaba a francés.
-¿Donde estamos?
-Acabamos de salir de Bélgica y acaban de anunciar por megafonía que entramos en Lille. En 40 minuto llegamos a París.
-Deberíamos haber comprado un billete de avión. Es de tontos cruzar media Europa en tren.
Refunfuñé. La idea de hacer escala en París no había sido mía.
-Querías pasar unos días en París antes de volver a Berlín, por eso tomamos el tren.
-Me gustaría volver a casa.
-Si seguimos de largo, llegaremos a tiempo para votar en las elecciones, no te preocupes.
-Es la primera vez que voto por correo pero creo que debería haber pasado, cada vez lo tengo más claro, estamos metidos en una crisis. Cuando volvamos, ya sabes lo que nos vamos a encontrar allí;- replicó Amanda.
-¿Has votado a los verdes?
Amanda me miró con recochineo y no me contestó.
-¿Te has enterado de que era ese lío de Twitter?,- preguntó mientras miraba de reojo el diario Le Soir que leía un pasajero, un ejecutivo de traje y corbata.-La prensa no dice nada.
Me encogi de hombros.
-No hay cobertura,- mentí, mientras examinaba la pantalla de mi móvil. En realidad, no tenía la más mínima pretensión de curiosear cual era el último cotilleo de la telebasura o de esos chistes que mandan en correos masivos.
Un revisor entró el pasillo.
-Si vous plait, ticket,- dijo en francés.
El tren salió de Lille y cruzó un largo túnel.
Amanda consultó la pantalla de su móvil, que volvió a quedarse sin señal.
-Me aburro. Podíamos echar una partidita con las cartas que llevo en la mochila. ¿Una, al tute? Puedo presumir de que he sido campeona del bar del instituto y no estoy echándote un farol.
-Nunca pierdo el tiempo con esos juegos. Hay que pensar mucho y eso cansa. Prefiero disfrutar del paisaje.
Aquel comentario pareció molestarle porque se puso de morros. El tren atravesaba un túnel, no había ningún paisaje que ver. La chica empezó a sospechar que tendría que compartir el viaje con una sosa rata de biblioteca. Pasamos un tiempo sin hablarnos. O ella no me dirigió la palabra, mientras barajaba metódicamente los naipes, con la imagen del ratón Mickey y el pato Donald, jugando al solitario.
Saqué de la mochila los bocadillos de salchichas Frankfurt con ensalada y crema que habíamos preparado la tarde anterior en la residencia. Comimos en silencio, lo cual no dejaba de ser un tanto turbador. Realmente, el viaje podía haber sido más animado si yo hubiese puesto algo de mi parte. A decir verdad, a mí realmente lo que me importaba era apearme en París y pasar toda la tarde en el barrio de Saint Michel. Pero mucho me temía que esos no iban a ser nuestros planes prioritarios.
El tren atravesó un inmenso paisaje de cultivos de cereral con aspersión, similar a las llanuras de Castilla pero con más verde. En el horizonte, se divisaban los campos de lavanda. Un mar de flores lilas lo cubría todo a nuestro vertiginoso paso. Si mal no recordaba, la lavanda era un indicio de que nos aproximábamos a la periferia de París.
-Estamos en las afueras, todo está repleto de grandes mansiones.
El tren se acercaba a la gran ciudad de la luz y sentí nervios. Pronto entraríamos en los suburbios y, en unos minutos, quizás divisaríamos a la derecha la Torre Eiffel, el mayor espectáculo que había visto. El gigante de hierro despuntaba sobre los tejados y buhardillas de la grande ville.
-Ya vuelve la cobertura,- anunció Amanda.
De repente, sonó un pitido, seguido de otro, y otro...
-¿Pero qué está pasando? Tengo otros 10 tweets;- dijo mi compañera de viaje.
-No te lo vas a creer;- le dije. Yo mismo levanté la vista con los ojos desorbitados.
Miguel: yo también estoy indignado
Susana: vamos para allí, metro Sol
Luis: kedada en Puerta del Sol
Lisi: Kedada, metro Sol
Manuel: cada vez viene más gente
Luis: ya estoy, mucha peña, voy en la línea amarilla
.... Continúa en capítulo 2 ...
Resumen: Novela basada en los hechos reales ocurridos entre los días 15 y 23 de mayo de 2011 en España.
Sumary: A novel based in the real social protest of Spaniards the days from 15th to 24th of May in Spain.
Título: "Spanish Revolution" (by E.V.Pita)
SPANISH REVOLUTION
CAPÍTULO 1 - ALGO ESTÁ PASANDO
15 de mayo de 2011.
El sonido de un mensaje de tweet en el teléfono móvil me despertó. Mi reproductor MP4 hacía sonar una canción de Lady Gaga y reduje el volumen. Levanté la cabeza y miré cómo resbalaban las gota por la ventanilla. Un paisaje gris y nebuloso dejaba ver las siluetas de las naves industriales y depósitos que se reflejaban en los charcos. La lluvia caía atronadora sobre las chabolas con antenas parabólicas que se extendían a lo largo de la vía junto a pequeños huertos con una casita, cientos de ellos, separados por una valla vegetal. La mayoría eran vigilados por un enanito o gnomo que aguantaba estoicamente de pie el aguacero. Dos ciclistas con chubasqueros pedaleaban por el camino, aparentemente muy ocupados.
Me llamo Brais, flaco como un palo, con una nariz más larga que la de mi héroe Ciranno de Bergerac, con una espalda tan quebrada como la de Quasimodo (el peso de la mochila me aplasta) y gafas redondas al estilo John Lennon. Amanda me dice que soy un nostálgico, que debería llevar esa horribles gafas redondas de pasta negra tan de moda. Ahora mismo estoy reclinado sobre la butaca de un vagón de segunda clase del tren de alta velocidad alemán ICE que cruza a gran velocidad Alemania.
-Köln Banhof- sonó una voz metálica por la megafonía.
En unos minutos, nos apearíamos en la estación de Colonia, esa vieja villa romana dominada por una catedral que guardaba misteriosos enigmas de la orden de los templarios. Lástima que no tuviésemos tiempo a visitarla.
Amanda, delgada, con un cómodo vestido y de melena con mechas azules y cortada a lo egipcio, volvió del baño, y ocupó su asiento a mi lado. Guardó en su bolso un libro titulado: "Fharenheit 451". Consultó su teléfono móvil aprovechando que en los andenes de la Bahnhof habia buena cobertura. De repente, dio un respingo.
-El Twitter está que arde.
Miré la ventanilla con indiferencia. Perdido en un andén, asomaba un tren de la DB de dos pisos, que entraba en la estación, y el morro aerodinámico de una locomotoria que recordaba la silueta de un dragón. Ese tenía que ser el Thalys.
-Ya veo el tren de París, ¿quieres que te ayude a bajar la mochila?
-No gracias, ya me arreglo yo solita- dijo Amanda, y se encaminó a buscar su mochila al compartimento.
Miré el teléfono móvil. Yo también tenía más mensajes y comentarios de lo habitual en el Facebook pero ni siquiera me digné a echarles un vistazo.
-Tenemos cinco minutos de margen,- dije, mientras guardaba el móvil.
Caminamos por el pasillo del ICE y, tras esperar la cola, tiramos las mochilas al andén y saltamos a la plataforma. Pronto fuimos arrastrados por cientos de pasajeros se movían por la estación de Köln a toda prisa. Nosotros nos sumamos a aquella masa.
El Thalys, el tren de alta velocidad que unía Holanda, Bélgica y Francia con Alemania, estaba en el otro extremo de la estación y apuramos el paso.
El aire acondicionado del vagón nos dio la bienvenida. Una voz femenina me dijo en francés: "Excusemoi" y eché la mochila para atrás para dejar paso a una trajeada ejecutiva. Quizás fuese una europarlamentaria que iba a Bruselas.
Amanda se sentó desplomada y consultó los tweets de su móvil táctil de última generación.
-Tengo 20 tweets, debe de estar pasando algo.
-Será el cumpleaños de alguna amiga tuya, algún cotilleo de Gran Hermano o cantante famoso.
-Hay demasiados mensajes acumulados, no es normal.
-Quizás estén hablando del terremoto de Lorca, ¿no lo viste el otro día en el Facebook? O más noticias de lo de Bin Laden o las revueltas árabes.
-Seguramente.
Amanda tecleó en su teléfono táctil y envió un tweet.
-Amanda: pasa algo en España?
Pasaron unos minutos y no llegó ninguna respuesta.
-Será una tontería, le dije. ¿Quieres que entre en mi Facebook y en el Tuenti, y pregunte a mis colegas?
Amanda sonrió y continúo leyendo su libro "Fharenheit 451" pero, súbitamente, ladeó la cabeza y se quedó dormida profundamente.
Me acomodé sobre la ventanilla. Yo también quería echar una cabezada. El tren entró en una ciudad de Holanda llamada Maastrich. El aparcamiento estaba repleto de bicicletas, miles, y sonreí. Vivíamos tiempos difíciles en los que no paran de ocurrir importantes acontecimientos en el mundo. Si la crisis esto, si la crisis lo otro. En Alemania, le propuse a Amanda buscar trabajo, de camino a la residencia de estudiantes habiamos visto muchos carteles donde se ofrecían puestos. Viviríamos en Berlín un año, ahorraríamos y luego ya veríamos. Pero ella lo meditó y a la mañana siguiente, en el desayuno en la residencia, se acercó con su bandeja a mi mesa y me dijo: "nos volvemos". No hablamos más sobre el asunto. Estaba decidido. Lo prioritario era terminar los exámenes finales de junio y que luego tendríamos todo el verano para empreder una aventura.
Cruzar en tren la vieja Alemania del Este, me impresionó.Ya no quedaban ruinas de las fábricas que había visto en los libros. Dice mi viejo que, para él, lo más gordo fue lo que aconteció en 1989, cuando se cayó el muro de Berlín y el telón de acero. Veinte años después, afirma, el mundo está irreconocible. Cuando nací, mi padre tenía miedo de que la Unión Soviética lanzase un misil con cabeza nuclear y abrasase nuestra ciudad. Un buen día, el presidente soviético Gorbachov anunció la revolución Perestroika, disolvió la URSS y trajo la libertad a los países de Europa del Este. Pensé en todo aquello cuando, por la noche, salimos de Berlín tras pasar dos semanas en un programa de intercambio. La guerra fría solo era un mal recuerdo. EN veinte años, Europa había abierto sus fronteras y respirado un aire de libertad y alegría por todo el continente. Eso fue lo que siempre me contó mi padre. Tengo 20 años y soy lo bastante mayor para darme cuenta de que ahora vivimos otra época histórica. Aunque pueda parecer contradictorio, todo el mundo hablando de la crisis, para mí estos son unos años emocionantes y llenos de optimismo.
Me acomodé en la butaca aterciopelada del vagón y me recreé con estos reconfortantes pensamientos. Eso me recordó que tenía que cumplir una obligación urgente en cuanto el tren parase en París, la escala donde deberiamos hacer el transbordo. Miré de reojo a Amanda, que seguía dormitando a mi lado, con su rostro oculto por el flequillo de su melenita. Apoyaba despreocupada sus sandalias sobre la butaca vacía de enfrente. Pasé distraído las hojas de mi diario, que hablaba de Berlín, la ciudad en la que pasamos las dos semanas en una residencia repleta de estudiantes de todo el mundo. Fue estupendo, mejor de lo que me imaginaba, todo el día de fiesta. Las chicas caían rendidas ante mi labia. Nuestro barrio era famoso porque alli había pasado unos años Bach o Haendel, no recuerdo bien. Se trataba de uno de esos organistas barrocos que se pavoenaban con una abundante peluca blanca. Nuestra zona, cercana al triángulo de los museos reales, había sido rehabilitada y el casco histórico se alzaba con iglesias espigadas y cúpulas de cobre verde. Si mirabas por la ventana, aún quedaba algún descampado con las ruinas de una fábrica de corte soviético. Además, la residencia tenía cerca un parque tranquilo al que podías llegar en bicicleta, justo lo que yo necesitaba. Por suerte, la lectora hizo la vista gorda y nos dejó escapar el último fin de semana a Viena para visitar a una colega de Amanda, con quien había charlado durante horas y horas en el bar de la Escuela de Idiomas. En Internet, ella consiguió un vuelo por 20 euros con Ryanair.
Amanda se despertó, se desperezó sin disimulo y miró embelesada los extensos campos de lavanda a través de la ventanilla. En el asiento de enfrente, se había sentando un atractivo joven barbudo y con boina, con aspecto bohemio, que leía un libro titulado "Indignez-vous!" de un tal Hessel. Jamás había oído hablar de ese tipo. Atrás, oyó conversar a una madre y su hija en un idioma que le sonaba a francés.
-¿Donde estamos?
-Acabamos de salir de Bélgica y acaban de anunciar por megafonía que entramos en Lille. En 40 minuto llegamos a París.
-Deberíamos haber comprado un billete de avión. Es de tontos cruzar media Europa en tren.
Refunfuñé. La idea de hacer escala en París no había sido mía.
-Querías pasar unos días en París antes de volver a Berlín, por eso tomamos el tren.
-Me gustaría volver a casa.
-Si seguimos de largo, llegaremos a tiempo para votar en las elecciones, no te preocupes.
-Es la primera vez que voto por correo pero creo que debería haber pasado, cada vez lo tengo más claro, estamos metidos en una crisis. Cuando volvamos, ya sabes lo que nos vamos a encontrar allí;- replicó Amanda.
-¿Has votado a los verdes?
Amanda me miró con recochineo y no me contestó.
-¿Te has enterado de que era ese lío de Twitter?,- preguntó mientras miraba de reojo el diario Le Soir que leía un pasajero, un ejecutivo de traje y corbata.-La prensa no dice nada.
Me encogi de hombros.
-No hay cobertura,- mentí, mientras examinaba la pantalla de mi móvil. En realidad, no tenía la más mínima pretensión de curiosear cual era el último cotilleo de la telebasura o de esos chistes que mandan en correos masivos.
Un revisor entró el pasillo.
-Si vous plait, ticket,- dijo en francés.
El tren salió de Lille y cruzó un largo túnel.
Amanda consultó la pantalla de su móvil, que volvió a quedarse sin señal.
-Me aburro. Podíamos echar una partidita con las cartas que llevo en la mochila. ¿Una, al tute? Puedo presumir de que he sido campeona del bar del instituto y no estoy echándote un farol.
-Nunca pierdo el tiempo con esos juegos. Hay que pensar mucho y eso cansa. Prefiero disfrutar del paisaje.
Aquel comentario pareció molestarle porque se puso de morros. El tren atravesaba un túnel, no había ningún paisaje que ver. La chica empezó a sospechar que tendría que compartir el viaje con una sosa rata de biblioteca. Pasamos un tiempo sin hablarnos. O ella no me dirigió la palabra, mientras barajaba metódicamente los naipes, con la imagen del ratón Mickey y el pato Donald, jugando al solitario.
Saqué de la mochila los bocadillos de salchichas Frankfurt con ensalada y crema que habíamos preparado la tarde anterior en la residencia. Comimos en silencio, lo cual no dejaba de ser un tanto turbador. Realmente, el viaje podía haber sido más animado si yo hubiese puesto algo de mi parte. A decir verdad, a mí realmente lo que me importaba era apearme en París y pasar toda la tarde en el barrio de Saint Michel. Pero mucho me temía que esos no iban a ser nuestros planes prioritarios.
El tren atravesó un inmenso paisaje de cultivos de cereral con aspersión, similar a las llanuras de Castilla pero con más verde. En el horizonte, se divisaban los campos de lavanda. Un mar de flores lilas lo cubría todo a nuestro vertiginoso paso. Si mal no recordaba, la lavanda era un indicio de que nos aproximábamos a la periferia de París.
-Estamos en las afueras, todo está repleto de grandes mansiones.
El tren se acercaba a la gran ciudad de la luz y sentí nervios. Pronto entraríamos en los suburbios y, en unos minutos, quizás divisaríamos a la derecha la Torre Eiffel, el mayor espectáculo que había visto. El gigante de hierro despuntaba sobre los tejados y buhardillas de la grande ville.
-Ya vuelve la cobertura,- anunció Amanda.
De repente, sonó un pitido, seguido de otro, y otro...
-¿Pero qué está pasando? Tengo otros 10 tweets;- dijo mi compañera de viaje.
-No te lo vas a creer;- le dije. Yo mismo levanté la vista con los ojos desorbitados.
Miguel: yo también estoy indignado
Susana: vamos para allí, metro Sol
Luis: kedada en Puerta del Sol
Lisi: Kedada, metro Sol
Manuel: cada vez viene más gente
Luis: ya estoy, mucha peña, voy en la línea amarilla
.... Continúa en capítulo 2 ...
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miércoles, 4 de mayo de 2011
Theory about the Sir Francis Drake's assault to Corunna (The Groyne) in may of 1589-
| Statue of Sir Frances Drake in Plymouth / Estatua de Sir Francis Drake en Plymouth |
Author: E.V.Pita
Comic writer of "A Coruña, 800 años de historia" (Corunna, 800 years of history), published by "La Voz de Galicia" in 2008.
Why sir Francis Drake assaulted Corunna (The Groyne) in may of 1589?
My theory is that the English corsair fleet of Sir Francis Drake, when the Lisbon campaign, attacked the citadel of Corunna (The Groyne) in 1589,in North of Spain, because he wanted to kidnap as a prisoner the governor and captain general of Galicia, marqués de Alcedo. His plan was to take the city and the governor to demand a large ransom to King Felipe II (Philip II). Drake did the same thing years ago during the looting of the colonies of the Indies, where he captured the governor of Ciudad de Dios, Panama and win a lot of "ducados". But this time it went wrong, in his way he brought a fierce defender, Maria Pita, and the assault was unsuccessful.
....
A historical curiosity and new theory: A map presented in an exhibition at the National Library in December 2009 reveals that in times of Felipe II, geographers map CVRVÑA officially called to Coruña, as many still pronounce it well today: "Curuña"
martes, 3 de mayo de 2011
Curiosidades sobre sir Francis Drake / ¿Por qué invadió Coruña en 1589? / Era Curuña, no Coruña
| Statue of Sir Frances Drake in Plymouth / Estatua de Sir Francis Drake en Plymouth |
Por E.V.Pita
Extraído de las anotaciones para la redacción del guión "A Coruña, 800 años de historia" (2008).
Los galeones de Drake navegaban en fila pegados a la costa contraria (la de Mera) para evitar los cañones de San Antón.
Mi teoría es que sir Francis Drake quería secuestrar al gobernador y capitán general de Galicia y pedir un cuantioso rescate al rey Felipe II como ya hizo en otros saqueos en las Indias (Ciudad de Dios, en Panamá). Pero esa vez le salió mal; en su camino se interpuso una fiera mujer.
También fue una sorpresa saber que durante siglos decenas de molinos de viento dominaban las lomas de Santa Margarita y San Amaro en plan parque eólico y que muchos forasteros creían que Don Quijote arremetió contra esos "gigantes". Lo más curioso es que salen dibujados en los mapas de la época [pero su posición concuerda más con Santa Margarita; los de Monte Alto están documentados en el siglo XVIII].
Aún se conserva la armadura que, según dicen, llevaba el marqués de Cerralbo, el gobernador que defendía Coruña del ataque de Drake.
Hay una vista de Coruña que bocetó un dibujante florentino de la corte de Cosme de Médicis cuando peregrinó a Santiago en 1669 y embarcó en A Coruña en el nuevo barco correo inglés a Falmouth.
Como se puede apreciar en un grabado de 1669 y hoy en día, el convento de San Francisco ya está dentro de las murallas. No así en tiempos de Drake.
Hay vistas de la ciudad coinciden con la vista de la ciudad en los últimos años de María Pita y dan pistas de cómo era en tiempos de Drake, 80 años antes.
Hay un grabado de la vista de la Ciudad Alta de 1669 apenas cambió desde tiempos de María Pita, a excepción de que tras el ataque de Drake el rey ordenó ampliar las murallas para proteger el convento de San Francisco, que cuando Drake estaba desprotegido en campo abierto. La muralla también tiene ahora baluartes (en forma de pico) puestos después de Drake para reforzar las murallas medievales.
La pescadería cambió porque Drake la incendió y fue reconstruida. En la fachada más cercana al mar (sin muralla) hay altos soportales y que al reflejarse en el mar recuerdan a Venecia. Hay dos iglesias en la Pescadería que son la de San Andrés y San Nicolás, que estaban en la pescadería.
El Orzán tenía una muralla transversal. Esta muralla será importante en la batalla de Elviña.
Existe un grabado con lo que quedó el hospital de San Andrés, que estaba en la Pescadería y atendía a los marineros heridos y enfermos y que fue destruido por los ingleses de Drake. Los ingleses incendiaron la ciudad antes de abandonar el cerco, esta imagen valdría, en medio de las llamas. Solo quedó en pie el pórtico del hospital de San Andrés.
El tambor de guerra inglés lleva el escudo de Sir Francis Drake. Pudo verse cuando los ingleses avanzaron dentro de la muralla y María Pita les hizo frente. Los cañones de Drake llevan dibujada una serpiente en la boca del cañón.
Hay fotos de un tambor de guerra con el escudo de Sir Francis Drake.
Es fácil de imaginar al tamborilero cuando los ingleses avanzan dentro de la muralla y María Pita les hace frente.
Otra idea es que los cañones de Drake llevan dibujada una serpiente en la boca del cañón.
Un relato de la vida de María Pita debe comenzar con un relato de las fechorías de Drake.
1) Las maldades de Drake durante sus aventuras durante la circunvalación del globo.
CAJA DE TEXTO: Durante su vuelta al mundo, un oficial confesó que planeaba amotinarse.
Se ve al oficial con grilletes y rodeado de piratas. Drake le señala.
DRAKE: Te doy tres opciones: la horca, abandonarte en una isla desierta o dejarte en un bote sin comida.
OFICIAL: Elijo la soga. Encomiendo a Dios mi alma.
2) OTRO POSIBLE DIÁLOGO
CAJA DE TEXTO: Drake murió de disentería ante las costas de Portobelo en 1596. Tenía 56 años. Su cuerpo fue lanzado al mar en un atad lastrado.
Se ve a los piratas que lanzan al mar una caja de madera.
PIRATA: He aquí el más audaz y leal marino que luchó por Inglaterra.
PIRATA 2: ¡Dios salve a la reina!
Estos "flash back" sobre las despiadadas tropelías de Drake dan idea del mérito de María Pita al enfrentarse a un supervillano, un rival invencible, lo que engrandece la victoria.
....
Anotación posterior: Un mapa presentado en una exposición de la Biblioteca Nacional en diciembre del 2009 revela que en tiempos de Felipe II, los geógrafos de los mapas oficiales denominaban CVRVÑA á Coruña, como muchos todavia la pronuncian así hoy en día: "Curuña"
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viernes, 11 de marzo de 2011
(Cap. 2) Rosalía de Castro Z / Negra Sombra Zombi (capítulo 2)
Ver capitulo 1 aquí
Por E.V.Pita (2011)
Negra Sombra Z
CAPÍTULO 2
Cinco anos atrás.
A Coruña. 188o. Arquivo do Reino de Galicia.
Un home baixo, de traxe, barba e lentes, pousou a súa longa chisteira e o abrigo na mesa, onda varios expedientes. Os legaxos parecían moi antigos, nen sequera era papel senón pergamiño, e estaban escritos en galego moi antiguo, case latín. Manchas de humidade, graxa ou algún outro fluido corpóreo salugaban o texto. Tiñan que ter centos de anos. Levaban o selo dun león e da mitra compostelá. Logo llo ensinaría á súa dona, a ver que opinaba.
Dera con aqueles estraños documentos por casualidade. O seu colega, o historiador Salazar, pediralle ao arquivo unhas relacións dos enterramentos do ano 1646 porque tentaba localizar o rexistro parroquial da defunción de Mayor de Cámara Pita, máis coñecida como María Pita, a heroína xa esquecida que, 300 anos antes, defendera Curuña dun ataque pirata. Salazar estaba a escreber a súa biografía, porque no ano 1889 o Concello ía conmemorar o terceiro centenario da súa fazaña contra os corsarios ingleses comandados por Francisco Dradque, como se refiren a el as crónicas locais, ou Sir Francis Drake. Sen embargo, había moitas lagunas na súa biografía. E a máis importante era onde estaba a súa tumba. O biografo tiña unha pista: o convento dos dominicos, reconstruido na Cidade Alta.
Sin embargo, aquel legaxo que tiña nas mans non falaba de María Pita senón dunha donación de terras que logo ocupou o convento de Santo Domingo extramuros do burgo de Crunia, pouco despóis de ser refundada polo oitavo rei de Galicia e León, Alfonso IX. Por algunha razón, ese legaxo mexturouse entre unha morea de expedentes relativos á presencia desa orde monacal na Coruña.
O home moveu unha campanilla e entrou no cuarto un asistente, sempre disposto.
-Sí, señor director.
O arquiveiro xefe era un home amable pero sempre esixía á máxima dilixencia.
-Baltasar, traéme a lupa e manda recado á miña muller de que esta tarde quedarei no despacho. Teño que mirar uns papeis e hame levar tempo.
-Si, señor.
O empregado marchou e ao pechar a porta leu, como moitas outras veces, un cartel que dicía: "Arquiveiro xefe do Arquivo do Reino de Galicia, Manuel Antonio Murguía". O asistente preguntábase que tipo de tarefa podería ter tan ocupado ao historiador.
Cando o empregado volveu coa lupa, Murguía examinou detidamente a letra do documento e buscou quen o asinaba. Baixo a firma do rei Alfonso IX, albiscou outras dúas firmas distintas que non todas as letras eran lexibles: "U...R... C A " e "...LM...REZ". O arquiveiro xefe sorriu satisfeito. Acababa de atopar un documento moi valioso e mandou recado a Salazar para que viñese de contado.
As campás do convento franciscano deron as cinco da tarde. Murguía examinou cunha lupa o documento escrito en latín que examinaba tiña un selo dun león, detalle que o situaba antes de 1230, cando o reino de León e Galicia e o de Castela se uniron baixo a coroa de Fernando II o Santo . O legaxo contiña máis pistas. A palabra “dracus” ou dragón, proxima a “bellica populum”, que significaba xente guerreira, e a palabra “mare”, sen dúbida referida a “mar”. Unha última pista: “Septentrium”, que significaba Norte.
O arquiveiro do Reino de Galicia petou cos dedos na mesa e sorriu: o que tiña diante era un texto en latín que falaba dos guerreiros do mar, que desembarcaban nos “barcos dos dragóns” e que Murguía identificou cos temibles “drakars” viquingos para facer pillaxes. Alo menos, os ataques empezaron no século VIII e IX e seguiron ata o ano 1100. O documento parecía unha crónica dalgún escriba ás ordes do arcebispo de Compostela, Diego Xelmirez e señor de gran parte de Galicia. A proba estaba nas letras "..LM..EZ" asociadas a "U..R...CA", a raíña de León, dona Urraca. Ambolos dous eran contemporáneos e protagonizaran episodios épicos en Compostela.
Xelmirez era unha especie de monxe e guerreiro. O arcebispo edificou torres de vixiancia por toda a costa, como en Catoira, para protexer Compostela dos piratas normandos, dos viquingos ou das tropas do califa de Córdoba. O arquiveiro sabía, segundo lle contara o erudito coruñés Tettamanci, que o poderoso Xelmirez tamén fortificara como castelo as ruinas da torre da illa do Faro. Referíase á “columna” que 200 anos despois, o rei castelán Alfonso X o Sabio bautizou como Torre de Hércules, tras ter noticias das lendas que rexistrou un cronista musulmán.
Murguía ergueuse e osmou pola fiestra ao xardín de San Carlos, antes o polvorín, e albiscou o xeneral John Moore, o heroe da batalla de Elviña, librada contra o mariscal napoleónico Soult en 1809. A súa dona, Rosalía de Castro escribira recentemente uns poemas adicados ao infortunado militar británico, ferido de morte por unha bala de cañón. A vista de Murguía perdeuse cara a ría e o faro de Mera e imaxiou a auga repleta de drakkars.
Por E.V.Pita (2011)
Negra Sombra Z
CAPÍTULO 2
Cinco anos atrás.
A Coruña. 188o. Arquivo do Reino de Galicia.
Un home baixo, de traxe, barba e lentes, pousou a súa longa chisteira e o abrigo na mesa, onda varios expedientes. Os legaxos parecían moi antigos, nen sequera era papel senón pergamiño, e estaban escritos en galego moi antiguo, case latín. Manchas de humidade, graxa ou algún outro fluido corpóreo salugaban o texto. Tiñan que ter centos de anos. Levaban o selo dun león e da mitra compostelá. Logo llo ensinaría á súa dona, a ver que opinaba.
Dera con aqueles estraños documentos por casualidade. O seu colega, o historiador Salazar, pediralle ao arquivo unhas relacións dos enterramentos do ano 1646 porque tentaba localizar o rexistro parroquial da defunción de Mayor de Cámara Pita, máis coñecida como María Pita, a heroína xa esquecida que, 300 anos antes, defendera Curuña dun ataque pirata. Salazar estaba a escreber a súa biografía, porque no ano 1889 o Concello ía conmemorar o terceiro centenario da súa fazaña contra os corsarios ingleses comandados por Francisco Dradque, como se refiren a el as crónicas locais, ou Sir Francis Drake. Sen embargo, había moitas lagunas na súa biografía. E a máis importante era onde estaba a súa tumba. O biografo tiña unha pista: o convento dos dominicos, reconstruido na Cidade Alta.
Sin embargo, aquel legaxo que tiña nas mans non falaba de María Pita senón dunha donación de terras que logo ocupou o convento de Santo Domingo extramuros do burgo de Crunia, pouco despóis de ser refundada polo oitavo rei de Galicia e León, Alfonso IX. Por algunha razón, ese legaxo mexturouse entre unha morea de expedentes relativos á presencia desa orde monacal na Coruña.
O home moveu unha campanilla e entrou no cuarto un asistente, sempre disposto.
-Sí, señor director.
O arquiveiro xefe era un home amable pero sempre esixía á máxima dilixencia.
-Baltasar, traéme a lupa e manda recado á miña muller de que esta tarde quedarei no despacho. Teño que mirar uns papeis e hame levar tempo.
-Si, señor.
O empregado marchou e ao pechar a porta leu, como moitas outras veces, un cartel que dicía: "Arquiveiro xefe do Arquivo do Reino de Galicia, Manuel Antonio Murguía". O asistente preguntábase que tipo de tarefa podería ter tan ocupado ao historiador.
Cando o empregado volveu coa lupa, Murguía examinou detidamente a letra do documento e buscou quen o asinaba. Baixo a firma do rei Alfonso IX, albiscou outras dúas firmas distintas que non todas as letras eran lexibles: "U...R... C A " e "...LM...REZ". O arquiveiro xefe sorriu satisfeito. Acababa de atopar un documento moi valioso e mandou recado a Salazar para que viñese de contado.
As campás do convento franciscano deron as cinco da tarde. Murguía examinou cunha lupa o documento escrito en latín que examinaba tiña un selo dun león, detalle que o situaba antes de 1230, cando o reino de León e Galicia e o de Castela se uniron baixo a coroa de Fernando II o Santo . O legaxo contiña máis pistas. A palabra “dracus” ou dragón, proxima a “bellica populum”, que significaba xente guerreira, e a palabra “mare”, sen dúbida referida a “mar”. Unha última pista: “Septentrium”, que significaba Norte.
O arquiveiro do Reino de Galicia petou cos dedos na mesa e sorriu: o que tiña diante era un texto en latín que falaba dos guerreiros do mar, que desembarcaban nos “barcos dos dragóns” e que Murguía identificou cos temibles “drakars” viquingos para facer pillaxes. Alo menos, os ataques empezaron no século VIII e IX e seguiron ata o ano 1100. O documento parecía unha crónica dalgún escriba ás ordes do arcebispo de Compostela, Diego Xelmirez e señor de gran parte de Galicia. A proba estaba nas letras "..LM..EZ" asociadas a "U..R...CA", a raíña de León, dona Urraca. Ambolos dous eran contemporáneos e protagonizaran episodios épicos en Compostela.
Xelmirez era unha especie de monxe e guerreiro. O arcebispo edificou torres de vixiancia por toda a costa, como en Catoira, para protexer Compostela dos piratas normandos, dos viquingos ou das tropas do califa de Córdoba. O arquiveiro sabía, segundo lle contara o erudito coruñés Tettamanci, que o poderoso Xelmirez tamén fortificara como castelo as ruinas da torre da illa do Faro. Referíase á “columna” que 200 anos despois, o rei castelán Alfonso X o Sabio bautizou como Torre de Hércules, tras ter noticias das lendas que rexistrou un cronista musulmán.
Murguía ergueuse e osmou pola fiestra ao xardín de San Carlos, antes o polvorín, e albiscou o xeneral John Moore, o heroe da batalla de Elviña, librada contra o mariscal napoleónico Soult en 1809. A súa dona, Rosalía de Castro escribira recentemente uns poemas adicados ao infortunado militar británico, ferido de morte por unha bala de cañón. A vista de Murguía perdeuse cara a ría e o faro de Mera e imaxiou a auga repleta de drakkars.
jueves, 3 de febrero de 2011
(Cap. 1) Rosalía de Castro "Z" / Negra Sombra "Zombi" (capítulo 1)
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ROSALÍA DE CASTRO "Z" / NEGRA SOMBRA "Zombi"
Autor: E.V.Pita
ENGLISH: no avaliable
ESPAÑOL: no disponible
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1884. A locomotora do tren de A Coruña, Lugo, Ponferrada, e Madrid, da compañía francesa-hispana Asturias-Galicia-León, cruzou a modo unha longa ponte de ferro sobre o río Sil, case tan alto como o viaducto de Chanda, en Lugo. Unha sombra esvareceuse de contado nunha beira na que se pousaba a andamiaxe de arcos e cruces metálicos e de pedra. Nun compartimento do coche de primeira clase, unha viaxeira de rostro sereno, amplio vestido oscuro, crechas negras e faciana embracuxada sacou da súa bolsa de viaxe unha pequena pistola e pousouna na súa saia, onda un caderno de notas. A pasaxeira ollou cavilante para a fiestra e levou un lápis aos seus beizos. No fondo do abismo da ponte albiscou unha verde paisaxe e un gran río, o Sil, franquexado por canons de pedra. Unha bágoa esvarou polas meixelas da viaxeira mais secouna axiña cun pano. Os tempos non estaban para chorar. A escena foi observada por un pasaxeiro sentado ao seu fronte. Este limpaba impasible unha carabina Winchester de repetición dos primeiros modelos de 1854. O home introduxo dous cartuchos na recámara.
-Señora, con todo o respecto, ese xoguete só fai fume, non lle salvará a vida.
-Prefiriría non ter que empregalo nunca.
-Admiro a súa sensibilidade. Por desgraza, nestes tempos tan difíciles, ninguén está a salvo. Mais antes de seguir a falar, permítame que me presente. Son don Anselmo, fidalgo de Betanzos.
-Rosalía de Castro de Murguía. O meu home máis eu somos de Santiago, temos casa en Padrón, mais agora vivimos na Cruña cos nosos fillos. Eles xa escaparon hai uns días nun vapor. Nós aproveitamos que xa esté en servizo a línea de A Coruña e Madrid, despois de tantos retrasos e todo isto que está a pasar.
-Serán 20 horas de viaxe pero pagará a pena se conseguimos saír desta.
-Cre que haberá fusión entre a compañía Asturias-Galicia-León e a Compañía do Norte? Iso daría un pulo á construcción dos camiños de ferro.
-Francamente, agora mesmo iso é o que menos me importa. O viaxeiro apuntou os caños do seu rifle cara a fiestra. Apreixou lenemente o gatillo e fixo un "clic", como de quen disparaba.
-Bang...- rosmou don Anselmo e sorriu.
-Parece boa escopeta.
-Importada de segunda man de América, dos primeiros modelos do 54. É cousa do demo, dispara dúas veces daseguido e a moita distancia, a unha legua polo menos. Xa tiven oportunidade de probalo hai uns días e deita calquera cousa que se lle poña diante.
-As veces me pregunto que mal lle pode facer unha bala a cousas que non son deste mundo.
-Espiritu ou materia... o eterno dilema. Pois eu penso que, desgraciadamente, nos enfrontamos a cousas materiais, non as pantasmas da Santa Compaña das que falan os nosos contos e lendas. Estas ánimas en pena non se esvarecen no ar. Ao que nos enfrentamos é algo pior, ao que non estamos afeitos.
-Topouse con eles?- preguntou a viaxeira a modo. Non quería aparentar estar preocupada de máis, mais unha pinga de suor esvarou pola súa testa.
-Non tema, non estou infectado - e o viaxeiro amosoulle o seu colo limpo e a pel do brazo, sen bostelas nen feridas por mordidas.
- Vinnos de lonxe e xa abondou. Hai uns días, houben de defender o meu pazo con este rifle. Varios dos meus labregos foron infectados, unha desgraza. Perdín moitas rendas nunha semana. E os outros alugueiros fuxiron arrepiados das miñas terras. Quen vai querer sachar coa epidemia solta polo campo? Marchei á procura dun sitio máis seguro, ata que o mal desapareza.
-A xente marcha da nosa terra.
-Corren para Castela, moita máis segura.
-Mais penso que non é só pola praga.
-Señora, á xente sana e coa cabeza no seu sitio, nunca mellor dito, escapa a Castela porque alí non hai tanta enfermidade nin fame.
-Eu mesma vin ringleiras de labregos camiñando ata os campos casteláns. Alí só lles espera traballo duro por un cacho de pan valorado, mofado e negro.
-Mellor iso que sufrir a epidemia. Viu ao seu carón a algún infectado? Son o máis parecido ao diaño, nada deste mundo. Don Anselmo dirixiu o seu rifle cara o cristal da fiestra e disparou como de quen ao fondo do abismo, no río.
-Bang, bang....
A muller calou e o home ensinoulle uns cartuchos de gran calibre.
-Estas balas fan furados ben gordos. Sabe para quen hei reservar unha destas? E vostede, por qué marcha?
-As campás de Bastabales non paraban de repinicar durante dúas semanas seguidas. Tocaban a morto polo día e a alarma e perigo pola noite. Unha noite houbo silencio e sentín que morría de soidades.
O fidalgo carraspexou e calou.
De súpeto, a locomotora detivose no medio da ponte e don Anselmo botou unha ollada pola fiestra. Todo parecía normal alí embaixo e ó longo do convoi. Non se decatou dunhas sombras que se movían torpemente entre os pilares e a plataforma do camiño de ferro.
-Debe ser que o maquinista parou para facer algún amaño. Nese intre, entrou no compartimento un home de idade madura, de lentes, barba blanca e chisteira negra alta.
-Algunha novidade, Rosalía? A muller negou coa cabeza.
-Estaba a falar con este amable señor, querido.
-Manuel Murguía, encantado- estendeu a man o home da chisteira.
- Son o arquiveiro municipal de A Coruña e do Reino de Galicia.
-Anselmo, fidalgo de Betanzos. Teño unha pregunta. As veces me pregunto se esta praga é a primeira e xa houbo outros casos.
-Boa pregunta, porque se os houbo antes, temos algunha esperanza.
-Se é arquiveiro, atoparía algunha referencia histórica á praga.
-É pouco doado dar con elas porque aparecen agochadas como lendas populares ou cousas do demo ou da bruxería. Pero o erudito Salazar, que está a escreber a biografía da heroína María Pita, atopou varios diarios escritos por mariñeiros e oficiais durante un ataque pirata á cidade de Curuña en 1589.
-Por qué son importantes eses diarios? Qué relación teñen? Salazar sospeita que María Pita derrotou a unha flota ingresa que estaba infectada e que desembarcou en Curuña, como os cartógrafos chamaban entón a vila. As testemuñas describen aos asaltantes como "cans do mar", "xente rabiosa que botaba escuma pola boca", "sedentos de sangue", "facianas deformes".
-É coma calquera describiría a un inimigo, non si?
-Si, pero un artilleiro descríbeos como "guerreiros tan bravos que non descansan en paz".
-Iso non é ningunha proba concluinte.
-Mais engade: "Atravesamos cunha bóla de cañón a o soldado que portaba a bandeira inglesa e este ergueuse do chan e sigueu a atacar co burato no corpo. Entón, María Pita, que perdera ao seu home na batalla, feriuno de morte -é un xeito de falar- e quitoulle a bandeira".
-Se cadra, é un feito aislado. Se realmente, un exército de infectados atacou Curuña porque non se soubo máis do asunto.
-Os labregos e campesiños deron moitas testemuñas do que estaba a ocurrir mais a súa palabra tiña pouca credibilidade nos tribunais ou ante a Santa Inquisición. Ninguén quería admitir que loitara contra seres doutro mundo porque podería rematar na fogueira. Cando chegue a Madrid, vou pedir documentos segredos do Santo Oficio, á procura de máis probas.
-Querido, cóntalle a historia do xeneral John Moore, do que escribín hai pouco un poema, cando visitei o seu cadaleito no xardín de San Carlos.
-É moi longo. Tivemos que desenterrar, con permiso do embaixador de Inglaterra, o cadáver de varios soldados das tropas británicas dos Green Jackets que loitaron na batalla de Elviña, durante a guerra de Independencia española, e foron enterrados como herois pola súa bravura no combate. Cando recuperamos os seus corpos, descubrimos que os seus ósos presentaban arrepiantes feridas e cortes da loita aos que ninguén podería sobrevivir. E, nembargantes, eles seguiron loitando ferozmente pese a estar, técnicamente,... mortos. Aquelas pantasmas sedentas de sangue sembraron o pánico entre as filas dos húsares franceses de Soult. Todos eles foron condecorados postumamente coas máis altas distincións. Grazas a eses infectados, as tropas británicas lograron embarcar a tempo no porto da Coruña e fuxir. Todos calaron ante o arrepiante relato.
-E que pasou co xeneral Moore.
-A versión oficial admite que unha bala de canón destrozou o seu peito. Ninguén pode sobrevivir a esas feridas pero, un oficial, conta que o xeneral foi evacuado por cuatro gaiteiros escoceses e que morreu pola noite nunha casa de Coruña.
-Que cree que foi o que pasou realmente?
-Pois que, se cadra, Moore tamén estaba infectado e que os seus homes sacarono do campo de batalla discretamente para rematalo sen desmoralizar ás tropas.
-Ten probas diso.
-Non obtivemos permiso para abrir o seu cadaleito. O seu mausoleo está rodeado dun valado con picas de ferro e a grosa losa é de pedra. Necesitarianse oito homes para levantala. Eu me preguno: Por que un xeneral de tan alto rango, da aristocracia, non foi enterrado con todos os honores en Inglaterra? Dez anos antes, meteron a Nelson nunha barrica de licor para levalo de Trafalgar a Londres e conmemorar a súa victoria. Durante anos, a prensa inglesa atacou a Moore, dixo que era un covarde que fuxiu de Napoléon sen prantarlle cara. O que non din é que non fuxían dos dragóns de Soult senon dun exército infectado que destrozaba todo o seu paso. Os labregos dos Ancares falan de soldados ingleses descontrolados que se adicaban á pillaxe ou de franceses especialmente feroces, crueis e inhumanos. Moore tentaba atraer a Soult cara o mar para aillar a epidemia, onde non poidera facer máis mal.
-Sempre pensamos que as atrocidades que pintou Francisco de Goya eran propaganda. Rosalía examinou as súas follas en branco e ollou para a fiestra.
-Non son capaz de escribir. Todo isto me bloquea e supera. Cando rematará este pesadelo?
-É normal que esteas paralisada. Pensa no afortunados que fumos ao atopar un billete de tren para Madrid. A praga avanza por terra máis esta liña de tren permitiranos ganar unhas valiosas semanas.
-Penso nos labregos humildes que venden todo o que teñen e se agolpan nos peiraos da Coruña e de Vigo para atopar un sitio nos barcos que marchan cara América. Outros coitados escapan a pé ata Castela. Hai unha negra sombra que está invadindo a nosa terra, unha mancha que se estende por cada vila ou parroquia.
-Nin sequera sabemos se estaremos seguros en Madrid. Esas bandas de infectados avanzan, dan volta, andan por aquí e por acolá. Se te atopas coa Santa Compaña sabes que nunca debes deterte nos cruceiros pero estes outros mortos vivintes só cabe unha cousa: disparar e fuxir. O maquinista do tren deu varios pitidos.
-Seica imos arrancar. Agora hai que estar vixiantes. Disparade a calqueira cousa que vexades que se move. De súpeto, escoitaronse os primeiros tiros e unhas sombras avanzaron cara o convoi. Murguía sacou dous pistolóns dun maletín e don Anselmo esnaquizou o cristal da ventanilla.
-Esperemos que o maquinista arranque axiña. Rosalía berrou cando viu a uns homes encorvados que escalaban os piares da ponte e alcanzaban as vías. Unha vez arriba, viña directos cara o convoi.
-Disparade agora. Xa veñen. Os tres abriron fogo e abatiron a algúns daqueles cadávares andantes, que despois de caer volvíanse a erguer. Niso, no corredor do vagón apareceu un revisor ensanguentado cos ollos en branco.
-Xa está morto, disparade! Don Anselmo apuntou e deu de cheo ao revisor que caeu o chan.
-Temos que axudar ao maquinista a arrincar. Os tres cambiaron de vagón, xunto a moitos pasaxeiros arrepiados. Niso, Rosalía, veu como un arrepiante home penduraba pola fiestra e rachaba o cristal.
-Dispara, agora. Rosalía apuntoulle co súa pequena pistola pero non puido apretar o gatillo. Sentiu que lle ardía a pel e logo todo o seu arredor tinxíase de vermello. O seu home, Murguía, acababa de disparar o seu otro pistolón contra o morto vivinte, que caeu desplomado. Os tres seguiron a correr cara o seguinte vagón. Rosalía sentiu que lle ardía o hombreiro pero continou a súa marcha. Os maquinistas e varios pasaxeiros loitaban con palas e ferros contra uns zombis que querían encaramarse na locomotora. Don Anselmo bateu a dous co seu rifle. O tren arrancou e lograron deixar atrás a aquela banda de zombies e a varios pasaxeiros infectados polos que xa nada se podía facer. Xa recuperados do susto, taparon a ventanilla cunha cortina. Rosalía sentou e tomou o seu caderno, e escribiu:
-Adeus ríos, adeus fontes, adeus regatos pequenos, xa non sei cando nos veremos. O tren continou a súa marcha a gran velocidade. Rosalía gardou o seu pequeno revólver no seu bolso. Murguía decatouse de que o vestido de Rosalía tiña unha rascadura á altura do hombro e unha pequena ferida.
-Como te fixeche ese corte, querida? Rosalía sorriu mais os seus ollos brilaron estranamente.
-Algunha rabuñadura na sala de máquinas, querido. Non é nada.
Sabía que tardaría moito tempo en volver a súa terra. A praga.
ROSALÍA DE CASTRO "Z" / NEGRA SOMBRA "Zombi"
Autor: E.V.Pita
ENGLISH: no avaliable
ESPAÑOL: no disponible
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1884. A locomotora do tren de A Coruña, Lugo, Ponferrada, e Madrid, da compañía francesa-hispana Asturias-Galicia-León, cruzou a modo unha longa ponte de ferro sobre o río Sil, case tan alto como o viaducto de Chanda, en Lugo. Unha sombra esvareceuse de contado nunha beira na que se pousaba a andamiaxe de arcos e cruces metálicos e de pedra. Nun compartimento do coche de primeira clase, unha viaxeira de rostro sereno, amplio vestido oscuro, crechas negras e faciana embracuxada sacou da súa bolsa de viaxe unha pequena pistola e pousouna na súa saia, onda un caderno de notas. A pasaxeira ollou cavilante para a fiestra e levou un lápis aos seus beizos. No fondo do abismo da ponte albiscou unha verde paisaxe e un gran río, o Sil, franquexado por canons de pedra. Unha bágoa esvarou polas meixelas da viaxeira mais secouna axiña cun pano. Os tempos non estaban para chorar. A escena foi observada por un pasaxeiro sentado ao seu fronte. Este limpaba impasible unha carabina Winchester de repetición dos primeiros modelos de 1854. O home introduxo dous cartuchos na recámara.
-Señora, con todo o respecto, ese xoguete só fai fume, non lle salvará a vida.
-Prefiriría non ter que empregalo nunca.
-Admiro a súa sensibilidade. Por desgraza, nestes tempos tan difíciles, ninguén está a salvo. Mais antes de seguir a falar, permítame que me presente. Son don Anselmo, fidalgo de Betanzos.
-Rosalía de Castro de Murguía. O meu home máis eu somos de Santiago, temos casa en Padrón, mais agora vivimos na Cruña cos nosos fillos. Eles xa escaparon hai uns días nun vapor. Nós aproveitamos que xa esté en servizo a línea de A Coruña e Madrid, despois de tantos retrasos e todo isto que está a pasar.
-Serán 20 horas de viaxe pero pagará a pena se conseguimos saír desta.
-Cre que haberá fusión entre a compañía Asturias-Galicia-León e a Compañía do Norte? Iso daría un pulo á construcción dos camiños de ferro.
-Francamente, agora mesmo iso é o que menos me importa. O viaxeiro apuntou os caños do seu rifle cara a fiestra. Apreixou lenemente o gatillo e fixo un "clic", como de quen disparaba.
-Bang...- rosmou don Anselmo e sorriu.
-Parece boa escopeta.
-Importada de segunda man de América, dos primeiros modelos do 54. É cousa do demo, dispara dúas veces daseguido e a moita distancia, a unha legua polo menos. Xa tiven oportunidade de probalo hai uns días e deita calquera cousa que se lle poña diante.
-As veces me pregunto que mal lle pode facer unha bala a cousas que non son deste mundo.
-Espiritu ou materia... o eterno dilema. Pois eu penso que, desgraciadamente, nos enfrontamos a cousas materiais, non as pantasmas da Santa Compaña das que falan os nosos contos e lendas. Estas ánimas en pena non se esvarecen no ar. Ao que nos enfrentamos é algo pior, ao que non estamos afeitos.
-Topouse con eles?- preguntou a viaxeira a modo. Non quería aparentar estar preocupada de máis, mais unha pinga de suor esvarou pola súa testa.
-Non tema, non estou infectado - e o viaxeiro amosoulle o seu colo limpo e a pel do brazo, sen bostelas nen feridas por mordidas.
- Vinnos de lonxe e xa abondou. Hai uns días, houben de defender o meu pazo con este rifle. Varios dos meus labregos foron infectados, unha desgraza. Perdín moitas rendas nunha semana. E os outros alugueiros fuxiron arrepiados das miñas terras. Quen vai querer sachar coa epidemia solta polo campo? Marchei á procura dun sitio máis seguro, ata que o mal desapareza.
-A xente marcha da nosa terra.
-Corren para Castela, moita máis segura.
-Mais penso que non é só pola praga.
-Señora, á xente sana e coa cabeza no seu sitio, nunca mellor dito, escapa a Castela porque alí non hai tanta enfermidade nin fame.
-Eu mesma vin ringleiras de labregos camiñando ata os campos casteláns. Alí só lles espera traballo duro por un cacho de pan valorado, mofado e negro.
-Mellor iso que sufrir a epidemia. Viu ao seu carón a algún infectado? Son o máis parecido ao diaño, nada deste mundo. Don Anselmo dirixiu o seu rifle cara o cristal da fiestra e disparou como de quen ao fondo do abismo, no río.
-Bang, bang....
A muller calou e o home ensinoulle uns cartuchos de gran calibre.
-Estas balas fan furados ben gordos. Sabe para quen hei reservar unha destas? E vostede, por qué marcha?
-As campás de Bastabales non paraban de repinicar durante dúas semanas seguidas. Tocaban a morto polo día e a alarma e perigo pola noite. Unha noite houbo silencio e sentín que morría de soidades.
O fidalgo carraspexou e calou.
De súpeto, a locomotora detivose no medio da ponte e don Anselmo botou unha ollada pola fiestra. Todo parecía normal alí embaixo e ó longo do convoi. Non se decatou dunhas sombras que se movían torpemente entre os pilares e a plataforma do camiño de ferro.
-Debe ser que o maquinista parou para facer algún amaño. Nese intre, entrou no compartimento un home de idade madura, de lentes, barba blanca e chisteira negra alta.
-Algunha novidade, Rosalía? A muller negou coa cabeza.
-Estaba a falar con este amable señor, querido.
-Manuel Murguía, encantado- estendeu a man o home da chisteira.
- Son o arquiveiro municipal de A Coruña e do Reino de Galicia.
-Anselmo, fidalgo de Betanzos. Teño unha pregunta. As veces me pregunto se esta praga é a primeira e xa houbo outros casos.
-Boa pregunta, porque se os houbo antes, temos algunha esperanza.
-Se é arquiveiro, atoparía algunha referencia histórica á praga.
-É pouco doado dar con elas porque aparecen agochadas como lendas populares ou cousas do demo ou da bruxería. Pero o erudito Salazar, que está a escreber a biografía da heroína María Pita, atopou varios diarios escritos por mariñeiros e oficiais durante un ataque pirata á cidade de Curuña en 1589.
-Por qué son importantes eses diarios? Qué relación teñen? Salazar sospeita que María Pita derrotou a unha flota ingresa que estaba infectada e que desembarcou en Curuña, como os cartógrafos chamaban entón a vila. As testemuñas describen aos asaltantes como "cans do mar", "xente rabiosa que botaba escuma pola boca", "sedentos de sangue", "facianas deformes".
-É coma calquera describiría a un inimigo, non si?
-Si, pero un artilleiro descríbeos como "guerreiros tan bravos que non descansan en paz".
-Iso non é ningunha proba concluinte.
-Mais engade: "Atravesamos cunha bóla de cañón a o soldado que portaba a bandeira inglesa e este ergueuse do chan e sigueu a atacar co burato no corpo. Entón, María Pita, que perdera ao seu home na batalla, feriuno de morte -é un xeito de falar- e quitoulle a bandeira".
-Se cadra, é un feito aislado. Se realmente, un exército de infectados atacou Curuña porque non se soubo máis do asunto.
-Os labregos e campesiños deron moitas testemuñas do que estaba a ocurrir mais a súa palabra tiña pouca credibilidade nos tribunais ou ante a Santa Inquisición. Ninguén quería admitir que loitara contra seres doutro mundo porque podería rematar na fogueira. Cando chegue a Madrid, vou pedir documentos segredos do Santo Oficio, á procura de máis probas.
-Querido, cóntalle a historia do xeneral John Moore, do que escribín hai pouco un poema, cando visitei o seu cadaleito no xardín de San Carlos.
-É moi longo. Tivemos que desenterrar, con permiso do embaixador de Inglaterra, o cadáver de varios soldados das tropas británicas dos Green Jackets que loitaron na batalla de Elviña, durante a guerra de Independencia española, e foron enterrados como herois pola súa bravura no combate. Cando recuperamos os seus corpos, descubrimos que os seus ósos presentaban arrepiantes feridas e cortes da loita aos que ninguén podería sobrevivir. E, nembargantes, eles seguiron loitando ferozmente pese a estar, técnicamente,... mortos. Aquelas pantasmas sedentas de sangue sembraron o pánico entre as filas dos húsares franceses de Soult. Todos eles foron condecorados postumamente coas máis altas distincións. Grazas a eses infectados, as tropas británicas lograron embarcar a tempo no porto da Coruña e fuxir. Todos calaron ante o arrepiante relato.
-E que pasou co xeneral Moore.
-A versión oficial admite que unha bala de canón destrozou o seu peito. Ninguén pode sobrevivir a esas feridas pero, un oficial, conta que o xeneral foi evacuado por cuatro gaiteiros escoceses e que morreu pola noite nunha casa de Coruña.
-Que cree que foi o que pasou realmente?
-Pois que, se cadra, Moore tamén estaba infectado e que os seus homes sacarono do campo de batalla discretamente para rematalo sen desmoralizar ás tropas.
-Ten probas diso.
-Non obtivemos permiso para abrir o seu cadaleito. O seu mausoleo está rodeado dun valado con picas de ferro e a grosa losa é de pedra. Necesitarianse oito homes para levantala. Eu me preguno: Por que un xeneral de tan alto rango, da aristocracia, non foi enterrado con todos os honores en Inglaterra? Dez anos antes, meteron a Nelson nunha barrica de licor para levalo de Trafalgar a Londres e conmemorar a súa victoria. Durante anos, a prensa inglesa atacou a Moore, dixo que era un covarde que fuxiu de Napoléon sen prantarlle cara. O que non din é que non fuxían dos dragóns de Soult senon dun exército infectado que destrozaba todo o seu paso. Os labregos dos Ancares falan de soldados ingleses descontrolados que se adicaban á pillaxe ou de franceses especialmente feroces, crueis e inhumanos. Moore tentaba atraer a Soult cara o mar para aillar a epidemia, onde non poidera facer máis mal.
-Sempre pensamos que as atrocidades que pintou Francisco de Goya eran propaganda. Rosalía examinou as súas follas en branco e ollou para a fiestra.
-Non son capaz de escribir. Todo isto me bloquea e supera. Cando rematará este pesadelo?
-É normal que esteas paralisada. Pensa no afortunados que fumos ao atopar un billete de tren para Madrid. A praga avanza por terra máis esta liña de tren permitiranos ganar unhas valiosas semanas.
-Penso nos labregos humildes que venden todo o que teñen e se agolpan nos peiraos da Coruña e de Vigo para atopar un sitio nos barcos que marchan cara América. Outros coitados escapan a pé ata Castela. Hai unha negra sombra que está invadindo a nosa terra, unha mancha que se estende por cada vila ou parroquia.
-Nin sequera sabemos se estaremos seguros en Madrid. Esas bandas de infectados avanzan, dan volta, andan por aquí e por acolá. Se te atopas coa Santa Compaña sabes que nunca debes deterte nos cruceiros pero estes outros mortos vivintes só cabe unha cousa: disparar e fuxir. O maquinista do tren deu varios pitidos.
-Seica imos arrancar. Agora hai que estar vixiantes. Disparade a calqueira cousa que vexades que se move. De súpeto, escoitaronse os primeiros tiros e unhas sombras avanzaron cara o convoi. Murguía sacou dous pistolóns dun maletín e don Anselmo esnaquizou o cristal da ventanilla.
-Esperemos que o maquinista arranque axiña. Rosalía berrou cando viu a uns homes encorvados que escalaban os piares da ponte e alcanzaban as vías. Unha vez arriba, viña directos cara o convoi.
-Disparade agora. Xa veñen. Os tres abriron fogo e abatiron a algúns daqueles cadávares andantes, que despois de caer volvíanse a erguer. Niso, no corredor do vagón apareceu un revisor ensanguentado cos ollos en branco.
-Xa está morto, disparade! Don Anselmo apuntou e deu de cheo ao revisor que caeu o chan.
-Temos que axudar ao maquinista a arrincar. Os tres cambiaron de vagón, xunto a moitos pasaxeiros arrepiados. Niso, Rosalía, veu como un arrepiante home penduraba pola fiestra e rachaba o cristal.
-Dispara, agora. Rosalía apuntoulle co súa pequena pistola pero non puido apretar o gatillo. Sentiu que lle ardía a pel e logo todo o seu arredor tinxíase de vermello. O seu home, Murguía, acababa de disparar o seu otro pistolón contra o morto vivinte, que caeu desplomado. Os tres seguiron a correr cara o seguinte vagón. Rosalía sentiu que lle ardía o hombreiro pero continou a súa marcha. Os maquinistas e varios pasaxeiros loitaban con palas e ferros contra uns zombis que querían encaramarse na locomotora. Don Anselmo bateu a dous co seu rifle. O tren arrancou e lograron deixar atrás a aquela banda de zombies e a varios pasaxeiros infectados polos que xa nada se podía facer. Xa recuperados do susto, taparon a ventanilla cunha cortina. Rosalía sentou e tomou o seu caderno, e escribiu:
-Adeus ríos, adeus fontes, adeus regatos pequenos, xa non sei cando nos veremos. O tren continou a súa marcha a gran velocidade. Rosalía gardou o seu pequeno revólver no seu bolso. Murguía decatouse de que o vestido de Rosalía tiña unha rascadura á altura do hombro e unha pequena ferida.
-Como te fixeche ese corte, querida? Rosalía sorriu mais os seus ollos brilaron estranamente.
-Algunha rabuñadura na sala de máquinas, querido. Non é nada.
Sabía que tardaría moito tempo en volver a súa terra. A praga.
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